La jaula

La jaula
por la emancipación de los pueblos

dimanche 10 mai 2020

Oscar Chávez, el juglar revolucionario que murió en el olvido.


Oscar Chávez pionero de la nueva trova latinoamericana murió el día 30 de abril en la ciudad de México a los 85 años de edad.  Sí en este momento se le preguntara a cualquier joven mexicano quién era Oscar Chávez seguro que responderían que un boxeador, un luchador o un futbolista. Es difícil que alguien de las nuevas generaciones cabalmente lo identifique.  

Es triste reconocerlo, pero la sociedad mexicana lo condenó al olvido. Menos mal que un reducido grupo de intelectuales o nostálgicos izquierdistas de la vieja guardia mantienen viva su memoria. Sus letras contestatarias, de protesta o de parodia política apenas si se escuchan por las emisoras de radio o los canales de televisión regidos por las multinacionales de la industria musical.  No lo programan porque se le considera una figura arcaica y obsoleta perteneciente a una época incompatible con la era super tecnológica digital. Y es que los ideales revolucionarios socialistas o comunistas que tanto pregonaban sus canciones están caducos y desfasados. Ahora se imponen los ritmos fáciles, al son que toca el amo repitiendo estribillos idiotizantes, letras sin sentido para que el pueblo no reflexione sobre asuntos trascendentales de la existencia: el desempleo, la explotación laboral, la violencia, los desaparecidos, el desplazamiento forzado o los feminicidios.  

En México apenas quedan algunos reducidos focos de resistencia como es el caso de los Zapatistas, las organizaciones populares campesinas, obreras o sindicalistas, comunidades indígenas, colectivos de estudiantes que a duras penas pueden hacer oír su voz a nivel nacional o internacional. Ellos hacen parte de los 60 millones de parias condenados a la más espantosa marginalidad.

Oscar Chávez pertenecía a la tribu de los perpetuos luchadores convencido de que el canto nuevo alumbraría la revolución victoriosa.  ¿Como cambiar la historia y fundar un país más justo y solidario?  y él cómo buen soñador se empeñaba en despertar las conciencias y pregonar el espíritu contestario.  

México tras padecer los catastróficos sexenios prianistas su última esperanza es el gobierno de la Cuarta Transformación de Morena, aparentemente un baluarte del socialismo del siglo XXI. Su método para redimir el pueblo empobrecido es nada menos y nada más que aplicar una política asistencialista. Es decir, la caridad antes que la justicia social. Para llevar a feliz término sus planes el presidente AMLO se ha aliado a empresarios multimillonarios como Carlos Slim o Salinas Pliego. Además, se jacta de ser el mejor amigo de Donald Trump, a pesar de los insultos que profiere contra los migrantes mexicanos a lo que califica de “delincuentes”, “violadores” y “narcos”. Pero no importa porque la prioridad es que los índices de crecimiento económico se mantengan en alza.  La Guardia Nacional mexicana, creada para combatir los carteles y la delincuencia, por orden de la Casa Blanca han asumido la misión de impedir que los clandestinos centroamericanos invadan “la sagrada tierra prometida” Ante tamaña humillación nadie protesta, ya no hay juglares, ni cantores o poetas que le planten cara al poder establecido. El TLC, T-MEC, TLCAN no solo es un acuerdo comercial, sino también un tratado injerencista que pretende aniquilar la cultura popular mexicana. El imperialismo cultural cuenta con una poderosísima maquinaria propagandística para cumplir al pie de la letra sus maquiavélicos planes. Es tal la dependencia económica de México con respecto a EEUU que ha renunciado a su soberanía para asumir un espurio estatus colonial.

El cantautor Oscar Chávez de carácter solitario e introvertido, prefería no tener mucha gente su alrededor, eligió alejarse al mundanal ruido para dedicarse a sus composiciones y al quehacer poético. Como buen anarquista se negó a integrarse en ese mundo vacuo y superficial que prevalece en la sociedad contemporánea.

Oscar Chávez fue uno de los pioneros de la nueva trova allá por la década de los sesentas.  A raíz del triunfo de la revolución cubana el trovador se dedicó a cantarle a esos guerrilleros mitológicos que entregaron la vida por su pueblo: héroes mitológicos como el Che Guevara, Manuel Rodríguez de Chile, o de Sandino en Nicaragua, el guerrillero guerrerense Lucio Cabañas asesinado por el ejército mexicano en 1975.  Y cuando en el año 1968 se produjo la matanza de Tlatelolco valientemente denunció el genocidio cometido por las fuerzas armadas mexicanas con su “Corrido 2 de octubre” - “el dos de octubre llegamos todos pacíficamente a un mitin en Tlatelolco quince mil en contingente… zumban las balas mortales, rápido el pánico crece…12 años tiene un chiquillo que muerto cae a mi lado, y el vientre de una preñada como lo han balloneteado”

Del mismísimo seno El PRI, la mafia revolucionaria institucional, surgieron escisiones aparentemente progresistas como el PRD o Morena que sin ningún escrúpulo forjaron alianzas con la ultraderecha del PAN o el conservador Movimiento Ciudadano.  Es algo difícil de explicar cómo los políticos de la izquierda pasan a la derecha; y los políticos de la derecha pasan a la izquierda.  Un brote de esquizofrenia de la inmunda corrupción pública y privada donde los pobres son los clientes y los votantes.

Oscar Chávez se distinguió como una de las figuras más preponderantes de la música popular mexicana y también de la nueva canción latinoamericana. Y por lo tanto hace parte de esa gloriosa zaga de cantautores como Joan Báez, George Brassens, Paco Ibáñez, Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Ali Primera, Joan Manuel Serrat, Facundo Cabral, Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.  Por su congruencia personal se le considera el ultimo cantante político de México. En los años sesentas y setentas se encargó de dar a conocer entre público mexicano el acervo de la música popular centroamericana y suramericana. Porque desde siempre ha existido entre nuestros pueblos hermanos un fatal sino de incomunicación y desconocimiento mutuo. Pero todo cambió a partir del trágico periodo de las dictaduras del cono sur.  

Oscar Chávez se comprometió con la lucha izquierda y el utópico ideal de la unidad latinoamericana. Padre y hermano de la nueva trova cubana como lo demuestra su composición “Por Ti” que ha servido de himno a varias generaciones: “por ti yo deje de pensar en el mar, por ti deje de fijarme en el cielo, por ti me ha dado por llorar como el mar, me he puesto a sollozar como el cielo, me ha dado por llorar” una composición que se emparenta con Yolanda de Pablo Milanés o el Unicornio de Silvio Rodríguez.
Siempre estuvo vetado por al gobierno opresor de turno, pero jamás se amilanó ante las adversidades. En su tema “se vende mi país” expresa: “se vende mi país por todos lados. La tripa, el corazón y sus costales. Se vende mi país a cuatro vientos, su sangre, su labor, su sentimiento. Se vende mi país con todo y gente…”  

Pero ahora los narco-corridos se han convertido en la música de protesta donde los héroes son los grandes capos que se enriquecen de la noche a la mañana. El ejemplo a seguir por la juventud sin futuro. Los sectores populares además son adictos a la música norteña, las rancheras y el reguetón. Mientras que por el contrario la burguesía o la alta sociedad prefiere el jazz, el rock, o la música clásica.

A principios de la emergencia sanitaria irresponsablemente la alcaldesa de ciudad de México Claudia Sheinbaum, por meros intereses económicos, autorizó el 14 y 15 de marzo el festival “Vive Latino” al que asistieron miles y miles de personas que sin saberlo activaron la bomba biológica del coronavirus. En resumen, las malas políticas sanitarias y de prevención epidemiológica se llevó por delante a Oscar Chávez que padecía problemas respiratorios ya que era un fumador crónico.
El indolente pueblo mexicano no supo comprender el genio libertario de Oscar Chávez porque hoy la gente está más preocupada por cuándo van abrir el parque Disney en los EEUU o si saldrá en otoño el último Smartphone. Y menos lo recordaran las élites esnobistas mexicanas que poseen un pasaporte USA, tienen propiedades en Los Ángeles o en Dallas, apartamentos en New York, y negocios en Londres, Paris, o Madrid.

Oscar Chávez dejó como postrer despedida este sentido poema: “no he muerto, solo me fui antes y no quiero que me recuerden con lágrimas, como aquel que no tiene esperanzas no he muerto, aunque mi cuerpo no esté, mi presencia se hará sentir seré el silencio de nuestro hogar que tanto compartimos, seré la brisa que escucharán durante mis melodías en sus rostros, seré un recuerdo dulce que asista a su memoria, seré una página bonita de su historia, perdón a todos, tome únicamente uno de los trenes anteriores y se me olvidó decirles, no he muerto, solo me fui antes”

Carlos de Urabá 2020

samedi 18 avril 2020

¿Realidad virtual o realidad mortal? El shock del conoravirus en España.




¡No salgan a la calle! ¡Manténganse en hibernación! España le ha declarado la guerra al coronavirus, y la orden es atrincherarse en los hogares para intentar capear el temporal. En este reality show o casa del gran hermano concursan 47 millones de españoles cuyo premio mayor es salvar el mayor número de vidas humanas.

Vamos a tener que transformarnos por un “tiempo prudencial” en monjes trapenses, monjas de clausura y ermitaños. Millones de ciudadanos están recluidos en celdas de no más de 40 metros cuadrados donde incluso cohabitan familias numerosas que sufren continuos ataques de ansiedad y claustrofobia.  Los niños y adolescentes se suben por encima de las paredes, los abuelos aislados en el trastero y los perros de paseo en el parque. Estamos con los nervios de punta y no queda otra alternativa que embucharse de barbitúricos, tranquilizantes, ansiolíticos y antidepresivos.  Las compras de pánico han dejado los supermercados sin papel higiénico, toallas sanitarias, lejía, cloro, alcohol, gel antibacterial, pastas y latas de atún.

Los españoles están acostumbrados a una intensa vida social, el salir a los bares, las tascas, el poteo, el chiquiteo, el garbeo, las tapas de jamón o el pincho de tortilla.  Como es habitual la juerga suele prolongarse hasta altas horas de la madrugada. Pero ahora la santa inquisición impide que se junten más de cinco personas en locales cerrados, la gente ya no podrá ni tocarse, ni arrimarse, ni acariciarse. Son las nuevas leyes del distanciamiento social. Es increíble que haya comenzado la primavera, la época más radiante y vital del calendario y en vez de estar hablando de ferias y fiestas nuestras conversaciones giren en torno a los hospitales, los test rápidos y las mascarillas.  Que nostalgia de esos bares de antaño donde los parroquianos fumaba como condenados tirando las colillas o escupiendo las cascaras de pipas o los huesos de las aceitunas por el suelo. Ahora los fumadores recibirán el golpe de gracia definitivo porque el humo que expulsan por sus “sucias bocas” es más letal que el gas sarín. ¡Cunde pánico! ¿Alguien se atreverá a ir a una piscina y nadar en esa sopa de virus y bacterias en la que chapotea una manada de presuntos apestados? Se acabaron los grandes clásicos del fútbol como el Barcelona-Real Madrid o los partidos de la champions league pues las concentraciones multitudinarias pueden provocar el estallido de una bomba biológica.

La recuperación económica pasa por reflotar la industria turística que representa el 14% del PIB nacional. Este es un país estructurado al ciento por ciento a partir del sector servicios. ¿volverán los turistas a España? Es difícil que alguien venga a uno de los epicentros de la pandemia mundial.   Cómo borrar las duras imágenes que transmiten los medios de comunicación donde los protagonistas son médicos, enfermos y sepultureros. Es imprescindible contrarrestar la propaganda negativa y devolverles la confianza a los visitantes extranjeros ¡Welcome to Spain! Los aduaneros enfundados en trajes EPI y escafandras reglamentarias “gentilmente” interrogaran a los presuntos delincuentes (pasajeros) ¿de dónde viene? Tómenle la temperatura, háganle test rápido para descartar que no es un falso positivo.  Sin dilaciones los interrogan: ¿se ha lavado las manos, los pies, los dientes? No olviden que hay que reducir al máximo el contacto social.

¿Será posible desplazarse en avión, tren, taxi o autobuses- (vectores de contagio)?  Ni locos vamos a compartir espacios cerrados con un montón de sujetos que vomitan micropartículas de aerosol que se expande con el aire acondicionado. ¿alguien se atreverá a usar un baño público, un teléfono público, un cajero automático o entrar a un cibercafé donde el teclado y las pantallas pueden estar contaminados? ¿Ir al restaurante sin saber si el cocinero o el camarero son asintomáticos o sintomáticos?

España, el reino lúdico por excelencia, perderá por completo su identidad. Tendremos que acostumbrarnos a ver por las calles unos seres espectrales cubiertos de mascarillas, guantes de látex y guardado celosamente la “sana distancia” como lo exige la OMS. Se han de cumplir al pie de la letra todas las normas establecidas por los expertos epidemiológicos en los espacios públicos para intentar disminuir los contagios. Prohibido saludarse, estrecharse las manos, besarse, abrazarse, acciones que serán castigadas severamente con cuantiosas multas. Y como en las dictaduras una reunión de más de tres personas será vista como un acto delictivo.

Ahora las relaciones sociales serán más restrictivas y exclusivas. El individuo en cuestión que quiera cruzar determinada línea roja tendrá que presentar el pasaporte serológico, ético y moral impecable. Se pedirá hasta del ADN mitocondrial ¿cuál es la carga viral del sujeto?  ¡toma la temperatura! Controlen al ciudadano-paciente, lávense las manos con gel antibacterial ¡cuidado con los asintomáticos! Reservado el derecho de admisión. Estas medidas represivas desatarán aún más la histeria colectiva y delirios de persecución señalando a cualquiera que tosa o estornude como un posible foco de infección. ¡este hereje y blasfemo debe sufrir el repudio público!  ¡deténganlo! que venga la policía antivírica y le cuelgue el sambenito de apestado. La mejor estrategia es el control absoluto de la población para comprobar quiénes están contagiados mediante la geolocalización conectada a una aplicación en los teléfonos móviles. Tendremos que adaptarnos al manual de urbanidad de los japoneses y coreanos saludando con ligeras inclinaciones de cabeza y ceremoniosas genuflexiones (manteniendo dos metros de distancia interpersonal) Cambiaremos de personalidad para volvernos más conservadores y desconfiados.

Nos hallamos inmersos en una guerra antiviral de dimensiones estratosféricas. En primera línea de fuego y armados hasta los dientes las brigadas de limpieza con las mascarillas FFP2 y trajes NBQ se encargan de desinfectar a fondo las calles, avenidas, edificios, supermercados, grandes superficies, centros administrativos, hospitales, asilos, estaciones de autobuses, el metro, aeropuertos, parques o escuelas. El ritmo es tan frenético que diariamente se agotan los arsenales de Bactoclean, Ox-Virin, Lactic dosis altas de Germosan, Ambidox 25, Ecomix, Oxivir Plus.

No hay que bajar la guardia: fumiguen las habitaciones de arriba abajo con hipoclorito sódico, pasen la fregona hasta el rincón más recóndito, sáquenle brillo a las baldosas y azulejos. Según los análisis del TCID50 el coronavirus puede sobrevivir hasta dos semanas a una temperatura de 5 grados. Son tiempos de tribulación así que ¡zafarrancho de combate! y a sanitizar con cloro, sosa caustica, ácido sulfúrico para aniquilar los virus, bacterias y microbios y demás agentes patógenos. Cuidado con los pomos de las puertas, los reposabrazos, las escaleras, el buzón, las ventanas. Y venga a limpiar y limpiar, fregar y fregar hasta la extenuación.  Nos volveremos tan escrupulosos que nuestros hogares se convertirán en un quirófano. Con ojo clínico vamos a examinar cualquier detalle que despierte la más mínima sospecha. Se incrementarán dramáticamente los cuadros de misofobia y del trastorno obsesivo compulsivo que necesitarán un tratamiento de choque por parte de los psicólogos y siquiatras.

Si regresan a su domicilio después de estar en el exterior tendrán que desinfectar absolutamente todo con alcohol etílico a 96 grados; desde la compra, el teléfono móvil, las gafas, el bolso de mano, las monedas, los billetes, quítense los zapatos, laven la ropa entre 60 y 90 grados, desechen las mascarillas, no se toquen la cara y límpiense con gel antibacterial, No olviden tomarse la temperatura y ducharse con abundante jabón. Ha llegado a tal punto la histeria colectiva que hordas de fanáticos antiviralistas armados con piedras y palos desde hace semanas bloquean con barricadas la entrada de muchos pueblos y ciudades para que ningún “presunto infectado” ingrese en sus dominios. ¿racismo viral?  Solo falta construir murallas medievales con sus fosos y puentes levadizos. Tal vez las circunstancias excepcionales nos obliguen a llevar el traje EPI (equipos de protección individual) o se inventen gigantescos condones que cubran todo nuestro cuerpo. Todo es muy extraño, no entendemos nada pues el que un chino se coma una sopa de vampiro y cause un cataclismo cósmico es algo que sobrepasa los límites de la imaginación humana.

¿Y las relaciones sexuales? Porque no solo de pan vive el hombre y la mujer. ¿Qué será de aquellas personas solitarias? ¿dónde encontrarán el consuelo a los instintos básicos? ¿o es que tendrán que resignarse a los amores platónicos? como un mensaje en la botella lanzado al océano ¿alguien los escucha? Tranquilos, gracias a la tecnología punta ya podremos besarnos, acariciarnos y seducirnos por la webcam, Skype o WhatsApp. Existen múltiples páginas web y aplicaciones para cortejar y ligar o sino mandar por el chat cartas de amor con mil besitos y abrazos con emoticones.  O consolarnos con una muñeca hinchable o un muñeco hinchable que son más asépticas y pulcras que un misero e infecto ser humano. Con el coronavirus revive otra vez la tragedia del SIDA que se supone habíamos superado.  Existen muchas personas asintomáticas que no deben tener contacto con su pareja por lo que es imprescindible usar el condón y evitar el beso y los intercambios de flujos pues son agentes de transmisión. No mantengas relaciones sexuales casuales, es mejor inclinarse por el puritanismo más estricto.

A raíz del confinamiento muchas personas se han convertido en ecologistas, defensores de la solidaridad y el amor fraterno. Solo en tiempos de tribulación como guerras, hambrunas o pandemias los seres humanos se vuelven más altruistas y sensibles. Son los clásicos remordimientos de conciencia y los actos de contrición para arrepentirse de los 7 pecados capitales. Algunos filósofos y sociólogos afirman que estamos ante el nacimiento de una nueva conciencia de paz y de amor. Pero seguramente como ha sucedido en otras coyunturas históricas solo será un parón momentáneo para luego elevar a la enésima potencia el desaforado ritmo de consumo.

Nos mantienen en un estado de alucinación perpetua gracias al chute de realidad virtual que nos tiene enganchados, anestesiados, hipnotizados a las televisiones, teléfonos móviles, iPod, Smartphone, computadores o tablets y  las plataformas de streaming habidas y por haber: Netflix, HBO, Claro, Fox, Google, Amazon, Disney, las redes sociales ni se diga: Facebook, YouTube, Twitter, Telegram, Instagram, WhatsApp y de merienda para conjurar esta maldita pesadilla Nintendo y PlayStation,  El consumo de  Internet se dispara un 60% por encima de lo normal pues millones de individuos buscan desesperados en las pantallas entretenimiento y distracción que nos haga olvidar esta pesadilla. Quien carezca de la conexión wifi puede considerarse un náufrago en la isla más perdida en medio del océano. Es una paradoja, pero ahora que teóricamente tenemos más tiempo para comunicarnos y estrechar los vínculos familiares nos hemos vuelto más introspectivos y egocéntricos.  

A partir de la crisis del coronavirus el dominio de la dictadura cibernética se ha hecho aún más férreo y radical.  El consumo de pienso virtual se ha disparado hasta límites inimaginables. Internet se ha convertido en la madrastra de una humanidad huérfana y afligida. Las grandes masas de “homínidos-cobayas” cual caníbales devoran los programas televisivos, películas y series antológicas, desde el cine mudo, la nouvelle vague, gore, erótico, porno hasta la década prodigiosa del cine italiano. Las autopistas de la información están completamente colapsadas, los servidores cortocircuitados. Se han batido todos los récords en compras online hasta el punto que la fortuna de Jeff Bezos, fundador Amazon, ha alcanzado los 138 mil millones de dólares. Está visto que mientras unos lloran, otros venden pañuelos y multiplican al 100% sus ganancias. Por favor, más opio, más heroína, más cocaína. más y más películas, series de acción, de intriga, de terror, de amor, de desamor o de sexo o de telebasura que nos evadan de esta insoportable tragedia griega. Lo ideal es lobotizar el cerebro del “zoológico humano” para que no piensen, para que no reflexionen, anular las conciencias, acelerar las adicciones y que disciplinados obedezca las órdenes del Big Brother. Estamos sufriendo el período de mayor alienación en toda la historia de la humanidad.  Pasan los días y las semanas y el atroz aburrimiento nos envenena el alma, Consumidos por la abulia y el estrés surgen los ataques de ira, las parejas mal avenidas se tiran los platos a la cabeza, todos son reproches y darse de cabezazos contra las paredes buscando un culpable. Es el momento de serenar el espíritu, dejar la mente en blanco siguiendo los principios filosóficos del budismo tántrico.

¡Ya viene el verano! España es el paraíso del ocio y la diversión ¿estaremos todavía en cuarentena? ¡Que nostalgia! la playa de arena blanca y ese mar azul y el sol radiante que broncea los cuerpos tendidos en las tumbonas. El hervidero humano disfruta de unas merecidas vacaciones tras un año de dura labor. El ambientazo en los chiringuitos no tiene ni punto de comparación, que si la paella, la cervecita, el tinto de verano y por la noche salir de marcha a las discotecas a bailar pegados, amacizados y sudorosos porque el Mediterráneo es una promesa de amor y todos queremos enamorarnos. Si el ser humano es un ser social por naturaleza en España lo es aún más.  Pero ahora estamos atados de pies y manos hasta el 26 de abril. Luego Dios dirá. Eso significa que puede prorrogarse la condena dos o tres semanas más (o meses) Se impondrá por ley la moda estilo “quirófano” con guantes de látex y mascarillas made in china que serán imprescindibles las 24 horas del día. ¡Que paradoja! esas feministas que tanto criticaba a las mujeres árabes de riguroso burka y el nikab ahora tendrán que ir tapadas de la cabeza a los pies por física supervivencia. Se inicia una era de fundamentalismo radical y ultraortodoxo jamás vista en la historia de la humanidad. No me toques, no me mires, va de retro, mantén las distancias. 

Algunos científicos afirman que esta pandemia no es más que una venganza de la madre naturaleza por el comportamiento suicida de sus hijos descarriados. Es el momento de sentarse en el banquillo delos acusados y rendir cuentas por la emisión de gases de efecto invernadero, el agujero de ozono, los incendios de las selvas tropicales, la extinción de las especies o la contaminación del aire los ríos y los mares, Parece increíble que un insignificante virus le haya propinado tremenda bofetada en el hocico a la sociedad de consumo capitalista. Más imprecaciones y flagelaciones: por mi culpa por mi culpa, por mi gran culpa.

¿Quién pagará las facturas de la luz o el agua? ¿y el alquiler? ¿o los créditos hipotecarios? ¿Será que el gobierno se hará cargo de las deudas de todos los ciudadanos? A sabiendas de que un inmenso porcentaje de ciudadanos se dedican al trabajo en negro y la economía sumergida. Poco a poco se esfuman los ahorros y sin ingresos la crisis social será devastadora. Los economistas pronostican la caída de más del 8% del PIB. Estamos a punto de superar los ¡6 millones de parados! Aunque el gobierno dice que tranquilos pues pronto lloverá el maná de la renta mínima vital de 500 euros.  Se han cumplido al pie de la letra las profecías de San Malaquías y Nostradamus:  las interminables colas en Cáritas, la Cruz Roja, o en los comedores parroquiales, mientras las ONGs de ayuda humanitaria reparten a los parias toneladas y toneladas de artículos primera necesidad. El mundo se ha derrumbado y la recesión mundial superará con creces a la de 1929. Ninguna generación viva ha experimentado tan tremendo shock.  Ya no hay dioses que vengan a salvar una sociedad descreída y materialista, así que de nada valen los golpes en el pecho ni el rasgarse las vestiduras.

Las autoridades gubernamentales declaran que ellos también son víctimas de las fatalidades del destino. Porque ¿quién iba a prever las consecuencias de tan apocalíptica pandemia? Tendremos que resignarnos y aceptar que los miles de muertos hacen parte de los daños colaterales que se producen en todas las guerras. Un minuto de silencio y que Dios los tenga en la gloria. El mundo entero está en emergencia sanitaria y España no iba a ser menos.

Habrá muchos ciudadanos que se nieguen a salir del confinamiento por temor a enfrentar un mundo hostil plagado de enemigos invisibles. Al menos en esa madriguera o seno materno sumergidos en las profundidades del ciberespacio nos sentimos consolados y protegidos.   No hay porque alarmarse pues recibiremos puntualmente la paga del paro o del ERTE y con tan solo tabular un icono en las aplicaciones de teléfonos móviles nos traerán la compra del supermercado o el menú del día de nuestro restaurante preferido.

La escandalosa manipulación que trasmiten medios de comunicación oficialistas intenta rebajar la tensión para prevenir cualquier conato de insurrección popular. Sin lugar a dudas hacemos parte de un experimento de ingeniería social sin precedentes. De veras que hasta que no se encuentre una vacuna probada y efectiva continuará indefinidamente el estado de alarma, postración y entrega. Todos los sacrificios son pocos porque si se produce una segunda oleada el batacazo seria mortal. Asistimos al advenimiento de una nueva era donde primará la seguridad por encima de la libertad. Se ha instalado el totalitarismo parapolicial y la censura más abyecta que conlleva la perdida de los derechos más fundamentales. Por ejemplo, sanciones de 600 hasta 30.000 euros por salir a la calle sin la debida autorización. ¿y la dignidad humana? Al menos en un campo de concentración el prisionero tiene derecho a pasear un par de horas por el patio. La mascarilla es la mejor metáfora del bozal; calla y no hables, obedece al Gran Hermano. Mansos y sumisos permanecemos en arresto domiciliario enamorados de los carceleros convencidos de que nos han salvado la vida. El trauma del coronavirus será muy difícil de exorcizar, esa infame paranoia incidirá severamente que el deterioro de la salud mental: la depresión profunda y generalizada, el insomnio, la pérdida del apetito, los trastornos psicosomáticos, neurosis y esquizofrenias.

Tras el final de las medidas de contención y el aislamiento comenzará la vertiginosa y enloquecedora recuperación económica. Las superpotencias golpeadas por el diabólico bombardeo vírico apretarán a fondo el acelerador para reflotar el sistema financiero y la producción industrial. La era post-coronavirus estará marcada por la voraz sobreexplotación tanto de la mano de obra como de materias primas y recursos naturales -especialmente de petróleo y energía eléctrica. El imperio capitalista tiene que salir triunfante a como dé lugar.

Esta pandemia ha demostrado la inmensa vulnerabilidad del género humano. Es increíble que un virus microscópico haya puesto en jaque a las superpotencias mundiales causando tan devastadora crisis socio-económica. Ha llegado la hora de que la inteligencia artificial, los robots, androides y autómatas reemplacen al fracasado y caduco homo sapiens.

Carlos de Urabá 2020

lundi 30 mars 2020

¡Cuídate de los Idus de Marzo! La maldición del coronavirus.



2.000 años después el coronavirus clava una puñalada trapera en el corazón del imperio capitalista.

En el calendario romano el comienzo de todo estaba consagrado al dios Marte (de la guerra) y corresponde a la primera luna llena del año nuevo. La popular fiesta del buen augurio de marzo se celebraba en honor de Anna Perenna (para que el circulo del año pueda contemplarse felizmente) donde la plebe se entregaban las orgías y bacanales. Según el escritor griego Plutarco en ese año del 44AC Julio César había sido advertido por el oráculo y los nigromantes de que su vida corría peligro. “la sangre correrá a borbotones” Precisamente en esas jornadas de buenos augurios poca credibilidad podía tener este siniestro anuncio. Hasta su propia esposa Calpurnia tuvo un terrible sueño premonitorio que también ignoró. El arrogante dictador descartó el riesgo ¡si los dioses estaban protegiéndolo! ¿solo se debe temer al miedo! ¿Tal vez se creía un ser más divino que humano? Cuando Julio César se dirigía al Senado como solía hacerlo a diario en su camino se encontró con el vidente ciego del oráculo y él le dijo desafiante: “los Idus de Marzo han llegado”. A lo que el vidente le contestó “Si, pero aún no han acabado”

Resulta que a sus espaldas se estaba forjando una conspiración por parte de sus más estrechos colaboradores Bruto (su hijo adoptivo) y Casio, ambos republicanos por naturaleza, que aprovechando una urgente convocatoria en el Senado lo cosieron a puñaladas. “Tú también Bruto, hijo mío” – fue su postrer despedida antes de expirar.  Este acto criminal provocó la guerra civil que sembró de muerte y destrucción en el Estado. El asesinato del dictador (había sido nombrado dictador perpetuo) está considerada un punto de inflexión en la historia de la Antigua Roma pues marcó la transición de la República al Imperio. A partir de ese luctuoso evento el Idus de Marzo se convirtió a un maleficio. ¿El azar y la casualidad? ¿una extraña alineación planetaria? No sabemos porque la razón se ve sobrepasada por lo sobrenatural.

El asesinato anunciado de Julio César acaecido hace 2.000 años puede aplicarse perfectamente a la crisis del coronavirus. No se tomaron en serio la amenaza de la pandemia y se cumplieron los presagios más nefastos. El escritor y filósofo griego (de etnia romana) Plutarco, experto en lo misterioso y lo dramático, narra que Julio César había sido advertido de la conspiración por los videntes, pero no les hizo caso “¡Si marzo es el mes de la primavera, los campos floridos y el amor libre!”

Los jefes de estado de Europa, Norteamérica o Latinoamérica despreciaron la amenaza del virus “¡pero ¡cómo podemos tenerle miedo a un insignificante virus chino!”  y como Nerón siguieron tocando la lira mientras ardía Roma. Acaso no sabían que estamos en un mundo globalizado y que China ya hace parte del vecindario. No se cerraron las fronteras y continuo el incesante tráfico de aviones, trenes, barcos, o autobuses que propiciaron la expansión exponencial del coronavirus por los cinco continentes.  No se tomaron en serio las advertencias ya no de los magos y videntes sino de los médicos y expertos epidemiólogos de reconocido prestigio. El coronavirus era algo lejano surgido en la remota provincia de Wuhan en China. Igual que Julio César ignoraron el peligro ¡cómo vamos a alarmar a la ciudadanía y detener la recuperación económica mundial.  Pero 2.000 años después los Idus de Marzo vuelven a apuñalar por la espalda a los arrogantes y prepotentes líderes y mandatarios que no supieron adelantarse a la catástrofe condenado a muerte a miles y miles de sus ciudadanos inocentes. De nada valieron los grandes avances tecnológicos que se supone iban a neutralizar cualquier amenaza que pusiera en peligro la especie humana.   

Ahora en este recién comenzado siglo XXI la historia va a tener que dividirse en dos; antes y después del coronavirus. Tal y como aconteció en la época del imperio romano será otro punto de inflexión por el demoledor impacto que tendrá tamaña crisis a nivel planetario. No sabemos el futuro que le deparará a la humanidad después de esta devastadora pandemia pero sin duda el mundo no va a ser el mismo a nivel político, económico o social; se entrará en recesión, millones de personas perderán el empleo, se irá a pique la economía, se paralizarán la industria, el sistema de producción, los mercados bursátiles, las inversiones. Esta trama perfectamente podría ser el guion de una novela de suspenso y terror, pero lo cierto es que la realidad vuelve a superar la ficción.

Carlos de Urabá 2020

samedi 28 mars 2020

Crisis de coronavirus en España: ¡Nuestros ancianos a los hornos crematorios!



El poeta rumano e hispanista Darie Novaceanu fue invitado en el año 1985 para dar una conferencia sobre su obra ante el público español en el Instituto de Cooperación Iberoamericana. En esa ocasión recitó un dramático poema titulado “Vejez de Europa” en el que con todo el realismo describía como los cuadros de los niños que se colgaban en la sala de la casa envejecían prematuramente; les salían canas, se les arrugaba la piel, se les caía el pelo, esas bocas desdentadas y los cuerpos encorvados mientras las manos huesudas y callosas sostenían un desgastado bastón.  En ese ambiente frío y mortecino a través de la ventana un espectro miraba su propio cortejo fúnebre. Al escuchar este poema recitado teatralmente por su autor me quedé anonadado, me iluminé al darme cuenta de cuál sería nuestro futuro.  Estas estrofas me rompieron el alma hasta tal punto que le rogué a Darie que me lo regalara, a lo que él estampando su firma, amablemente me lo entregó.  

Décadas después inesperadamente estalla la crisis del coronavirus en el que un 80% de las víctimas son ancianos que superan los setenta años, es decir, los más vulnerables y débiles. El gobierno español no supo prevenir lo que se venía encima y esta estúpida decisión ha desencadenado un verdadero holocausto. No se cerraron loa aeropuertos, los puertos, ni las fronteras y se siguieron celebrando manifestaciones y eventos deportivos en una actitud suicida difícil de comprender. Hubieran podido seguir el ejemplo de Japón, Singapur o Corea del Sur, pero se durmieron en los laureles. Es la clásica soberbia de nuestros prepotentes líderes: ¡Como le va a pasar esto a España, un país europeo del primer mundo! Reacción lenta y torpe que ha tenido unas catastróficas consecuencias. El 31 de enero del 2020 la OMS ya había declarado la emergencia sanitaria global por el coronavirus.

A causa de la agenda diaria del trabajo tan vertiginosa y trepidante no hay tiempo para atender a los ancianos. Estamos agotados y el estrés nos vence, llegan los recibos de las deudas, los préstamos o los créditos o los problemas familiares y casi ni se puede disfrutar del tiempo de ocio. Situaciones embarazosas que apenas dejan unos cuantos minutos para llamar a los padres y abuelos por los teléfonos celulares y mandarles un saludo de cumplido.  Esos “viejos decrépitos” deben recluirse en sus residencias o asilos para que no molesten ya que muchos tienen problemas de salud (enfermedades crónicas terminales, demencia senil o alzheimer) Son dependientes y necesitan ayudas de enfermeros o asistentes.  Quien sobrepase los 60 años de edad ya puede considerarse un cacharro inservible que se esconde en el desván. Los viejos ya han cumplido ejemplarmente su cometido en la cadena de producción, han dado los mejores años de su vida contribuyendo al crecimiento de la sociedad del bienestar y gracias a sus cotizaciones a la seguridad social gozan de una merecida jubilación.

Para no ser tan duros y despectivos a los ancianos en términos eufemísticos se les llama “la tercera edad”, “edad avanzada”, “la edad de oro”, “adultos mayores”.  Son equiparados con menores de edad porque han visto mermadas sus capacidades físicas y mentales. No son más que un estorbo y voluntariamente o por decisión de sus familias, deben ser confinados en esos parkings en que se han convertido las residencias o asilos. En eso guetos podrán relacionarse con otros viejos y darse consuelo y cariño. No les queda otra que matar el tiempo sentados en la sala de televisión contemplando películas, partidos de futbol, o jugar a los naipes o el domino antes de iniciar su viaje definitivo al más allá. 
La senilidad que debería ser una etapa armónica y equilibrada, el descanso del guerrero, para la civilización tecnológica industrial representa una maldición. Es el principio del fin pues se atrofian el cuerpo, se pierden a la visión, la audición, se anula la sexualidad y el placer se convierte en dolor o depresión. Solo se vislumbra en el horizonte el invierno gélido que precede a la muerte.
A raíz de la pandemia del coronavirus muchos ancianos han sido condenados a una infernal agonía; están muriendo a solas, abandonados sin ningún contacto con sus familiares. Se les considera un peligroso foco de infección y nadie puede acercarse a ellos sino se cuenta con un sofisticado equipo de aislamiento EPI. ¡Vaya tragedia más espantosa! ¡No se les puede ni tocar!

Los iconos de la sociedad hedonista y narcisista imperante son los jóvenes; hombres y mujeres bellos o bellas, sanos musculosos o de cuerpos sensuales y atractivos. Este es el ideal supremo que transmite la propaganda de la sociedad de consumo capitalista. Hay pánico a envejecer porque el mundo le pertenece a los más fuertes ya que el sistema exige eficiencia y productividad.  El fascismo neoliberal desprecia y humilla a esos ancianos decadentes y estériles que no son más que un cero a la izquierda. El dilema que han planteado algunos políticos como Donald Trump es el de “¿qué es mejor: que se mueran unos cuantos ancianos o que se vaya a pique la economía?” Al final se aplicará el método de la inmunidad de la manada y que caiga quien caiga.

La Europa contemporánea atraviesa una desgarradora crisis demográfica a causa de la baja natalidad. El envejecimiento de la población es un fenómeno que impactará muy gravemente en un futuro no muy lejano.  Las parejas ya no quieren tener hijos sino perros, mascotas o animales de compañía pues prevalece el egoísmo y el individualismo. Los ancianos crean problemas y son muy fastidiosos así que lo mejor es que se retiren al “cementerio de elefantes”

En la época antigua de Grecia o Roma el anciano representaba la sabiduría y la experiencia imprescindible para tomar decisiones en todos los ámbitos del poder y por lo tanto el estado asumía su protección; eran reverenciados y se les rendía un gran respeto.   Como sucede igualmente entre los países musulmanes donde ocupan el centro de la familia nuclear y encarnan la sapiencia y la autoridad. Por el contrario, la sociedad capitalista occidental los ancianos son confinados en asilos pues no tiene compasión de los seres “inútiles e improductivos”. O sea, se les trata como objetos desechables.

En el Tercer Reich los viejos eran considerados un obstáculo para el desarrollo del estado nacional-socialista.  Por eso no es de extrañar que el Reichstag diera la orden a los médicos de deshacerse de los ancianos inútiles, enfermos, minusválidos o retrasados mentales con “métodos apropiados” (inyección de “ascensión” para enviarlos al cielo) La eutanasia hitleriana tenía la finalidad de ahorrar costos, comida y medicamentos tan escasos durante la II Guerra Mundial. Este fue el cruel destino de los 70.000 internos en los establecimientos psiquiátricos alemanes eliminados por el decreto supremo (secreto) del Estado Nazi (compadecidos por su sufrimiento) Sus familiares lo aceptaron resignados pues no podían contradecir las patrióticas directrices del fuhrer. El ideal supremo del Tercer Reich era la eugenesia, es decir, la creación de una raza pura aria, sana, joven y poderosa que se supone dominaría el mundo con su vigor y fuerza sobrenaturales.
Estamos viviendo en una sociedad brutalmente materialista, las personas mayores viven solas y no se les dirige la palabra porque los ciudadanos están más preocupados por las comunicaciones cibernéticas a través de sus teléfonos celulares, iPod, SmartPhone, computadores o tablets; abducidos por completo por la realidad virtual de Instagram Telegram o Twitter o Facebook.  Enviciados por el virus neurótico del ego supertecnológico que castra por completo las relaciones sociales.  

Esos viejos ingresados en los hospitales y residencias hacen parte de la generación que construyó este país destruido por la guerra civil, una generación que hizo frente al hambre y la ruina de la posguerra y, para colmo, también a la represión de la dictadura franquista. Y estamos dejando morir a quienes trabajaron 14 horas diarias para levantar a este país. Si el paciente está muy grave a causa del coronavirus y tiene más de 75 años, se le deshecha, ya no interesa cuidarlos y les dejan morir. Porque “la medicina tiene que escoger quién tiene una vida útil por delante”. Son las leyes no escritas del darwinismo social donde los seres humanos no son más que números de las estadísticas. “Están muriendo como moscas nuestros ancianos y desde el gobierno se repite hasta la extenuación que tenemos una Seguridad Social increíble, la mejor del mundo, pero muchas veces el personal sanitario no tiene ni guantes que ponerse".

A las personas muertas por el coronavirus se les introduce en un sudario especial, un saco de color crema con un aislamiento externo que impide cualquier fuga. La cremallera se sella con un pegante especial de manera que jamás pueda abrirse de nuevo. Una vez metido el cadáver en el ataúd este se higieniza con una solución de agua y lejía para eliminar cualquier resto del virus. Está prohibido hacer autopsias o recoger muestras del cuerpo. El féretro se apila en cámaras frigoríficas hasta que sea trasladado a los hornos crematorios. Aunque existe una larga lista de espera y este proceso puede durar varios días pues hay que cumplir cierto papeleo administrativo de rigor. Los familiares no los pueden velar o, quizás, por clemencia, se permite a algún miembro de la familia -vestido con un traje especial- que les ponga una corona de flores. No vale la pena enterrarlos así que la mejor alternativa es cremarlos (contradiciendo incluso la voluntad del fallecido) pues pueden ser foco de expansión del coronavirus. Con todo el dolor del alma hay que desaparecer todo rastro del “apestado” sobre la faz de la tierra. Los sepultureros no dan abasto, el negocio de las funerarias es el más favorecido con la pandemia y los muy usureros y especuladores aprovechan la tragedia y llegan a cobrar más de 4.000 euros por encima del precio normal. Ante el colapso a los servicios funerarios el ayuntamiento de Madrid- foco principal de la pandemia en España- ha tenido que habilitar el Palacio de Hielo como morgue improvisada.

A los causantes de esta pandemia anunciada se les debe exigir tanto responsabilidades políticas como penales. Porque existen unos culpables que cobardemente no quieren dar la cara y evaden cualquier pregunta capciosa. No han sabido velar por la salud del pueblo como reza en la Constitución monárquica.  La coalición gobernante PSOE-Unidas Podemos intentan infructuosamente desentenderse de este holocausto que hasta el momento ha causado casi 6.000 muertos- aduciendo que “los virus no conocen de fronteras”.  Pero da la casualidad que los expertos epidemiológicos, que debieron anticiparse a su propagación del coronavirus, fueron nombrados por ellos mismos.

Este virus desenmascara toda la miseria moral de quienes ostentan el poder de decisión que se inhibieron, prevaricaron por proteger sus propios intereses tanto partidistas como económicos. En España el sector turístico recibe anualmente más de 80.000.000 visitantes del mundo entero que dejan 92.200 millones de euros. ¡Cómo iban a alarmar  a los turistas con insignificante virus! Ahora las consecuencias no solo van a ser los miles de muertos sino también el colapso del sistema de salud y la ruina económica que será aún más terrible que la propia pandemia.

Carlos de Urabá 2020

mardi 17 mars 2020

El COLONAVIRUS, la mayor pandemia sufrida en la historia de la humanidad



El mundo entero se encuentra en estado de emergencia a causa del coronavirus, se viven escenas de histeria colectiva y en muchos países (China, Norteamérica o Europa) han decretado el estado de sitio para combatir la pandemia ¡que nadie salga a la calle! Es la consigna en un desesperado intento por remitir los contagios y contener la propagación del virus. ¡Estamos en guerra contra un virus! que avanza imparable y amenaza extenderse a nivel global sino se toman las medidas sanitarias de choque. Caronte el barquero con su guadaña se prepara a guiar a los miles de difuntos al otro lado del río Aqueronte. Como en la edad Media el terror se apodera de la estirpe humana.

Desde tiempos inmemoriales se han producido otras pandemias apocalípticas o bíblicas, pero quizás la más diabólica haya sido la que se produjo a raíz del descubrimiento y conquista de América. 

Cristóbal Colón fue el pionero de la guerra bacteriológica pues junto a sus secuaces alienígenas introdujeron en el Nuevo Mundo un mortífero cóctel de virus, bacilos o microbios que a corto y a largo plazo exterminaron a millones de indígenas. El Nuevo Mundo se encontraba completamente aislado y sin contacto con Europa, Asia o África.  La virginidad inmunológica y una falta de respuesta defensiva por parte de los nativos provocaron la hecatombe.

En un plazo de 20 años las guerras, la esclavitud y las enfermedades prácticamente diezmaron un 90% de las tribus indígenas del Caribe. Mas tarde la mortal plaga alienígena se fue expandiendo por todo el continente durante el periodo de conquista y colonización.

Las enfermedades se transmitían por vía respiratoria (gripe, y múltiples cepas de la influenza, tuberculosis) por contacto directo (viruela, lepra, el cólera, sarampión, rubeola, tosferina) por picaduras de piojos (tifus exantemático) por las ratas (la peste bubónica) por vías digestivas (diarrea, fiebre tifoidea, salmonella) por contacto sexual (sífilis, gonorrea) picaduras de mosquito (malaria o fiebre amarilla)

¿Cómo es posible que un puñado de conquistadores vencieran a naciones poderosas como los Aztecas o los Incas?  Simplemente porque la guerra bacteriológica propició la demoledora y fácil victoria de los conquistadores españoles. Igual pasó en Norteamérica con los ingleses, holandeses y franceses que igualmente contagiaron a cientos de tribus indígenas eliminándolas casi por completo. Es inconcebible, pero sin ningún remordimiento se llevaron a cabo estos perversos planes para apoderarse de sus tierras y proclamarse los nuevos amos.

Por ejemplo, una gripe desconocida llamada la “gripe suina” o “gripe del cerdo” llegó en el segundo viaje de Colón y se extendió con inmensa facilidad por todo el Caribe -como sucede hoy con el COVID-19. Otro elemento a tener en cuenta fue la llegada de nuevos animales: caballos, burros, vacas, aves de corral, cerdos y que junto a las condiciones higiénicas deplorables de los propios conquistadores fueron el mejor caldo de cultivo para virus y bacterias mutantes. (ya que pasaban de los animales a los seres humanos) Con todo el descaro se intentó culpar a los indígenas de la sífilis que era una enfermedad venérea que ya existía en Europa desde hacía siglos. La propagación de la sífilis se da por la promiscuidad, los abusos sexuales y las violaciones a que fueron sometidas las mujeres indígenas por parte de los conquistadores o colonizadores. La plaga mortal provenía de Occidente, no eran dioses sino espectros infernales.

El COLONAVIRUS sin duda alguna ha sido la pandemia más poderosa conocida sobre el planeta tierra. Para que nos hagamos una idea de lo que supuso esa catástrofe ahora estamos experimentando en carne propia tan solo una ínfima proporción. Y encima en ese entonces los enfermos ni contaban siquiera con hospitales, medicinas o tratamientos. Imagínense la lenta agonía de los aborígenes con sus cuerpos abrasados por la fiebre mientras agonizaban lanzando horribles gemidos suplicando piedad. ¡Qué más da si un caballo pura sangre valía más que cien de ellos!
Nadie les prestó ayuda, perecieron en silencio, sin hacer ruido víctimas de ese holocausto apocalíptico. En todo caso son los “daños colaterales” tan propios de las invasiones y guerras y que debemos asumir con resignación cristiana tal y como ha acontecido en otras ocasiones en la historia de la humanidad” -aducen los intelectuales españolistas. “solo los más fuertes sobreviven” o sea, es la “selección natural”, como lo afirma la teoría de Darwin.

El expansionismo imperial europeo no conocía limites pues lo único que ambicionaba era apoderarse de tierras y riquezas. Esta plaga arrasó con todo lo que se encontraba a su paso, nada podía interponerse en su camino.

¿Acaso la intención de los conquistadores era matar a todos los indígenas en sus ofensivas militares? Evidentemente que no. Sería una táctica estúpida pues solo aniquilaron a los rebeldes que se resistían- Ellos necesitaban mano de obra esclava, ellos necesitaban siervos para poner en marcha el sistema de explotación extractiva: encomiendas, mitas y resguardos. Especialmente en las minas para sacar a destajo el oro, la plata, las piedras preciosas, y en las plantaciones de caña o de cacao o los campos agrícolas.  Además, la misión de la iglesia católica era la de redimir indios o gentiles siguiendo las órdenes que dio Cristo a sus discípulos: “Id por el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Por lo tanto entre mayor número de indígenas, más almas para engrosar las filas de la santa madre iglesia católica, apostólica y romana.

Por eso la actual crisis planetaria del coronavirus es el mejor ejemplo para comprender el drama que aconteció durante el descubrimiento y conquista de América. Occidente involuntaria o voluntariamente transmitió a los aborígenes virus, bacilos y bacterias desconocidas y altamente letales.  Según reputados investigadores pudo matar a unos 60.000.000 indígenas en el plazo de un siglo. Algo que niegan algunos historiadores españolistas que lo atribuyen a “causas naturales” Las consecuencias de este “genocidio involuntario” fue un desastre demográfico que desocupó extensos territorios y eliminó culturas y civilizaciones.  Aparte de propiciar el colapso de los ecosistemas, la ruina económica, el abandono de la agricultura y el surgimiento de otra pandemia llamada hambre y pobreza. La población de México disminuyó de 25 millones en 1519 a 700.000 personas en 1623.

A ningún descubridor, adelantado conquistador o funcionario real le interesaba velar por la salud de la población originaria.  Como buenos sepultureros ordenaron enterrar los cadáveres con cal viva y que en paz descansen. A esas razas inferiores o salvajes paganos sin alma se les culpó de su desgracia porque si se contagiaban de tan crueles enfermedades era por su condición de pecadores, estaban poseídos por el demonio y merecían un castigo ejemplar. Los cadáveres se arrojaban a los ríos, a las lagunas, al mar, o se quemaban en piras funerarias, o eran devorados por los perros, los animales salvajes, caimanes o tiburones.  Pocas veces la historiografía moderna menciona estos macabros acontecimientos que los “expertos” prefieren esconder bajo un tupido velo. Parece que para muchos es algo normal que casi 60.000.000 millones de almas hayan sido literalmente fumigadas. Y ahora resulta que estamos conmocionados porque el coronavirus ha causado unos 7.000 muertos a nivel global (especialmente en China Irán, Italia o España)

Solo algunos frailes y misioneros como fray Bartolomé de las Casas, fray Antonio de Montesinos, Francisco de Vitoria o Motolinía levantaron sus voces y denunciaron este terrible holocausto.    El Consejo de Indias, ante las quejas de estos “santos varones”, aprobó en 1542 las Leyes Nuevas “para la gobernación de las indias y el buen tratamiento y conservación de los indios” Dichas leyes ordenaban castigar a los españoles que “injuriasen u ofendiesen a los indígenas” pero que a la larga no fueron más que letra muerta o proclamas estériles para lavar sus conciencias porque como de costumbre: “las leyes se acatan, pero no se cumplen”

Los biólogos, ecólogos, antropólogos, arqueólogos han estudiado los cementerios indígenas de la época (México o Perú) donde los análisis genéticos revelan fehacientemente lo que sucedió a partir del estallido de la bomba biológica introducida por los alienígenas (invasores). Una tragedia desgarradora que refleja con toda su crudeza el Códice Florentino donde aparecen espeluznantes imágenes de las víctimas del genocidio vírico.

La Cocolitzli o “salmonella entérica”, según la crónica de Francisco Hernández, fechada en 1576, causaba: “fiebres contagiosas y abrasadoras del todo pestilentes, lengua seca y negra, sed intensa, orinas de color verde marino y negro, pulso frecuente y rápido, y otras veces imperceptible,  los ojos y todo el cuerpo amarillentos, delirios y convulsiones, dolor de corazón y pecho, gran angustia y disenterías, hasta que el enfermo vomitaba sangre y moría entre horribles contracciones” Esta bacteria llevada por los conquistadores españoles a México y Guatemala fue la culpable de que en un periodo de 5 años pasara la población de 20 millones de habitantes a tan solo dos millones.
No se tiene en consideración lo que supuso aniquilación masiva de millones de indígenas, un drama angustioso que se intenta borrar de nuestra memoria colectiva con el argumento de que fue “algo natural” o que es “el precio que se ha tenido que pagar en este glorioso proceso civilizatorio”. “¡un parto doloroso pero necesario que nos ha conducido a la forja del hombre nuevo!”

Desde tiempos inmemoriales las potencias dominantes utilizaron la guerra bacteriológica como arma de destrucción masiva para rendir y subyugar a sus enemigos. Muchas veces se infiltraban leprosos para contagiar a poblaciones enteras, otras veces, lanzaron en las ciudades sitiadas objetos, prendas o alimentos contaminados con la peste bubónica o la peste negra.

Solo a raíz del drama del coronavirus nos hemos dado cuenta de lo que ha significado la masacre bacteriológica que arrasó el continente americano. ¿Alguien es capaz de reivindicar a las víctimas o siquiera reconocer el espantoso genocidio? Me temo que jamás lo reconocerán porque la soberbia imperialista se limita a pasar página y culpar a las víctimas.

Carlos de Urabá 2020