La jaula

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por la emancipación de los pueblos
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mardi 1 novembre 2016

“Mosul siempre será una ciudad turca”: Mustafá Kemal Ataturk.

Las fuerzas armadas turcas actualmente se encuentran en la base de Basiqha a tan sólo 12 kilómetros al norte de Mosul

La descomposición del imperio Otomano fue un proceso largo y dramático que supuso un cambio geopolítico de gran envergadura en Europa oriental, Oriente Medio, Asia Central  y el Norte de África.  Realmente fue una conspiración llevada a cabo por las potencias mundiales Inglaterra, Francia y Rusia con el propósito de conquistar unas tierras muy ricas en recursos naturales, materias primas -especialmente los pozos petrolíferos- aparte de las rutas comerciales marítimas y terrestres. El Califato Otomano por la gracia de Allah era el heredero de ese primer califato a de Abu Bakr (632-634) instituido en la época del profeta Mohamed. Por lo tanto el califa o el sultán se le consideraba un descendiente directo del profeta y cabeza visible del Islam (guía de los musulmanes). La desintegración del Imperio fue gradual: tuvo su punto de partida en el año 1300 hasta que se consumó su hundimiento tras la Primera Guerra mundial. En 1920 Ataturk con otros jóvenes militares dieron el golpe definitivo destronando al sultán Mehmet VI para poner fin al Imperio implantando la República. En 1922 tras el triunfo del Congreso Nacional Turco  (los Jóvenes Turcos) se disolvió la monarquía y el sultán tuvo que partir al exilio.
El propósito de los jóvenes oficiales turcos revolucionarios era civilizar al pueblo Otomano y conducirlo a la modernidad por medio de un ambicioso plan de choque en el que se priorizaba la educación y la instauración de un estado laico ilustrado al estilo de los europeos. Se empezó por imponer una nueva lengua con su alfabeto latino despreciando al árabe por arcaico.

Turquía durante la Primera Guerra Mundial forjó alianzas con las Potencias Centrales Alemania, el reino de Italia, y el Imperio Austrohúngaro y en consecuencia sufrió también una humillante derrota.  En el tratado de Sèvres en 1920 le arrebata la mayoría de sus posesiones.

El Imperio turco cae pero las autoridades de la nueva república (los Jóvenes Turcos)  nunca perdieron la esperanza de verlo renacer. El actual gobierno de Erdogan tiene una nostálgica proyección imperial. Sus delirios de grandeza se ven materializados gracias a las revueltas árabes del año 2011.  

La guerra en Siria e Irak es un factor que le permite ejercer un inédito protagonismo en la zona (el diseño de un nuevo orden) El caos y la desestabilización favorecen a sus intereses pues intervine directamente en el norte de Siria y también en Irak. Turquía pretende aniquilar sus enemigos kurdos del PKK a los que persigue como si se tratara de terroristas del EI.

Turquía  actualmente apoya a grupos de combatientes turcomanos y sus afines en la guerra que se desarrolla desde hace cinco años en Siria e Irak.  El ejército Turco debe hacer frente a la amenaza del separatismo kurdo del PKK (guerrilla izquierdista fundada por el histórico líder Ocalan en 1978) y para ello invierte millones de dólares en pie de fuerza y en armamento. “La única identidad del estado es la turca” –ese es el lema del kemalismo que anula cualquier otra identidad.

Y es que Turquía siempre ha querido consolidar su dominio sobre el norte de Siria e Irak (territorios del Kurdistán) donde se encuentran sus más encarnizados enemigos del PKK (turcos). Turquía tiene la intención de ejercer su tutela de toda la franja fronteriza y es por esto que su aviación bombardea continuamente las posiciones kurdas en Siria e Irak ante el recrudecimiento de los atentados y ataques a las tropas. Por ahora el proceso de paz con el PKK está en punto muerto.

El YPG y sus aliados del PYD (frentes del PKK) en Siria (cantón Kobane, cantón Efrin, Cantón Cizire, Cantón Azaz) que pertenecen a una franja mejor conocida como Rojava regida por leyes anarquistas, anticapitalista y antimperialista -se decantan por aliarse con el PKK-Por el contrario el propósito de la entidad territorial kurda de Irak CRK, y sus Peshmergas KDP es la de crear un nuevo estado (capitalista y pro americano) una vez terminada la guerra contra el yihadismo sunita. El presidente Barzani exige la retirada total de los combatientes del PKK del territorio del Kurdistán iraquí presionado por  EE.UU e Israel-e incluso el propio gobierno turco con el que les une cordiales relaciones. El Kurdistán iraquí CRK es un protectorado de EE.UU, de Israel y la UE que se encargan de  prestarle ayuda económica, logística y militar. La región autónoma del Kurdistán iraquí cuya capital en Erbil es una zona  rica en petróleo y gas de ahí su gran importancia geoestratégica.

Como es de suponer entre los Kurdos no existe una unidad sino que hay diferentes tendencias políticas-como hemos visto el PKK es de ideología marxista y antimperialista, mientras el clan de Barzani ha preferido abrazar al imperialismo norteamericano y el sionismo –además de fomentar de amistad con Ankara. Los Kurdos de Turquía son aproximadamente 23 millones de habitantes y en Irán otros 7 millones que junto a los Kurdos de Siria e Irak suman un gran total de unos 45 millones de habitantes. Su objetivo es el de fundar un estado Kurdo independiente.

El gobierno Kemal Ataturk fomento la alianza entre kurdos y turcos con el fin de recuperar las tierras robadas por el colonialismo. Su principal obsesión era la reconquista de la región de Mosul. Los turcos ejercen gran influencia sobre los rebeldes turcos-sirios que hablan también el turco y que habitan a lo largo de toda la frontera con Siria. Especialmente la región de Alepo (Halep turco) la provincia de Hatay cuya capital es Antakya (que fue recuperada por Turquía luego de que esta se proclamara república independiente en 1938 y 1939). Ankara desea dominar nuevamente sus antiguas posesiones y su prioridad es propiciar la caída de Bachar Al Assad para que sus hermanos turcomanos declaren un gobierno autónomo. Recordemos que en esta zona de la región turcomana siria de Bayirbucak fue abatido un avión ruso por la fuerza aérea turca. Los rusos pretendían destruir sus campamentos turcomanos aduciendo que se trataban de “terroristas del EI”. Por eso Turquía defiende a sus hermanos ante los constantes  ataques de Rusia y el ejército Sirio (Irán y Hezbollah) Es imprescindible para la OTAN y sus aliados que la coalición ruso-iraní-Hezbollah no tome el sector rebelde de la ciudad de Alepo pues ello supondría una gran victoria para el eje Damasco-Teherán (ambos considerados en su día por los EE.UU como parte del “eje del mal”). Erdogan  afirmó en una multitudinaria manifestación en Bursa (23-10-2016) que Alepo y Mosul pertenecen históricamente a los turcos.

En la ciudad de Mosul situada en el fértil valle de Mesopotamia y antigua capital de los Asirios conquistada por el sultán Selim en el siglo VII (hoy gobernación de Nínive) vilayato de Bagdad, Mosul y Basora.  Desde la antigüedad fue un cruce de caminos de las caravanas que viajaban entre Siria y Persia. Mosul es una ciudad de comerciantes muy reconocida por su mármol y sus tejidos de algodón (la famosa muselina). En esta ciudad habitan diversas etnias y confesiones religiosas como árabes sunitas, cristianos caldeos, asirios turcomanos, kurdos, armenios, Yazidis, Shabakis, Mandeans, Circasianos, sufistas, chiítas con una población estimada en 1.000.000 habitantes.  Desde julio de 2014 ha sido ocupada por el Estado Islámico que la proclama capital del nuevo califato.

En 1888 comenzó la prospección y explotación de los pozos petrolíferos que fueron adquiridos por el Sultán turco Abdulhamid. En 1904 se los vendió a Alemania que pretendía aprovecharse de las fuentes energéticas gracias a la construcción de la vía férrea Berlín-Bagdad. Aunque igualmente potencias como Inglaterra y Francia ambicionaban también apoderarse de las mismas. (fundamental para el desarrollo del capitalismo)  En 1914 tras la caída del sultán el nuevo gobierno Turco entrega la concesión petrolífera a  la Turkish Petroleum Company con participación de capital británico, holandés y alemán (Un férreo lobby que se oponía a la intromisión de las  compañías estadounidenses)

Tras la derrota en la I guerra mundial Mosul fue la última ciudad que abandonaron las fuerzas otomanas (con el sagrado juramento de regresar en un futuro no muy lejano)  El acuerdo Sykes-Picot de 1916 fue un pacto secreto franco-británico con el que decidieron repartirse las posesiones del derrotado Imperio Turco. La Sociedad de Naciones confirma la soberanía inglesa sobre Mesopotamia en 1920. En un principio no incluía a Mosul pero tras el descubrimiento de importantes campos petrolíferos se la anexo el Mandato en 1926.

En 1918 el ejército inglés hizo su entrada triunfal y compró todas las acciones de la compañía petrolera con la complacencia de Francia y EEUU. En 1921 la Gran Bretaña   les concede la explotación exclusiva a las compañías inglesas.

Las autoridades inglesas del protectorado crean 1932 el reino de Irak y nombran rey al Hachemita Faysal. Es entonces que se comienzan los trabajos de construcción del oleoducto de Kirkuk-Mosul hasta Haifa (puerto palestino situado a orillas del Mediterráneo oriental desde donde exportaban el crudo a la metrópoli) Hoy el plan de Israel es reconstruir dicho oleoducto (allí tiene su principal refinería) ya que son deficitarios en hidrocarburos. Estados Unidos, la UE y la entidad autónoma del Kurdistán iraquí se muestran favorables a dicho proyecto.

El gobierno turco negoció infructuosamente con  Inglaterra para que Mosul continuara bajo su soberanía. Especialmente Ataturk se resistían a perder esta estratégica ciudad a la cual llamaba “la joya más preciada de Mesopotamia”.  En 1923 el líder turco declaró: ¡oh Mosul! Es una región muy importante para nosotros pues posee las más ricas reservas petrolíferas” Unidades militares turco-kurdas fueron enviadas a la región con la finalidad de tomarla  pero tuvieron que retirase ante una implacable ofensiva de los ingleses.

Londres y Ankara intentaron resolver el diferendo negociando en la Sociedad de las Naciones en 1924 en Ginebra. Los diplomáticos turcos propusieron un referéndum para dilucidar el contencioso. Pero la Gran Bretaña lo rechazó argumentando que la población local era analfabeta y no tenía instrucción necesaria para asumir tales responsabilidades. De antemano lo boicotearon pues sabían que el resultado les iba a ser desfavorable. El conflicto armado entre turcos e ingleses se mantenía latente. Londres envía un emisario a Ankara exigiendo la retirada de las fuerzas turcas de la región. Pero ellos responden que es la Sociedad de Naciones la que tiene que decidir cuál será la frontera definitiva. Una comisión de la Sociedad de las Naciones visita Irak en 1925 y decide que  Mosul pertenece legalmente al reino de Irak -es decir al mandato británico- Ataturk obligado por las circunstancias reconoce tan desfavorable decisión y pronuncia la célebre frase: “el pueblo turco ya ha sufrido demasiadas guerras”. Si no lo aceptaba esto significaba abrir un frente de hostilidades en Mosul. Ataturk tenía que salvar Turquía que estaba en peligro de ser devorada por los aliados (Grecia, Inglaterra, Francia, Rusia) En la guerra de independencia logró consolidar sus posiciones en Anatolia salvando a su patria de la total devastación. Es por ello que eternamente se le reconoce al “héroe de Gallipoli” como el padre de la patria. Es tan apasionado el fervor que despierta su figura que en todas las ciudades y pueblos hay estatua que honra su memoria.

La frontera turco-iraquí actual fue fijada en el tratado que se firmó en Ankara en 1926. Mosul fue cedida a la Gran Bretaña con la condición que las potencias europeas suspendieran sus agresiones sobre la región y que durante 25 años a Turquía se le concediera un 10% de las ganancias petrolíferas. Se trataba de un compromiso de alto el fuego de carácter provisional.  El golpe de estado militar de 1958 encabezado por el coronel Abdul Qarim  depuso y ejecutó al rey Faysal II. A partir de ese momento los golpistas anulan todos los acuerdos firmados entre la monarquía Hachemita y el gobierno Turco.

La reconquista de Mosul se ha puesto en marcha con la participación de las milicias iraquíes chiítas,  y Peshmergas kurdos de Barzani apoyados por los países de la Coalición Internacional que han entrenado las tropas durante meses dotándolas de armamento moderno y sofisticado. Como el yihadismo es el principal peligro para la seguridad del occidente libre y democrático (capitalista)  hay que exterminarlo. El avance de las tropas está cubierto por la aviación y los helicópteros artillados y aparentemente no existe ningún obstáculo que los pueda detener. Esta ofensiva causará un considerable aumento del  número de refugiados y el recrudecimiento de la tragedia humanitaria. Se calcula que podrían huir de la región aproximadamente medio millón de personas.  Raqqa en Siria  es la capital política del EI, mientras que Mosul es la capital espiritual y económica. Allí se supone que permanece atrincherado el califa Abu Bakr Al Baghdadi junto a su Estado Mayor. 

El gobierno Turco de Erdogan sabe que las milicias kurdas del  CRK (junto a las milicias chiíes que actúan bajo órdenes de la Coalición Internacional) tendrán un papel destacado en la batalla por Mosul. Algo que no cuenta con su beneplácito pues prefieren que sean fuerzas locales las que combatan. Seguramente en el caso que se consume la victoria los kurdos exigirán prebendas territoriales. La toma de Mosul traerá aún más violencia sectaria. Un odio y unas ansias de revancha que nos tememos se perpetuarán por generaciones.

El ejército Turco desde hace meses está acantonado en la base de Basiqha a 12 kilómetros al norte de Mosul (el gobierno iraquí los define como ocupantes) Turquía defiende su presencia en la región por sus evidentes lazos históricos. Al fin y al cabo el sueño del padre de la patria Ataturk era recuperar estos territorios perdidos tras la desmembración del Imperio. Ankara afirma que mantendrá su ejército en las cercanías de Mosul para prevenir una tragedia humanitaria. “En Irak operan 63 países como integrantes de la Coalición Internacional que combate el yihadismo y nosotros también hacemos parte de la misma” -aducen las autoridades otomanas. “las regiones cerca de nuestras fronteras no tienen que suponer una amenaza terrorista”  (especialmente el PKK) -Davutoglu, primer ministro de Turquía.


Carlos de Urabá 2016

samedi 4 octobre 2014

Papá se va a la yihad.




Si tuviéramos que resaltar cuál ha sido la principal logro de las  intifadas árabes que se iniciaron el 2011 en Túnez, Libia, Egipto,  Yemen, Bahréin o Siria tendríamos que responder sin ninguna duda que el haber quebrado el orden establecido. Porque remover las anquilosadas estructuras de esos regímenes dictatoriales corruptos y sanguinarios que pretendían eternizarse en el poder es algo que raya en lo sobrenatural.


Desafiar la autoridad de  los reyes o dictadores es un sacrilegio imperdonable, una afrenta que merecía un severo escarmiento. De ahí la salvaje represión desatada para desmovilizar manifestaciones pacíficas que reclamaban libertad y democracia. -  En el caso de Siria  el ejército de Bachar Al Assad empleó incluso tanques, aviones o helicópteros para aplastar a los “peligrosos terroristas que desestabilizaban el país”.  


A pesar del brutal castigo aplicado por el  ejército, la policía, el muhabarat, la shabiha las protestas continuaban todos los viernes (el salat yuma) en las mezquitas (En Siria está prohibida la libertad de reunión)   Poco a poco en las principales ciudades  Homs, Hama, Damasco, Deraa, Alepo, Banyas se fue extendiendo la Intifada en una clara demostración de coraje y valentía.


El número de víctimas de las masacres iba en aumento, semana tras semana se contabilizaban cientos de muertos, desaparecidos, encarcelados, torturados. Sin piedad  los fusilaban a mansalva, les lanzaban bombas de napalm o  armas químicas tratando de fumigarlos como si se tratara de una plaga de ratas. Para el gobierno sirio no existe el diálogo, no hay nada que discutir ni negociar con los sublevados.  La única opción para que vuelva a imperar la paz y la tranquilidad  es la militar, es decir, el exterminio.


Este clima de terror desató la guerra civil y el éxodo de millones de pobladores -la mayoría sunitas- que empezaron a huir a los países vecinos en un desesperado intento por salvaguardar sus vidas. Según las últimas estadísticas de la ONU ya son casi 3.000.000 de desterrados y 6.000.000 de desplazados internos. Una de las mayores emergencias de la ACNUR en toda su historia.  Esta es una catástrofe humanitaria de primera magnitud a la que se ha destinado un presupuesto que supera los 6.500.000 de dólares anuales. Desgraciadamente este mes de octubre tendrán que rebajarse las raciones de comida pues se agotaron los fondos que envían los países donantes.


Los refugiados no se cansan de repetir que: “si con nosotros no se aplican los derechos humanos, que al menos se apliquen los derechos de los animales porque maltratar a un perro o un caballo en cualquier país civilizado está penado por la ley”.   Y lo peor de todo es la angustiosa situación de millones de personas tiradas en esos vertederos humanitarios del Líbano, Irak, Turquía o Jordania cuyo futuro se parece cada vez más al drama del pueblo palestino.


A pesar de las masacres y matanzas provocadas por el ejército sirio ningún país occidental se movilizó para detener este demencial holocausto. Despreocupados por completo se limitaban a enviar sus cartas de condolencia y hacer votos por una pronta resolución del conflicto. Conflicto que confiaban se resolviera a través de los cauces diplomáticos, es decir, con el eficaz concurso de los mediadores internacionales. Pero cuando se dieron cuenta de lo que se venían encima, ya era demasiado tarde. Si no llega a ser por la presencia de la ONU, la Cruz Roja y las ONGs  miles de personas hubieran perecido de hambre y enfermedades.


Se sabía de antemano  que la única manera de proteger a la población civil era mediante una intervención militar de los Cascos Azules la ONU, o de una fuerza de interposición de la Liga Árabe. Pero al no encontrarse un consenso al respecto se desestimó esta opción pues Rusia y China, los países amigos de Siria, ejercían el derecho a veto sobre cualquier fallo que atentara contra sus intereses.


Las imágenes que  transmitían al mundo los canales de televisión sobre el desarrollo de la  guerra produjeron entre los musulmanes sunitas un impacto emocional tremendo. Tales escenas de  extrema crueldad; masacres y asesinatos a sangre fría o cuerpos descuartizados de niños, mujeres y ancianos les removieron las entrañas. Se habían sobrepasado todos los límites y no podían permanecer pasivos ante tamaña humillación. Resucitaban viejas rencillas y rencores, heridas aun sin cicatrizar desde tiempos inmemoriales. Entonces, los mufties y ulemas emitieron una fatwa declarando  la Guerra Santa contra los infieles chiitas, sus encarnizados enemigos desde la batalla de Kerbala acaecida en el año 680.


Este era el momento preciso, la coyuntura histórica que esperaban los islamistas para intervenir y no podían desaprovechar la oportunidad.


La llamada a la yihad surtió efecto deseado y miles de voluntarios de toda la Umma se dispusieron a sumarse a las filas del “ejército de Allah” para librar la guerra santa contra los apóstatas nusairíes (alauitas) y sus aliados cristianos, chiitas libaneses, los rusos e iraníes. A los guerreros muyahidines no les fue difícil entrar en Siria por los innumerables pasos clandestinos que existen en la frontera con Irak, Turquía, Jordania o el Líbano.  La palabra revelada en el libro sagrado tenía que cumplirse: “Combatid todos contra los politeístas, igual que ellos combaten contra vosotros”. Algo parecido sucedió en su momento en los Balcanes, en Chechenia, en Afganistán, en Irak, o en Libia.  El buen musulmán debe demostrar su valentía en el campo de batalla pues  Allah le tiene reservada la más valiosa de las recompensas.


Es difícil creer que los servicios secretos occidentales de la CIA, el Mossad, el M16 o SIS inglés, BND alemán, DGSE francés,  que trabajan desde hace décadas en la zona, no estuvieran al tanto del cataclismo que se avecinaba. Porque ellos cuentan con medios tecnológicos (seguimiento satelital, rastreo de comunicaciones) y el personal especializado (espías, informantes o agentes infiltrados)  capaces de  detectar el más mínimo movimiento sospechoso.  En todo caso los gobiernos y la opinión pública occidental se mantenían al margen indiferentes al dolor de la población civil que desesperada profería angustiosos gritos de socorro. El único consuelo que les quedaba era implorar la clemencia y misericordia de Allah. 


Hasta que de repente y sin saber muy bien porqué de lo más profundo de las arenas del desierto llegaron a bordo de una caravana de jeeps unos extraños individuos vestidos de riguroso luto que exhibían en  una mano el Corán y en la otra la espada justiciera de Allah, el seif al islam. Los “barbudos” o awfu al-liha, al grito de ¡Allah akbar! enarbolando  la bandera de la shahada (la ilah illa Allah) prometieron brindarles protección y ayuda. A cambio debían acatar las leyes de la Sharia y jurar obediencia a las nuevas autoridades islámicas. “El que no crea en nuestros signos lo arrojaremos la fuego”


Los grupos yihadistas de diferentes denominaciones comenzaron a ganar terreno y sumar incondicionales. 


Desde el siglo XIX el imperialismo en sus delirios expansionistas ansiaba dominar Oriente Medio y Asia central pues sabía de antemano que allí se encontraban las reservas de petróleo más importantes del planeta. Gracias al control de los hidrocarburos y las rutas de abastecimiento el sistema capitalista ha podido alcanzar su extraordinario apogeo.


Es tal su codicia y  rapiña que sólo hay que observar las intervenciones militares llevadas a cabo en los últimos cuarenta años en la zona: la invasión de  Afganistán por la Unión Soviética  en 1979,  la guerra de Irán –Irak en 1981,  la guerra del Golfo en 1991,  la invasión de Afganistán (como consecuencia de los  atentados cometidos por Al Qaeda el 11 de septiembre 2001 en New York y Washington) y  la guerra de Irak en 2003 -con el posterior  derrocamiento de Sadam Hussein- y ahora la guerra del Imperio USA contra el Califato EIIL en el 2014.


Tras la caída del muro de Berlín y el final de la guerra fría EE.UU precisaba de un nuevo rival que ocupara el puesto de la Unión Soviética. O si no ¿cómo iba a  justificar el gasto de su carrera armamentística y el desarrollo de su industria bélica?


EEUU y sus satélites pronto encontraron en el fundamentalismo islámico el enemigo perfecto que estaban buscando. Basta con analizar La cronología de los atentados cometidos por los grupos y células afines al Qaeda: Kenia, Tanzania en 1998, New York 2001, Bali 2002,  Madrid 2004, Londres 2005. La potencia hegemónica como guardián de la paz y la seguridad mundial debía neutralizar la amenaza terrorista.   Los estrategas del Pentágono diseñaron una nueva táctica lanzando ataques fulminantes por medio de drones capaces de abatir los blancos con un ciento por ciento de efectividad en remotas áreas de  la península arábiga, Yemen, Somalia, Egipto, Irak, Sudán, Afganistán o Pakistán. Estos asesinatos selectivos, sin juicio previo, que tienen como finalidad eliminar a los cabecillas e ideólogos han causado cientos de muertos entre la población civil  -“daños colaterales”- y que sin ningún reparo han sido legalizados por la comunidad internacional.  Con toda certeza los drones serán el arma estelar en la actual ofensiva de la coalición imperial que combate a los yihadistas en Siria e Irak.


En las cárceles, como no podía ser otro lugar, fue donde se formaron las más importantes figuras del yihadismo. El actual líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri sufrió horripilantes torturas  durante los tres años que estuvo preso en la cárcel de Tora, Cairo, al- Zarqawi,  quien dirigiera hasta su muerte al-Qaeda Mesopotamia, pasó cinco años en la tétrica prisión de Juwaidah en  Amman,  el nuevo califa del EIIL Al- Baghdadi cumplió 4 años en la cárcel de Kambuka –sometido a los más duros castigos por las fuerzas norteamericanas que invadieron Irak en 2003. Se perseguía a cualquier persona que resultara sospechosa por su aspecto físico, su forma de vestir o sus ideas religiosas. Todos eran culpables de promover el fundamentalismo islámico o conspirar contra sus impíos gobernantes.


Los invasores americanos y sus aliados pensaban que iban a extirpar “la semilla del mal” aplicando los más aberrantes y brutales métodos de tortura. La cárcel de Abu Ghraib en Bagdad o el campo de concentración de Guantánamo en Cuba son el mejor ejemplo para comprender sus diabólicas  intenciones (Trabajo sucio que corría a cargo de los servicios secretos de Jordania, Egipto, Arabia Saudita, Yemen o EAU).


Desde luego que hay leyes físicas que se pueden aplicar perfectamente al comportamiento humano. Sólo basta con analizar lo que ocurre cuando se tira una pelota contra la pared, pues ésta rebotará con mayor o menor intensidad dependiendo de la fuerza con que se haya lanzado.


Tal vez la agonía de millones de seres humanos a la deriva  y  unos cientos de miles de muertos era algo que esos pobres miserables deberían asumir con resignación.  Pero se equivocaron porque  la dignidad humana no se puede pisotear de una manera tan humillante. El legítimo derecho a la defensa es parte inalienable al instinto de conservación de nuestra especie.


Poco a poco se fue organizando la resistencia armada con voluntarios y desertores del ejército sirio que conformaron los primeros batallones del ELS. (Ejército Libre Sirio). El brazo armado de la gran Coalición Nacional Siria que se proyectaba como alternativa de gobierno una vez cayera el dictador Bachar Al Assad. Esta guerrilla de carácter nacionalista y secular pretendía reunir a las distintas sectas y confesiones, clanes y tribus existentes en el país y unificar la resistencia.  Pero poner de acuerdo a  sunitas, chiitas, cristianos, drusos o kurdos con  intereses y conceptos religiosos tan dispares es una misión prácticamente imposible. Con la oposición dividida y sin unidad de acción las expectativas no podían ser más pesimistas.


Además, el apoyo bélico prometido por los EE.UU y las potencias europeas se limitaba al suministro de  armas cortas  y material defensivo. Así que muy pronto se vieron eclipsados por los grupos islamistas que recibían ayuda económica y armamento moderno procedente de Qatar o Arabia Saudita (cuna del Salafismo-wahabita) y donaciones de  acaudalados magnates del Golfo Pérsico. Entre los diversas katibas o batallones de milicianos debemos destacar: el frente Al Nusra pro al Qaeda, los salafistas, los muyahidines del Estado Islámico de Irak y Levante,  el Frente Islámico, los Hermanos Musulmanes, el movimiento Hazm Muyahidín y Nuruddin, Ahram al Sham, Khorasan (conformado por veteranos de Al Qaeda procedentes  de Afganistán y Pakistán), filipinos del Frente Moro, chechenos, tunecinos, libios,  además  miles de musulmanes sunitas y conversos originarios de EE.UU y Gran Bretaña, España, Francia Alemania, Australia, la mayoría  jóvenes pertenecientes a familias árabes que emigraron a dichos países. (En Europa hay 44 millones de musulmanes y en EE.UU 2 millones)  Lo incomprensible del caso es que  no sólo se baten contra las tropas de Bachar Al Assad, sino también contra los otros grupos rivales. El Ejército Libre Sirio los considera mercenarios extranjeros ajenos a un conflicto y ellos a la vez los acusan de moderados al servicio de occidente (Sahwa).


La clave para reclutar nuevos adeptos ha sido la exitosa campaña propagandística emitida por los canales de televisión, Internet o teléfonos móviles. Con un discurso apocalíptico inspirado teología coránica justifican el imponderable deber de unirse a la yihad liberadora. A los aspirantes se les promete una aventura llena de emociones fuertes, mucha acción y el mayor regalo: el martirio. “Esta es una guerra santa en defensa de los valores del Islam y sólo un diluvio de sangre podrá  purificar la tierra santa mancillada por el káfir (los infieles)”


Los yihadistas del EIIL han demostrado una increíble violencia y sadismo imponiendo la ley del terror en un macabro juego donde el culto a la muerte es el paradigma.


¿Y qué iban a hacer los jóvenes sirios hundidos en la marginalidad y el desempleo, que han perdido familiares y amigos? Siria está en la ruina,  salvajemente demolida, y sin valores éticos ni morales. Envilecidos por el odio no tienen nada que perder y al menos empuñando kalashnikov pueden sentirse poderosos y hacer justicia por su propia mano.


Al llamado a la yihad no sólo acudieron los jóvenes sino también hombres maduros, mujeres, viejos y hasta niños. Yo fui testigo del caso del Dr. Ghassan Al Masri residente en Amman y natural de Deraa, en el sur de Siria. Un hombre creyente y fiel a los principios islámicos que no podía soportar el drama que atravesaba su pueblo. Cuando por casualidad encontré a su hijo en la calle y  le pregunté por su padre, este me respondió de la forma más natural del mundo: -“wuakad zahab al Baba ili al yihad” “papá se ha ido a la yihad”. Poco tiempo después en el  hospital donde el Dr. Ghassan trabajaba me informaron que él  había caído en un combate cerca del paso fronterizo de Ramtha. Y lo más trágico es que un mes después su hijo mayor también corrió la misma suerte. Ambos recibieron certeros disparos en la frente de un francotirador del ejército sirio convirtiéndose en mártires de la yihad. http://youtu.be/0eWBwMumB7Q


Tras la ocupación de Irak por los EE.UU y el derrocamiento de Sadam Hussein los antiguos mandos militares del baazismo organizaron la resistencia armada realizando múltiples atentados contra las fuerzas invasoras. Lentamente surgieron en medio del caos los grupos extremistas pro al Qaeda infiltrándose en las regiones donde contaban con el apoyo de las tribus y clanes sunitas. Cuando EE.UU inicia la retirada en el año 2011, creyendo que había cumplido con la misión pacificadora, se recrudeció el conflicto sectario por el odio que inspiraba entre los sunitas el gobierno del chiita Al Maliki. Tan sólo en este año 2014 más de 5.500 personas han perdido la vida en diversos atentados (coches bombas o comandos suicidas) cometidos por grupos paramilitares tanto sunitas como chiitas.

A partir del estallido del conflicto sirio el Estado Islámico de Irak y Levante (nacido a la sombra de al Qaeda y que se financia a base del secuestros, extorsiones, contrabando de petróleo, impuestos o el sakat)  demostró su espectacular poderío tomando en marzo de 2013 la práctica totalidad de la provincia de Raqqa en Siria. Un golpe de efecto que le ha servido como reclamo publicitario para atraer a miles de adeptos y ganarse las simpatías de los musulmanes sunitas. “El ejército victorioso de Allah”  continúa la ofensiva sobre las provincias de Ambar y Nínive y en el mes de junio tras lanzar un demoledor ataque capturan Mosul, la segunda ciudad de Irak.  Acto seguido proclaman solemnemente el Califato de Siria y Levante--el sueño dorado de Osama bin Laden- entronizando al nuevo califa de todos los musulmanes Abu Bakr Al Baghdadi. Y para celebrar el advenimiento de una nueva era derrumban los hitos fronterizos impuestos por el colonialismo usurpador.  Haciendo gala de una capacidad de fuego asombrosa avanzaron sobre Faluya, Ramadi, Tikrit, y Samarra (desplazando a 1,200.000 personas)  quedándose a tan sólo 60 kilómetros de Bagdad. Ante tan devastadora arremetida miles de soldados iraquíes desertaron presas de pánico. De nada valieron los 25.000.000 de dólares que había  invertido EE.UU a lo largo de la última década para entrenar y equipar a las fuerzas armadas iraquíes.


Todos estos sucesos muchos los interpretaron como el anuncio del advenimiento del tiempo mesiánico o el Armagedón bíblico.


El escenario no podía ser más escalofriante: ejecuciones en masa, cuerpos descuartizados, cabezas cercenadas, crucifixiones, degollamientos y una orgía de sangre sin precedentes.


Ante la gravedad  de los acontecimientos el presidente Obama anuncia que EE.UU se dispone a intervenir en la zona junto a una gran coalición mundial. (Respaldada por más de treinta países y con el visto bueno de la ONU) “Tenemos que actuar con contundencia ante los crímenes y la limpieza étnica perpetrada en Irak por el EIIL contra las minorías cristianas y yazidíes. Hoy más que nunca está en peligro la paz y la seguridad de la civilización occidental - ¡Que Dios Bendiga a EE.UU! ¡Que Dios bendiga a nuestros soldados!” Igual que en la época de las cruzadas el imperio más poderoso de la tierra le declara la guerra al califato islámico,  la bestia del apocalipsis.


La OTAN, cuyo deber es velar por la paz y estabilidad del mundo, desplegará todo el poder ofensivo a su alcance; las bases militares, el armamento más sofisticado o sus miles de soldados que le otorgan el dominio del espacio aéreo y, como si fuera poco, del mar Mediterráneo, el mar Rojo o el golfo Pérsico.


Para nadie es un secreto que la ofensiva aliada que apenas comienza no va más que  a elevar la tensión y multiplicar el dolor y el sufrimiento. La población civil como siempre es la que pagará las nefastas consecuencias.  Por lo pronto el EIIL amenaza con atacar los intereses de los gobiernos que participan en la campaña  de exterminio. De inmediato se ha decretado la alerta roja y los ciudadanos occidentales residentes en Oriente Medio y en los países árabes deben tomar medidas extremas de seguridad.  El riesgo a ser víctimas de secuestros o atentados es demasiado alto. Y no sólo en el exterior sino también en EE.UU y Europa pues los yihadistas cuentan con células durmientes y una legión de “lobos solitarios” dispuestos a lanzar ataques terroristas en el momento menos previsto. Queda totalmente prohibido viajar a países como: Pakistán, Yemen, Argelia, Mali,  Siria, Egipto, Sudan, Somalia,   incluso hasta el Líbano o Jordania. Tampoco es recomendable realizar viajes de turismo a los paraísos exóticos del Medio Oriente a no ser que estén protegidos por el ejército o el personal de seguridad.  La psicosis y la paranoia dominarán una vez más nuestra vida cotidiana.


El enfrentamiento entre el islam y el occidente judeo-cristiano se encuentra en su punto más álgido. Los prejuicios raciales y confesionales lejos de disminuir, se disparan. A 1.500 millones de musulmanes se les ha calificado de “asesinos en potencia” “seres crueles y desalmados pertenecientes a una religión medieval que predica el odio” “una peligrosa gangrena que corroe el mundo”. Del otro lado,  occidente representa la decadencia, el pecado, el vicio y el ateísmo. “Los herejes cristianos politeístas merecen ser condenados al yahannam (infierno)” Los esfuerzos por encontrar caminos de paz y armonía son cada vez más infructuosos.


¿Cómo se va a resolver esta compleja ecuación matemática: odio, venganza, rencor? ¿Tal vez  enviando a la VI flota norteamericana con sus portaviones, destructores y  submarinos? 


Esta guerra promete ser muy larga y costosa y es posible que pueda  extenderse un  par de siglos tal y como aconteció en la época de las cruzadas. El imperialismo depredador es insaciable y no conoce límites.  Si  ayer fue en Afganistán,  hoy es en Irak y Sira,  mañana quizás sea  Pakistán, en la India, en Irán, Somalia o Egipto.  


Oriente Medio se ha convertido en el  teatro del absurdo: Israel bombardea Gaza sin objeciones, EE.UU invita a Irán, “el monstruo del eje del mal”, a que se una a la coalición internacional que lucha contra el EIIL; los kurdos colaboran con su enemigo más enconado, el ejército turco,   EE.UU ataca a Siria, no para derrocar a Bachar al Assad, sino para combatir al yihadismo. Existen muchas variables y en este tablero de ajedrez no se sabe muy bien cuál será el próximo movimiento. Pero lo que está muy claro es que al rey Israel nadie puede intimidarlo.


Todo esfuerzo por pacificar la región será en vano sino se hace justicia con el pueblo palestino.

Lo que verdaderamente le conviene a EE.UU es que los chiitas y sunitas se destruyan entre ellos mismos -al estilo de la guerra Irán-Irak- que se agoten y se ahoguen en su propia sangre para que ninguno de los dos salgan victoriosos. De esta manera no representan ningún peligro y su destino será la fragmentación y el caos.   Sólo se salvarán  aquellos países que se acojan a la tutela de EE.UU que es la garantía de orden y la estabilidad gracias a su generosa ayuda económica y militar.


Ese creciente fértil  regado por los ríos milagrosos el Éufrates, Tigris, el Jordán o el Nilo, donde se gestaron las civilizaciones más esplendorosas de la humanidad, hoy no es más que un campo de batalla donde se libra un feroz duelo entre oriente y occidente. Esta guerra no pretende tan sólo dominar  las materias primas, el gas o el petróleo, sino también imponer los principios de la sociedad de consumo capitalista. El férreo sometimiento tecnológico a través de los medios de comunicación de masas no tiene otro fin que alienarlos y anular su identidad. Hay que elegir entre civilización o barbarie, entre ciencia o superstición, entre la razón o el fanatismo.  La modernidad  ha desacralizado el islam colocando en tela de juicio la fe o el din, incluso hasta la santidad del Profeta o la  existencia de Allah.


Asistimos, pues,  no sólo a un conflicto armado, sino a un conflicto de ideas, de conceptos, un conflicto cultural y religioso e ideológico donde a falta de intermediarios no hay ninguna negociación posible.


Para comprobar el estrepitoso fracaso de la política intervencionista norteamericana basta con recordar las palabras pronunciadas por el presidente George Bush hace ya más de una década: “América está en guerra. Combatiremos a nuestros enemigos en el exterior en vez de esperar que ellos lleguen a nuestro país”  “la ocupación de Irak ha hecho del mundo un lugar más seguro y más libre. La historia me dará la razón”


Carlos de Urabá 2014