La jaula

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por la emancipación de los pueblos
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jeudi 31 janvier 2019

Se cumplen 40 años del triunfo de la revolución islámica de Irán.


El desafío de la Yihad en el nuevo orden mundial.


El 16 de enero de 1979 el Sha de Irán y su esposa la emperatriz Farah Diba -a pesar de la protección militar y económica que le brindaba la administración Carter- apresuradamente deben abandonar Irán. ¿Qué ha sucedido para que tengan que partir de una manera tan precipitada?  Antes de subir al avión declaran a la prensa que necesitan tomarse unas merecidas vacaciones en EEUU pues están agotados con su apretada agenda institucional. Pero en realidad escapaban de la insoportable espiral de violencia ejercida por el ejército y la policía para reprimir las manifestaciones antimonárquicas que dejaron cientos de muertos, heridos y detenidos.  La anarquía se extiende por todo el país, las turbas incontroladas incendiaban o saqueaban las oficinas públicas, los bancos, las empresas extranjeras o  derribaban las estatuas y monumentos  pertenecientes a la dinastía Pahleví. Muchos manifestantes con las manos manchadas de sangre de los mártires iracundos exigían venganza. El comandante de la Guardia de Hierro Fuzollah Nazimi previno al Sha de un inminente asalto al  Palacio de Miagaran.  Así que  no lo quedaba más remedio que huir para salvaguardar su vida, la de su familia y sus bienes patrimoniales. Antes de abordar el avión Boeing 707 Shahin (Halcón) cargado con más de una tonelada de maletas y cofres de seguridad, su majestad imperial le dio su bendición al primer ministro Shapur Bajtiar conminándole a dirigir con sabiduría y aplomo el reino hasta su pronto regreso. En las calles mientras tanto las muchedumbres vociferaban ¡Libertad, justicia, Dignidad! ¡El Sha se ha ido, muerte el Sha!  



Por ese entonces el imperialismo norteamericano y las potencias occidentales sin mayores objeciones dominaban a su antojo Oriente Medio. La injerencia y el intervencionismo en la región data de los años treinta del siglo pasado cuando las compañías multinacionales, principalmente americanas, inglesas o francesas, comenzaron a explotar las inconmensurables reservas de hidrocarburos.

El 1 de febrero de 1979 aterriza en el aeropuerto de Mehrabad de Teherán un jumbo jet de la compañía Air France procedente de París. A bordo del mismo se encuentra una autoridad religiosa de gran carisma y respeto.  El Ayatolá Jomeini  regresa triunfante del largo exilio al que fue condenado por el régimen del Sha. Se abre la puerta de la aeronave y por la escalerilla van descendiendo un interminable séquito de clérigos y mulás que lo escoltan mientras que el ayatolá con precaución baja uno a uno los escalones ayudado por el mismísimo comandante de la aeronave. En la pista les espera el comité de bienvenida organizado por el Consejo Revolucionario Islámico (compuesto por un núcleo duro de clérigos y estudiantes –embrión de los guardianes de la revolución) que lo reciben con cánticos coránicos y gritos de ¡Allah akbar!

De inmediato Jomeini aborda un jeep Ford que se suma a una larguísima caravana de vehículos y motos que enfilan rumbo al centro de la ciudad. Por las calles y avenidas se desborda una marea humana de millones de personas presas de un delirio místico incontenible, un clímax sublime solo comparable con las fiestas de la Ashura ¿es quizás Jomeini el mahdi o el imán oculto? A lo largo del camino se repiten las escenas de histeria colectiva, la gente se abalanza sobre el jeep del Ayatolá; en medio del caos muchos son atropellados, otros caen de bruces y se revuelcan en el piso mientras la multitud corre enloquecida lanzando alaridos de felicidad. Sin lugar a dudas que en Irán despunta un nuevo amanecer ¡que los mártires resuciten, Jomeini ha llegado!

La revolución islámica, la primera en ser transmitida en vivo y en directo por la televisión, se pone en marcha a una velocidad vertiginosa. Desde todas partes de la ciudad se escucha la llamada del muecín anunciando el advenimiento de una nueva era. Tal y como estaba previsto el Ayatolá y sus seguidores se dirigen al cementerio de Behestht-e Zahra a homenajear a los mártires, sus hijos predilectos a los que les debe pleitesía. Hombres, jóvenes,  mujeres y niños de todas las condiciones sociales que a sangre y fuego cayeron asesinados a sangre por el régimen tiránico del Sha. Las inabarcables multitudes de devotos rítmicamente se dan golpes en el pecho recitando cánticos de alabanza chiitas; los más fanáticos se flagelan, otros se desmayan mientras el desgarrador llanto de las plañideras cubiertas con abayas negras pone una nota dramática en el ambiente. El ayatolá Jomeini pronuncia un emotivo discurso donde califica al Sha de “verdugo que merece quemarse en el fuego eterno del yahannam (infierno)” “Este  hereje  ha mancillado las enseñanzas del profeta al corromper al pueblo con la pecaminosa influencia de la cultura occidental.

En el referéndum popular llevado a cabo del 30-31 de marzo de 1979 se aprobó por inmensa mayoría la instauración de la República Islámica de Irán.   Un hecho histórico que significa que desde ese instante el Corán y la Sharia regirán la vida cotidiana de los ciudadanos-devotos a modo de Constitución Teocrática. La democracia espiritual impuso un patriarcado de corte fundamentalista bajo la tutela de los ayatolás y mulás.  El primer mandamiento: velar por el camino recto, la pudorosa moral y la segregación sexual o separación por sexos.

Cuando el Sha se encontraba tratándose del cáncer en un hospital de San Antonio (Texas)  se produce la toma de rehenes en la Embajada de EEUU en Teherán. Los estudiantes islámicos exigían canjear a los representantes diplomáticos americanos por el Sha y su incalculable fortuna fruto del latrocinio llevado a cabo durante décadas a las arcas del reino.

La humillante derrota de los ejércitos árabes en la guerra de 1948 trae como consecuencia la proclamación del estado de Israel. Este fue un golpe demoledor del que jamás han podido recuperarse. Y es que el sionismo hundió sus garras en pleno corazón de Oriente Medio dispuesto a sembrar la muerte y destrucción con tal de asegurar su supervivencia. En el año 1967 estalla la Guerra de los Seis Días con el consabido desastre del Naksa donde los ejércitos árabes son nuevamente derrotados. Nasser  el héroe de república Árabe de Egipto, quien había recuperado el canal de Suez e impulsor del Panarabismo se desploma de su pedestal. Más adelante en la guerra del Yom Kippur en 1973  las fuerzas árabes lanzan un contrataque sorpresa con la intención de recuperar el terreno perdido, pero fracasan. Se consuma entonces la expulsión definitiva de millones de palestinos que tuvieron que buscar refugio en los países vecinos. Tan devastadora crisis humanitaria que está aún por resolverse  es la piedra angular de las negociaciones de paz entre judíos y palestinos. Indudablemente que a los musulmanes les persigue una fatal maldición casi imposible de conjurar. La sentencia definitiva se pronunció el día 17 de septiembre de 1978 cuando tras semanas de conversaciones secretas Egipto e Israel firmaron el tratado de paz en Camp David. Acuerdo que supuso una desgarradora fractura  en el  mundo árabe y musulmán muy difícil de recomponer. ¿Cómo levantar la moral? El advenimiento de la revolución islámica al menos les devolvió un hálito de esperanza.

En 1967 el Sha en una fastuosa ceremonia llevada a cabo en el palacio de Golestán  se  autoproclamó emperador al mejor estilo Napoleón Bonaparte ¡Javig Sha! (¡larga vida al Sha!) el rey de reyes y luz de los arios se ciñó el mismo sobre sus sienes una pesada corona imperial de platino con 3.380 piedras preciosas incrustadas mientras hierático empuñaba un precioso cetro de oro de 18 quilates. Y una vez ungido él mismo coronó a su serenísima esposa Farah Diba como emperatriz.

En 1971 el Sha en un arrebato de megalomanía y narcisismo celebró los 2500 años del imperio persa (con un costo de 300 millones de dólares) Está apoteósica ceremonia llevada a cabo en la ciudad de Persépolis reunió a la flor y nata de la realeza, los presidentes y  primeros ministros de más de 60 países que presenciaron una representación  digna de las mil y una noches.  El Sha Reza Pahlevi pretendía consolidar su imagen como “rey de reyes” y  resucitar la vieja gloria del imperio persa. “Tengo una misión que viene de Dios. Una orden divina” Al tiempo que el Sha se empeñaba por modernizar y occidentalizar el país también decidió resucitar las antiguas tradiciones persas. Tan obscena exhibición de  lujo y derroche que ignoraba las condiciones miserables de vida de su pueblo fue uno de los detonantes de la revolución islámica. Sin olvidar la afrenta más imperdonable cuando en 1950 el Sha reconoció al estado de Israel y abrió la embajada en Jerusalén. Un gran porcentaje de la riqueza extraída por la industria petrolífera  y  gasífera se dedicaba a patrocinar los más estrafalarios caprichos de la dinastía Pahleví.

En esa época a finales de los años setentas el mundo estaba inmerso en la guerra fría entre la Unión Soviética y los EEUU, es decir, el comunismo contra el capitalismo; el Pacto de Varsovia contra la OTAN.  Una bipolaridad  en la que se alineaban de uno u otro bando sus satélites según el reparto realizado en la conferencia de Potsdam. Nadie se podía imaginar que existiera una “tercera vía” y menos que esta  fuera religiosa. Porque la revolución islámica confrontó a los dos bloques y vino a alterar el equilibrio geoestratégico de todo Oriente Medio. El islam, tras  caída del comunismo, se erige en el nuevo enemigo de occidente.  

¿Quién le iba prestar atención a un  anciano venerable vestido con la tradicional ghaba y tocado con un exótico turbante o amame que se dedicaba a orar e impartir discursos teológicos entre sus embelesados devotos? El Ruhollah (aliento divino) Jomeini se le consideraba también Sayyid o descendiente del profeta Mohamed, realizó estudios en ética, retorica, jurisprudencia, filosofía, astronomía, matemáticas, lógica o gnosticismo. Este intrigante predicador se convirtió en el máximo opositor al Sha de Persia junto con los militantes del partido comunista Tudeh y la Unión Socialista. El Ayatolá que se distinguía por un inmenso fervor místico usaba un lenguaje sencillo y comprensible para llegar al alma de su pueblo. Pero a pesar de esta imagen beatifica de poeta sufista no le temblaba la mano a la hora de ordenar ejecuciones y severos castigos tanto individuales como colectivos.

Occidente, (con su  agentes secretos y agencias de inteligencia)  no supo prevenir a tiempo el cataclismo que se estaba gestando en Irán. Es increíble que una revolución de carácter religioso tuviera tal repercusión a nivel planetario. La caída del Sha Reza Pahleví va a configurar un nuevo orden mundial. 

Una antigua creencia persa asevera que cada siglo Allah envía un líder espiritual con la misión de transformar a la humanidad. El imán Jomeini  hablaba de proclamar el reino de Allah en la tierra y limpiar la decadencia moral y la corrupción de una sociedad en la que  proliferaban las perversiones más abyectas: el alcohol, las drogas, la música, pornografía, la prostitución, el homosexualismo, los casinos y los juegos de azar o la prostitución. La culpa la tienen esos gobernantes musulmanes pro occidentales, apóstatas y adoradores del becerro de oro.

El chiismo ha demostrado ser una rama inflexible del islam guerrero y espiritual. “La sangre es la única capaz de redimir a nuestro pueblo” El amor por Irán se traduce en una respuesta ultranacionalista en la que cada ciudadano-devoto debe asumir su juramento de sumisión a Jodá o Allah como creador y sustentador del universo.

Ya desde 1963 los servicios secretos del Sha habían fichado al Imán Jomeini a raíz de su oposición a la Revolución Blanca que pretendía imponer medidas secularizadoras como la emancipación de la mujer y la reforma agraria que expropiaba las tierras de los clérigos. Tras acusar a la dinastía Pahleví de “enemigos de la religión” y ante las amenazas de la policía secreta del Sha (Savak) en 1964 tuvo que exiliarse en Irak (Náyaf). No obstante sus fieles continuaron escuchando sus prédicas a través de los casetes que entraban clandestinamente a Irán y eran repartidos por todas las mezquitas del país. Lo cierto es que la mayor parte de los presos políticos pertenecían al Partido Comunista y que posteriormente se adhirieron a la causa de los ayatolás confiados en derrocar al Sha. Pero una vez triunfó la revolución fueron traicionados por los clérigos chiitas que los persiguieron por profesar una ideología contraria a los preceptos islámicos. El genocidio de las fuerzas de izquierda es uno de los capítulos más sombríos de la política de limpieza ideológica ordenado por el marja Jomeini. Según Amnistía Internacional tales prácticas represoras  tienen su punto culminante en las ejecuciones de presos políticos iraníes en 1988 donde fueron masacrados tanto los militantes de los Muyahidines del Pueblo Iraní como de los  Fedaian y el Tudeh.

El islam es considerado por occidente como una doctrina arcaica más propia del medioevo. La ciencia y la tecnología mataron a ese Dios abstracto y etéreo cuya existencia solo se demuestra por medio de dogmas de fe. En occidente política y religión están separadas y constitucionalmente se ha impuesto la laicidad. La antigua Persia fue la cuna de los dioses monoteístas (tanto del cristianismo, judaísmo como el islam)  y  tierra de una increíble diversidad de etnias, lenguas y culturas cuyo principal  rasgo identitario  es la religiosidad.  Marx profetizó que las religiones desaparecerían en el siglo XX, pero se equivocaba. El “opio del pueblo” es imprescindible para consolar a esa humanidad desahuciada que clama al cielo por un milagro que la redima.

En sus sermones el ayatolá o  Sayyid  (descendiente del profeta Mohamed) sostenía que  el islam es la única alternativa para construir una sociedad justa y libre. Tal y como lo pregonan los hadices (segunda fuente del islam) del profeta Mohamed las cosas materiales no son importantes y de ahí que el ser humano tenga que aferrarse a la espiritualidad como única vía para trascender y realizarse. Lo que no quiere decir que  se ejecuten las acciones necesarias para garantizar los profundos cambios en los valores y principios políticos, culturales, económicos y sociales. El individualismo y el egoísmo es el veneno que emponzoña el corazón de los hijos de Allah.  Del transgredir y desafiar al poder terrenal surgió la idea de la yihad universal donde los míticos guerreros del Islam empuñan el sayfu, la espada justiciera del islam. El Imán Jomeini reclamaba la unidad de todos los musulmanes pues según él las divisiones entre chiitas o sunitas se debían más a diferencias entre escuelas de pensamientos que entre pueblos hermanos. “Únanse bajó la gloriosa bandera del Islam en el combate a los “kufares occidentales”  “Garanticen la sacrosanta expansión islámica global”

Una revolución islámica cuyo fundamento es el rechazo a cualquier dominación extranjera, en defensa de la soberanía y la verdadera independencia. El antimperialismo en estado puro.

Unos postulados muy similares a los que impulsados por la teología de la liberación América Latina y que dieron como resultado la insurgencia guerrillera. El martirio alcanzado por el che Guevara en Bolivia es comparable al de Husain ibn Alí caído en la batalla de Kerbala.


A partir del triunfo de la revolución islámica los países musulmanes tomaron conciencia de lo que significaba el poder del Din, es decir, reconocer ese mensaje a los creyentes pronunciado por el profeta Mohamed “¡hermanos en la fe! Adquieran el conocimiento del Islam, ciertamente esta es la luz y la guía al andar, sin embargo la ausencia del mismo es oscuridad y perdición” La victoria sobre la opresión y la tiranía eleva la autoestima y recuperar los principios y valores islámicos sin esperar nada a cambio de las potencias occidentales tan solo interesadas en el expolio de los recursos naturales y las materias primas. En este caso el tesoro más codiciado: los hidrocarburos, elemento clave para garantizar el buen funcionamiento de la civilización industrial capitalista. El principal objetivo del colonialismo es el control de las fuentes energéticas y las rutas de distribución y abastecimiento. Las superpotencias han trazado en Oriente Medio unas fronteras artificiales que dividen a los pueblos y los enfrentan.  “El Corán es la mejor arma para enfrentar a los cruzados occidentales que vienen a sembrar la discordia y a manipular las mentes de los musulmanes intentando desposeerlos del Din”. La revolución islámica  inspiró en el odio a occidente a grupos terroristas como Al Qaeda, la Yihad Islámica, Al Nusra, Shabab, Boko Haram o el EI.

La figura del  Velayat al Fagih o líder supremo que  antepone los asuntos religiosos sobre los políticos  es el principio sobre el que se basa los amplios poderes del guía supremo. Este dogma constitucional cuenta con el respaldo de los Guardianes de la Revolución, las fuerzas armadas  y el control ideológico de los miembros del Consejo de Guardianes (cuyos miembros deben ser expertos en la jurisprudencia islámica y en la Sharia)

El Imán Jomeini dejó escrito en su testamento que la principal misión del pueblo iraní  es la de liberar a sus hermanos palestinos y aniquilar al ocupante sionista. Especialmente recuperar para el islam la ciudad santa de Al Quds- Jerusalén en cuya mezquita de al Aqsa el profeta Mohamed emprendió su ascensión a los cielos a lomos del Burak.  

Por eso Yasser Arafat de la OLP fue el primer líder extranjero en visitar Irán después del triunfo de la revolución islámica a inicios de los años ochentas. La OLP fue un aliado muy cercano a Irán y se le involucra en la toma de rehenes en la embajada americana de Teherán. El programa atómico iraní se ha puesto en marcha como respuesta al impresionante poderío armamentístico sionista que le otorga el dominio hegemónico en Oriente Medio. Israel -según los observadores de la OIEA-  posee en sus arsenales más de 400 ojivas nucleares.  

El Imán Jomeini en una entrevista realizada poco antes de morir con el Ministro de Relaciones Exteriores Eduard Shevardnadze le advirtió sobre la inminente caída del sistema comunista por su falta de fe en Dios, el ateísmo y el materialismo. “El comunismo pasará a los museos,  la revolución islámica prevalecerá” “Rusia debe aliarse con Irán en el combate a Occidente”

Irán como potencia del Asía Central ha entrado en una deriva expansionista sin precedentes. Sus fuerzas armadas intervienen activamente en Irak, Siria, Líbano o el Yemen. Lo que supone un de millones y millones de dólares destinados  al gasto militar que devora por completo los presupuestos del estado en detrimento de la inversión social.     

Las potencias occidentales encabezadas por EEUU acusan al régimen de los ayatolás de patrocinar el terrorismo internacional. Tan solo basta con revisar el sangriento prontuario que les precede: toma de rehenes de la embajada de EEUU en Teherán en 1979, voladuras por parte de la Yihad Islámica de los cuarteles marines y soldados franceses y la embajada de EEUU en Beirut en 1983, fundación de Hezbollah como brazo político y paramilitar chiita durante la guerra del Líbano en 1983,  la crisis de los rehenes del Líbano en 1986, atentado contra la embajada de Israel en Argentina 1992, atentado contra las oficinas del AMIA en 1994, atentados de la Yihad Islámica en los territorios ocupados por Israel, múltiples atentados en Irak contra intereses occidentales, posible nexos con los autores de los atentados contra las embajadas de EEUU en Kenia y Tanzania en 1998 (reivindicado por al Qaeda) implicaciones -según la CIA- en el atentado del 11 de septiembre del 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono, apoyo a los guerrilleros Talibanes que combaten la invasión imperialista en Afganistán,  apoyo y financiación a Hamas en la franja de Gaza, complicidad con el derribo del vuelo 103 de Pan Am en Lockerbie 1987 en alianza con los servicios secretos libios, atentado contra el complejo residencial de Riad (Arabia Saudita) en el 2003.

Irán aplica al pie de la letra la ley bíblica del Talión: “ojo por ojo, diente por diente” O sea, solo la sangre vengará la memoria de los mártires. Porque nunca olvidarán la guerra impuesta por las potencias occidentales con  la invasión del ejército iraquí al mando de Sadam Hussein que se proponía aniquilar la revolución islámica. Un conflicto bélico que se alargó del año 1980 hasta 1988 causando más de un millón de muertos, dos millones de heridos y cuatro millones de desplazados. A lo que hay que sumar la destrucción de innumerables pueblos y ciudades, el colapso de las infraestructuras y la  ruina económica. Crímenes contra la humanidad que quedaron completamente impunes.

El desarrollo del programa atómico iraní está pensado como un arma disuasoria para infringir terror y respeto entre sus más encarnizados enemigos: Israel, Arabia Saudita y los EEUU.

Las sanciones aplicadas por el G5+1 a las exportaciones de crudo y las transacciones financieras a raíz del incumplimiento del programa nuclear iraní están provocando  una nueva crisis económica en el país. Según el presidente de los EEUU Donald Trump se aplicará la máxima presión sobre Irán con el fin de provocar un estallido social que derrumbe el régimen de los ayatolás. George Bush ya había señalado a Irán como uno de los integrantes del “eje del mal” junto a Corea del Norte y Siria. (Libia de Gadafi, Irak de Sadam Hussein y Cuba de Fidel Castro)  La declaración de guerra al terrorismo tiene como objetivo “prevenir que regímenes que apoyan el terror amenacen a los EEUU o a sus aliados”  A Irán se le acusa de poseer armas de destrucción masivas y patrocinar el terrorismo. Según el Pentágono: “Hoy por hoy es el máximo peligro para la paz mundial”


Irán responde que cuenta con armamento de última generación y un ejército compuesto  por millones de combatientes y paramilitares listos a inmolarse en defensa de la revolución islámica.  Durante  la guerra Irán- Irak miles de soldados sacrificaron sus vidas en honor al Imán Jomeini seguros de que su martirio los conduciría directamente al paraíso. Cualquier ataque contra su territorio  desatará un diluvio de misiles contra Arabia Saudita, las petromonarquías del golfo e Israel. Al parecer la república Islámica de Irán no ha renunciado a construir la bomba atómica de Allah-si es que ya no la tiene-

Carlos de Urabá 2019

lundi 9 novembre 2015

Picnic en Raqqa. Pan, hummus y sangre.




La capital del califato resiste con estoicismo los bombardeos de la Coalición Internacional, la aviación rusa y el asedio de las tropas sirias en alianza con Irán, Irak y Hezbollah.

Raqqa ha sido designada por el Estado Islámico como la capital del califato de Irak y Siria. Y no sólo es su capital sino también el cuartel general de sus huestes. Esta ciudad capital de la provincia homónima antes de ser conquistada tenía 220.000 habitantes. Aunque el censo ha quedado sensiblemente disminuido a raíz del éxodo de miles de pobladores temerosos de las represalias de los yihadistas. Raqqa está situada en la ruta entre Alepo y Bagdad y desde la más remota antigüedad (sumerios, asirios, babilonios e hititas) fue un enclave de importancia  del creciente fértil o Mesopotamia. En esa zona los historiadores sostienen que tuvo origen la actual civilización occidental. La provincia de Raqqa a pesar de ser semidesértica en la ribera del río Éufrates goza de una extraordinaria fertilidad.

Raqqa fue tomada por los yihadistas del estado islámico de Irak y Levante  el 6 de marzo de 2013. Ese mismo día los rebeldes derribaron la gigantesca estatua de Hafez al Assad que se encontraba en la plaza central. Una señal inequívoca del nuevo orden que iban a imperar en la ciudad. El Corán prohíbe las representaciones humanas y la adoración de ídolos.

A partir de entonces la ciudad se ha convertido en la Meca del yihadismo y por sus calles transitan cientos y miles de musulmanes extranjeros de la Umma islámica y de los cinco continentes-entre ellos un gran número de conversos- Los muyahidines o “santos guerreros” vinieron a hacer realidad el sueño del “reino de Allah en la tierra”

El gobierno de la ciudad y del califato recae en la Al-Shura o asamblea de notables y ulemas que han impuesto la Sharia como la ley fundamental. Son los principios de la revolución mística, una democracia celestial que procura velar por el bienestar del  “hombre nuevo de la yihad universal”.

En la capital supuestamente reside el califa Abu Bakr al Bagdadi al que sus súbditos deben sumisión y obediencia. El califa se encuentra en paradero desconocido pues la Coalición Internacional le ha puesto un alto precio a su cabeza. El temor de la cúpula dirigente a un ataque de cazabombarderos o drones hace que se escondan bajo tierra y no utilicen ningún aparato electrónico para ser ubicados. Algunos testigos afirman que sólo se mueven en la noche disfrazados de mujeres para no levantar sospechas. Su círculo de colaboradores es muy selecto pues saben que existen espías extranjeros infiltrados entre sus filas.

Las banderas negras de la shahada engalanan las calles y avenidas como señal de soberanía y orgullo patrio. Bien podríamos calificar esta actitud de nacionalismo islámico porque existe la firme intención de resucitar el califato y recuperar las raíces y tradiciones seculares. Para recobrar la identidad es necesario una vuelta al pasado glorioso y revivir la época del profeta Mohamed. Especialmente en rescatar la pureza del Din que se ha visto contaminada por la modernidad contraria por completo al espíritu de la sunna. Algunos calificarán esto de utopía romántica; otros de un nuevo renacimiento comparándolo con la expansión del islam en los siglos VII y VIII que llegó a los sitios más ignotos del planeta. Para los yihadistas el máximo enemigo de los musulmanes es el imperialismo tal como también lo advirtiera en los años sesenta del siglo pasado el rais egipcio Abdel Nasser fundador del movimiento panarabista laico. Posteriormente la revolución islámica del imam Jomeini dejó bien claro el camino hacia la yihad.


El Estado Islámico tiene un componente muy exaltado de nacionalismo, de pertenencia a un pueblo, a una raza, a una religión.   El Corán como fuente ideológica marca las líneas maestras del sistema de gobierno abarcando el ámbito socio-económico, administrativo y jurídico.  Si en el siglo XIX  en Europa se dio el fenómeno  de los estados nacionales no nos debe extrañar que algo similar suceda con el EI.  El  islam ha sido criminalizado y esta es una reacción o un acto de defensa propia en el rescate de sus valores, de su honor y orgullo. Occidente durante siglos ha utilizado el poderío tecnológico y militar para imponer sus principios y proteger sus intereses geopolíticos en la zona.  

Como es el caso de la actual globalización capitalista donde el materialismo, el individualismo y el pensamiento único  imperan sobre la fe y la espiritualidad. El Din de la profecía y el temor a Dios han sido mancillados por completo.    Por eso se habla que una nueva cruzada -en este caso judeo cristiana- asola Oriente Medio.

Ambos nacionalismos, tanto el europeo como el norteamericano, en realidad hacen parte del neoimperialismo- Un neoimperialismo opresor que expolia las riquezas y somete a los pueblos a su arbitrio. De alguna manera el yihadismo es una respuesta a esa perversa agresión.  

En el cuartel general de la Coalición Internacional (constituida por 60 países) situado en Kuwait, y que recibe apoyo  de la OTAN (bases en el sur de Turquía) se fijan los objetivos a batir gracias a las observaciones satelitales suministradas por la CIA. Además  la aviación rusa ya ha entrado en acción en auxilio de Bachar al Assad desde sus bases en Latakia y Tartús. La principal misión de los atacantes es  la aniquilación total del terrorismo yihadista. Es decir, el exterminio masivo sin tener en cuenta lo que acontezca con la población civil que en la mayoría de los casos es la que sufre las consecuencias de la brutal ofensiva militar. Ofensiva que se lleva a cabo sin un mandato efectivo del Consejo de Seguridad de la ONU. Las masacres de niños, mujeres, ancianos y jóvenes son un crimen de lesa humanidad que ética ni moralmente tiene justificación alguna. Hechos luctuosos que no hacen más que exacerbar los sentimientos de odio y de venganza. Al no existir un dialogo político no es de extrañar que se produzcan ataques terroristas como el reciente atentado contra un avión ruso en el Sinaí.

En las últimas semanas se ha recrudecido la actividad bélica en los frentes de combate y por lo tanto el número de refugiados aumenta imparable. (Según los organismos humanitarios son más de 150.000 los nuevos desplazados) Para rematar la aviación rusa va aplicando la táctica de tierra quemada lanzando bombas incendiarias, de racimo, de  uranio empobrecido o  bombas de cloro. Eso sin contar las pruebas que realizan con armamento de última generación cuya finalidad es perfeccionar su poder destructivo. Para disuadir a los atacantes de sus bombardeos aéreos el EI ha colocado en jaulas a prisioneros cristianos, yazidíes, alauitas o kurdos en cuarteles, polvorines y arsenales a modo de escudos humanos.

La Coalición Internacional invierte millones y millones de dólares en tropas, equipos y armamento  empeñados en salvaguardar sus intereses geopolíticos y estratégicos en la zona.  La población civil por el simple hecho de permanecer atrapada bajo el yugo yihadista también se le condena al patíbulo. Porque aquí no valen los derechos humanos ni la presunción de inocencia. Quien se atreva a denunciar este genocidio se expone a que igualmente le acusen de colaboración con los terroristas.
Raqqa es una ciudad atrincherada y al borde del colapso.  Por todas partes se construyen bunkers y fortificaciones ante el inminente asalto de la fuerzas el ejército sirio apoyadas por los milicianos de Hezbollah, Irak e Irán y la aviación rusa.    

En la capital del califato la vida transcurre bajo una gran tensión y paranoia. Los milicianos empuñando sus armas de riguroso luto y encapuchados desfilan por las calles listos a ocupar las posiciones de vanguardia. La consigna es ni un paso atrás; quien retroceda o se rinda es considerado un traidor y merece ser ajusticiado. No existe ni un minuto de descanso pues los bombardeos aéreos y el fuego de artillería son constantes y permanentes. La ofensiva pretende  cortar las comunicaciones con Alepo, la frontera turca y la ciudad de Mosul en Irak, que es de donde proceden sus fuentes de abastecimiento logístico y suministros bélicos.    El paisaje que impera en la ciudad es ruinoso y caótico, la circulación reducida pues en las calles y avenidas se acumula la basura, los cascotes de piedra y los hierros retorcidos. Por todas partes se respira un intenso olor acre y putrefacto. En medio de tanta desolación los perros, las  ratas, y los buitres se disputan cualquier pedazo de carroña. Son las leyes de la supervivencia que no solo atañen al ser humano sino también al reino animal.

Los ciudadanos forman larguísimas colas en las calles ansiosos por conseguir artículos de primera necesidad como harina, arroz, aceite, azúcar o gasolina o agua potable. Las centrales eléctricas han sido averiadas por los bombardeos y únicamente se obtiene energía gracias a los generadores eléctricos alimentados con diésel o gasoil. Faltan medicinas, enfermeras y médicos en los hospitales.  Las operaciones muchas veces se realizan sin anestesia. Los cadáveres se amontonan en la morgue cubiertos por enjambres de moscas ante la falta de refrigeradores.


Como es de suponer las mujeres están obligadas a vestir el nijab y no pueden usar cosméticos y perfumes con excepción del khol, el almizcle y henna. Todas deben exhibir en público un comportamiento modesto y púdico. La función de la mujer en una sociedad patriarcal se circunscribe a las labores del hogar y la crianza de los niños. Pero a raíz de la guerra reciben instrucción militar y es común verlas con el Kalashnikov en bandolera patrullando las calles. Desde luego que han ganado algunos derechos que jamás soñaron disfrutar.

Dado el alto número de defunciones se hace imprescindible elevar el índice de natalidad. De ahí que se fomente la poligamia y la unión con las esclavas sexuales kufares capturadas. El futuro del Califato depende del buen comportamiento de la curva demográfica.

Los hombres deben igualmente demostrar un comportamiento recto y pulcro.  Es aconsejable que usen prendas poco ceñidas al cuerpo y se dejen la barba poblada en homenaje al profeta Mohamed. Los colores chillones no son los más recomendables y es por esto que el blanco, el  negro y el verde -que es el color del islam y del Corán- dominan el ambiente.  Aunque se da la paradoja que el color rojo de la sangre es el que causa una mayor euforia y éxtasis. Queda terminantemente prohibida la música, los instrumentos musicales o los bailes.  Sólo está permitido el nasheed o la recitación del coro de voces masculinas que sublima del martirio y repite los versículos del Corán más revolucionarios. Estas alabanzas se  amplifican a todo volumen a través de los sound systems de sus jeeps  y automóviles o en los equipos de sonido de las tiendas y comercios.

El tabaco y el alcohol están severamente perseguidos pues son vicios propios de los kufares o herejes. Para disuadir a los posibles consumidores se hacen continuas  quemas de cartones de cigarrillos y destrucción de botellas de alcohol. Los reincidentes son castigados con latigazos o amputación de manos. La censura ha llegado a prohibir los canales de televisión extranjeros que se captan vía satélite pues incitan a los bajos instintos y el libertinaje. Incluso los partidos de fútbol o las películas de aventuras o telenovelas que tanto furor causa en Oriente Medio se consideran jaram. Según los irhabiyin  la televisión es el principal medio de corrupción de la sociedad musulmana. Algo en lo que coinciden con los más radicales wahabitas saudíes. Es por esto que los fieles deben reconocer sus pecados con la tawba o el arrepentimiento luego de haberse distanciado de la palabra de  Allah.

Los tribunales de justicia compuestos por los al qadis aplican severamente el takfir wal hijra que declara que quien no cumplan con todos los preceptos de al sunna son falsos musulmanes. Algo que puede provocar  la excomunión y por lo tanto el ser condenados a muerte. En sus plazas se llevan a cabo las ejecuciones públicas, crucifixiones, amputaciones y decapitaciones para que sirvan de escarmiento a todo a aquel que ose trasgredir las leyes divinas.


Se han abierto multitud de escuelas coránicas para que brinden auxilio espiritual a la población y los combatientes. Es imprescindible predicar las maravillas del  martirio y la recompensa suprema que recibirán los santos guerreros o muyahidines en del yenna o paraíso. El aprendizaje de las ciencias islámicas, la recitación del Corán y el estudio de los hadices son las materias más destacadas en la educación. También se han fundado escuelas de suicidas, tanto para hombres como para mujeres, donde los candidatos elegidos se preparan psicológicamente para inmolarse en las operaciones de martirio.  

Las iglesias cristianas han sido profanadas y sus imágenes destruidas. Las fachadas de las mismas se han pintado de negro con inscripciones alegóricas a la guerra santa.  La mayoría de los cristianos han tenido que huir hacia el Kurdistán o Turquía con excepción de los que han preferido convertirse al islam.  Los que deseen permanecer fieles a su fe deben pagar el impuesto yizia si quieren gozar de protección y respeto. 

Los restos arqueológicos pertenecientes la yahilia o la edad de la ignorancia (periodo anterior al islam) han sufrido el violento ataque de los censores fundamentalistas que con excavadoras o a punta de mazo y picos han dado buena cuenta de preciosas piezas del museo de arqueología de Raqqa. Como es el caso de los gigantescos leones asirios que adornaban el patio de entrada al mismo.

A la hora de la oración las mezquitas se hallan completamente abarrotadas y gran cantidad de fieles tienen que ocupar las calles y las plazas para cumplir con sus obligaciones espirituales. La policía religiosa o Hisbah siempre está vigilante para que se ejecuten a rajatabla las ordenanzas emanadas de la Al-Shura.

El tiempo de ocio la gente lo suele dedicar a asistir a la proyección de vídeos didácticos, montajes y documentales que exaltan el heroísmo de los muyahidines en el campo de batalla. Se hace especial énfasis en las operaciones suicidas y la postrer despedida de su  protagonistas para que sirvan de ejemplo a los futuros mártires. La máxima celebración en la ciudad no puede ser otra que el ramadán, el Lailat al Qadr,  el aid el Adha, el aid el Father y el cumpleaños del profeta Mohamed.  

El día del salat Yuma se reparten dulces y regalos entre los niños. La gente pasea por los parques, los jardines o a lo largo de la orilla del Éufrates. Los más beatos prefieren dedicarse en las mezquitas al aprendizaje del Corán o a recitar los suras en voz alta. Otra atracción es asistir a las pompas fúnebres que se llevan a cabo en el cementerio central en honor a los mártires caídos en la yihad. 

Pero quizás el entretenimiento favorito de muchos sea el contemplar  las ejecuciones públicas donde a los verdugos no les tiembla la mano a la hora de degollar a un apóstata o cortarle la cabeza con la espada a un kufar.   Las que despiertan mayor morbo son las lapidaciones de adulteras o el ajusticiamiento de homosexuales lanzados desde azoteas.  Existen además otros sitios para relajarse como son  los cafés y teterías en las que pueden conectarse a Internet –aunque la conexión es muy defectuosa al igual que la señal de la telefonía móvil. Las comunicaciones están intervenidas e interferidas a causa de la guerra electrónica que lleva a cabo la Coalición. Los servicios públicos como la electricidad y el agua potable son deficientes y permanecen racionados desde hace meses. Al caer la noche la ciudad se sume entre tinieblas temerosa de los bombardeos aéreos y el lanzamiento de misiles.


Desde muy temprano se abren los puestos del mercado donde los vendedores  exhiben una gran variedad de frutas, verduras, hortalizas frescas de producción local. Las pescaderías son las mejor abastecidas pues la captura de pescado en el río Éufrates es abundante.  En las bodegas se apilan los productos  procedentes del contrabando como  enlatados, galletas, bebidas refrescantes, leche en polvo, cacao, te, aceite o chocolate. Pero el consumo se ha visto mermado por la dramática situación económica que raya con la miseria.

Igual que en la mayor parte de los zocos que existen en Oriente Medio la mayoría de los productos y artículos de consumo son de origen chino. El made in china es muy popular por sus precios baratos y por ello existe una amplia oferta de aparatos electrónicos, vestidos, zapatos, cosméticos, jabones, detergentes, vajillas y objetos de plástico, herramientas o telas.

La Cámara Financiera Musulmana cobra cumplidamente a todos los comerciantes el impuesto de guerra tal y como lo estipula las normas de la Sharia. Próximamente entrarán en circulación  billetes y monedas denominadas dinares con las que se intentarán romper la dependencia del Dólar y el Euro. El islam por principio es anticapitalista y no permite la usura ni la especulación.

El drama de la guerra y la crisis social que desata hace que se estrechen aún más los lazos de solidaridad.  Por eso las comidas (ya sea al Subuh, al Dohr o al Magreb) se transforman en un gigantesco picnic al aire libre. Los comensales se sientan en el suelo con las piernas cruzadas,  no sin antes hacer las abluciones y oraciones como manda la sunna.  La comida es un ritual sagrado y de adoración que comienza con el típico bismillah;  en una bandeja de aluminio se colocan platos de plástico chino el humus, mutabel o falafel adornados con rodajas de tomate, pepino, cebolla y perejil. Luego cada quien con un pedazo de pan en la mano van pellizcando lo que más le apetezca.  Los alimentos tienen que ser  ingeridos con la mano derecha y  al terminar los mismos debe pronunciarse el clásico alhamdulillah para agradecer a Allah por los favores recibidos.  Sobra decir que  la comida es una seña de identidad muy importante  tal y como lo pregona un hadiz de Ibn Majah: “coman juntos y no separadamente porque las bendiciones de Allah vienen con la compañía”

A raíz de la ofensiva de la Coalición Internacional en Siria e Irak los países occidentales se hallan en estado de máxima alerta. Especialmente en EE.UU y Europa la amenaza de ataques suicidas y atentados yihadistas es altamente probable. Son las consecuencias de la globalización del terror y los organismos de seguridad deben permanecer alertas las 24 horas del día. Es el precio que hay que pagar en este macabro juego del “ojo por ojo, diente por diente”  En sus discursos el presidente de los EE.UU Barak Obama no se cansa de repetir  que  esta es una “guerra justa” en defensa de la paz y  la libertad.  ¿Qué será del futuro de la humanidad, de sus principios y valores si los bárbaros enemigos de la civilización llegan a triunfar? De igual manera se pronuncia el califa Abu Bakr al Bagdadi que exige a sus incondicionales el máximo sacrificio para derrotar a los cruzados en esta “guerra santa” que busca salvar al mundo que ha caído en las garras del shaitán (demonio) .  

Carlos de Urabá 2015.

Informante en Raqqa: Abdul Rahman Barazi.