La jaula

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por la emancipación de los pueblos
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jeudi 2 janvier 2014

Pornodictadura en el ciberespacio.


La brutal alienación a la que nos vemos sometidos por el imperio cibernético:

Como investigador en el campo del psicoanálisis de la universidad Distrital de Bogotá dediqué mi tesis doctoral a estudiar los efectos de la tecnología sobre la sexualidad humana. Estas son algunas de mis conclusiones.

Según Freud la sexualidad es un factor determinante en las conductas del homo sapiens. Sin embargo estoy seguro que él nunca imaginó que la tecnología influyera de tal manera en la psiquis de los seres humanos. Se han escrito extensos tratados sobre la zoofilia, el sadomasoquismo, el incesto, la pedofilia y demás perversiones, pero, ¿es posible tener sexo con una máquina? y no es ciencia ficción. Sin lugar a dudas que sí porque la máquina trasmite impulsos eléctricos que en nuestro cerebro se convierten en estímulos. Una persona enchufada al computador es capaz de creerse el protagonista de un romance virtual, acostarse con su amada e incluso alcanzar orgasmos.

Definitivamente los órganos sexuales se han trasladado de la zona genital al cerebro. Nuestra animalidad ha sido castrada por la lógica y las matemáticas aunque el Eros y el Tánatos aún dominan nuestros instintos básicos.

En el campo científico no existen dogmas de fe, de ahí que haya que demostrar las teorías con hechos constantes y sonantes.

-Si el hombre desciende del mono, la máquina desciende del hombre.

Sin las máquinas la civilización occidental jamás hubiera podido alcanzar tan altos niveles de desarrollo. Por lo tanto la dependencia tecnológica es indiscutible y no se limita al mero aspecto material sino que la dependencia afectiva es todavía mayor. El homo sapiens como todo primate es esencialmente gremial aunque la modernidad nos haya trasformado en unos individuos sin tribu, sedentarios y atrofiados. Lo paradójico del caso es que los millones de ciudadanos que habitan en las grandes urbes, se sienten solos. La soledad es un monstruo que hay que aplacar porque de lo contrario te devora el alma. Y si la soledad va acompañada del aburrimiento, la catástrofe es devastadora Este es un verdadero drama pues muchos homínidos no conocen ni al vecino de enfrente.

Ajenos a la naturaleza no nos queda otra que adaptarnos a un medio artificial donde nuestras raíces son los cables y enchufes sembrados al cemento y el asfalto. ¿Cómo llenar ese inmenso vacío que nos acongoja? La esquizofrenia y las enfermedades mentales nos amenazan y necesitamos embucharnos de píldoras y barbitúricos para soportar ese entorno tan opresivo. Hemos perdido el gusto por la vida y la rutina diaria es tan insoportable que muchos eligen autoeliminarse como único camino de salvación.

Por supuesto, que la tecnología nos alivia esa falta de amor y de cariño. Apretamos un botón y de repente suena una musiquita celestial y emocionados nos da un vuelco el corazón. ¡Tenemos un mensaje, alguien nos corresponde! Gracias a los computadores, teléfonos, televisores, radios, iPod, iPad, iPhone, Wasap, Twitter, estamos comunicados y en armonía con el universo. Este es el verdadero opio del pueblo o el fuego fatuo de una realidad virtual que nos engatusa con sus cantos de sirena.

En resumen pasamos junto a las máquinas la mayor parte de nuestra existencia, pasamos mucho más tiempo con esos inventos tecnológicos que con nuestra mujer, nuestros hijos, nuestros padres o amistades. Horas y horas tecleando un computador, horas y horas conversando a través del teléfono móvil, horas y horas frente al televisor o cautivos de los benditos videojuegos. Tenemos una relación directa piel con piel o, mejor dicho, piel con plástico con todos estos artilugios que son capaces de consolar nuestro desasosiego. Sin duda los computadores se han convertido en nuestros inseparables compañeros, yo juraría que están vivos y hasta tienen alma aunque en el fondo no sean más que discos duros, memorias y procesadores informáticos o diminutos microchips. La inteligencia artificial es una extensión más de nuestro cerebro y necesitamos procesar la mayor información posible. Inmersos en una sociedad tan competitiva el engranaje productivo no puede detenerse. Como la globalización cruel y asesina no tolera la disidencia todos aquellos que nos se integren en el sistema, serán condenados a las mazmorras del olvido.

No me fue muy difícil conseguir algunas cobayas de homo sapiens para confirmar mis teorías. Sin ir más lejos en la sala de computación de la universidad retozaban varios ejemplares típicos de este síndrome de técnofilia.

A mi diestra un muchacho que no pasa de los veinte años se encuentra concentrado frente al computador. Ni siquiera parpadea y mantiene la mirada fija en la pantalla. Cualquiera pensaría que prepara su examen de fin de curso o estudia alguna materia propia de su carrera. Pero, ¡oh sorpresa! ni lo uno ni lo otro, el joven bucea en las profundidades del ciberespacio explorando el Planeta Eros, una página porno de las mas visitadas en la red. Gracias a esa autopista de la información que construyó tío Billy Gates el joven contempla a una pícara mulata que se baja lentamente las bragas provocándolo. Excitado pasa la página y aparece una trigueña despampanante que se acaricia sus partes íntimas, ¡tremendo! hace click y en la página web destellan por doquier las ofertas sexuales más apetitosas hasta que por fin el joven pincha la ventana donde un efebo negro penetra a una rubia platino que aúlla como una loba en celo.

Los ojos del muchacho parecen salirse de las órbitas, se pone lívido como una de esas estampitas de santa Teresa de Jesús, en un vivo sin vivir en mí, y lanza un suspiro de éxtasis. A bordo de esa muñeca hinchable en que se ha convertido su ordenador se pasa las horas, los días, las semanas o los años sediento de imágenes eróticas que le produzcan placer. Porque vivimos en una civilización del placer, del vicio y la ausencia de dolor.

El joven vuelve a teclear una nueva dirección en el buscador, mueve con agilidad el ratón y click acaricia el clítoris de su amante y por arte de magia descorre un tupido velo donde una preciosa ninfómana se magrea con un pura sangre. Y sigue masturbándose y masturbándose, necesita una vagina virtual donde descargar su libido; se sonroja, se encuentra caliente, calientísimo y por fin se desata el orgasmo cósmico.

A mi siniestra una atractiva universitaria chatea en su computador. Son diálogos en un lenguaje cifrado prácticamente incomprensible. EScribe frases inconexas, saltan los renglones y las preguntas y respuestas se suceden a un ritmo frenético. Se alisa el pelo y desenfunda su teléfono móvil. Toma en su mano ese pene cibernético al que masturba con delicadeza tecleando un mensaje de texto. Finaliza su misión y tras una pausa su semblante se ilumina ring, ring ¡alguien le responde!Aprieta con todas sus fuerzas el teléfono y lo lleva al borde de sus carnosos labios para hacerle una felación. El teléfono no es más que un consolador con vibrador incluido. La joven habla y habla y tras una media hora cuelga y al instante vuelve a marcar otro número mientras sigue chateando con sus amiguitos secretos. ¿No quedamos en que el don de la ubicuidad estaba sólo reservado a Dios todopoderoso?

El concepto del amor se ha tergiversado, ya no es necesario declarase frente a frente pues los defectos de los mortales son imperdonables. Es preferible tomar distancia, crear personajes ficticios, o sea, lo que uno quisiera ser pero no puede. En este juego todo es válido con tal de conquistar a la pareja virtual. Se acabaron las flores, las serenatas con violines o la cena romántica con dos velitas a la luz dela luna o el juglar que llegaba al balcón de su prometida a recitarle poemas de amor. Ahora los primates se enamoran en el Chat, a través del Internet y piden la mano de la novia o el novio por Twitter.

Vivimos una era de masturbadores, masturbadores mentales, de androides de una egolatría inconcebible, el yo ha triunfado, el mío ha triunfado. El hedonismo es el valor supremo, se rinde culto al cuerpo porque la gente necesita verse reflejada en el espejo de Narciso a ver si sus sueños se hacen realidad. Sobran las palabras, lo primordial es la imagen cuyo bombardeo diario es vital para engordar el ego de la masa y consentir sus caprichos más estrafalarios. Esclavizados por los mensajes subliminales, sin un minuto de tiempo para reflexionar hemos caído en las garras de la alienación más burda y miserable. La diversidad, que es una de las características fundamentales de la especie humana, se extingue para dar paso al pensamiento único y a la clonación planetaria.

Encerrados en nuestro cascarón, en nuestra burbuja o apartamento no necesitamos de nada ni de nadie, ni de dioses ni de redentores. Se ha sacralizado la tecnología que es el nuevo ídolo ante el cual millones de autómatas se arrodillan sumisos. El mito de Prometeo o las ansias de los mortales por poseer el poder divino, se ha cumplido.

No hay vuelta de hoja, el síndrome de tecnofilia, que se define como una atracción desmedida por la tecnología, va a marcar el recién inaugurado siglo XXI. Aunque esta atracción fatal puede llegar al enamoramiento y a nadie debe sorprender que algunos fanáticos cabalguen sobre el computador meneando la cadera a ritmo de samba para finalmente eyacular en el ciberespacio.

Internet no es más que en una “madame” o proxeneta que nos ofrece una variada oferta de prostíbulos virtuales, wiskerias, clubes y casinos que hacen su agosto a costa de una humanidad sedienta de lujuria y de pasión. Con todas las tentaciones a la carta, con todos los pecados en vivo y en directo, los cinco continentes en la pantalla del computador que es como una teta de la que maman millones de cachorros en celo. El morbo, el masoquismo y el fetichismo nos arrebatan. Ni que decir las orgías con niños tiernos y hasta un harén de vírgenes para que los violadores y pedófilos se den el festín. Un gran supermercado de hembras, burras y yeguas sodomizadas en nombre de la libertad de expresión. Sin olvidarnos del voyerismo, esa manía de mirar a través del ojo de la cerradura y ver como una lesbiana le lame la vagina a su querida o como un homosexual cabalga sobre el pene erecto de un macho cabrio y si enfocas bien la cámara web te saludo desde lo más profundo de mi bragueta.

Somos los simios domesticados de este zoológico así que ha fornicar se ha dicho cibercornudos, a navegar entre los mares y ríos de pornografía y toda suerte de páginas web donde se patrocinan las mayores aberraciones, siempre guardando el anonimato, por supuesto, y sin restricciones ni censura. Aunque primero, eso si, hay que pagar con la tarjeta de crédito una buena suma de dinero para poder disfrutar del paraíso perdido. Porque este es un negocio más del capitalismo, tal vez el más grande, con millones de clientes alrededor del mundo cuya calentura genera incalculables ganancias.

Seguramente en los próximos decenios la psicología y la psiquiatría no van a dar abasto para atender a esa creciente fauna de tecnoadictos. Es el precio que hay que pagar como consecuencia de la manipulación sistemática a la que nos han sometido.

¿Qué tratamientos aplicaremos? ¿habrá una nueva gama de fármacos milagrosos?

Seguro se desarrollarán nuevas terapias en un intento por desprogramar a esos millones de autómatas que poblarán la tierra. Lo que nos faltaba como si no tuviéramos suficiente con las adicciones a las drogas, al alcohol o a la ludopatía, ahora atrapados como mosquitas en las telarañas del Internet.

El imperio capitalista y su eterno big bang de crecimiento se alimenta de consumidores. Su gula es de tal magnitud que no tiene ningún escrúpulo en destruir pueblos, naciones, culturas o vampirizar y prostituir mentes de bebés, de niños, de jóvenes, de adultos o de viejos con tal de saciar su codicia. Para eso cuentan con un eficiente servicio de publicidad y propaganda inspirado en los principios del Nazi Goebbels (Ministro de Propaganda del III Reich)

Para la democracia burguesa la libertad de expresión es un dogma de fe. Libertad de expresión que sólo disfrutan quienes detentan el poder económico y político, claro. Porque cualquiera no puede abrir un canal de televisión, una radio o un periódico, si no tiene un capital que lo respalde. El monopolio tecnológico es un patrimonio de las grandes multinacionales y su transferencia está sujeta a factores puramente especulativos.

Son las tres de la mañana y la sala de computación de la universidad sigue abarrotada. Abstraídos en sus "pajas mentales", el redil continúa rumiando sus fantasías frente a las pantallas de los computadores. Se nota que los primates están bien alimentados con el pienso cibernético Parece mentira que el cerebro humano sea tan manipulable y se deje embaucar por esas lucecitas de colores. Y es que cualquiera le vende su alma al diablo con tal de alcanzar el nirvana.

La ciencia ha descifrado los secretos del inconsciente colectivo suplantando el lenguaje simbólico en el que se expresa la psiquis. Este es apenas el principio de la gran bacanal pues entramos en una etapa insólita de la evolución humana, la edad de los autistas, en la que el nihilismo o la doctrina de la nada dominarán la faz de la tierra.

Carlos de Urabá 2013

Amman-Jordania

dimanche 4 novembre 2012

Pornodictadura en el ciberespacio

Como investigador en el campo del psicoanálisis de la universidad Distrital de Bogotá dediqué mi tesis doctoral a estudiar los efectos de la tecnología sobre la sexualidad humana. Estas son algunas de mis conclusiones.

Según Freud la sexualidad es un factor determinante en las conductas del homo sapiens. Sin embargo estoy seguro que él nunca imaginó que la tecnología influyera de tal manera en la psiquis de los seres humanos. Se han escrito extensos tratados sobre la zoofilia, el sadomasoquismo, el incesto, la pedofilia y demás perversiones, pero, ¿es posible tener sexo con una máquina? y no es ciencia ficción. Sin lugar a dudas que sí porque la máquina trasmite impulsos eléctricos que en nuestro cerebro se convierten en estímulos. Una persona enchufada al computador es capaz de creerse el protagonista de un romance virtual e incluso alcanzar orgasmos. Definitivamente los órganos sexuales se han trasladado de la zona genital al cerebro. Nuestra animalidad ha sido castrada por la lógica y la matemática aunque el Eros y el Tánatos aún dominan nuestros instintos básicos.
En el campo científico no existen dogmas de fe, de ahí que haya que demostrar las teorías con hechos constantes y sonantes.
-Si el hombre desciende del mono, la máquina desciende del hombre.
Sin las máquinas la civilización occidental jamás hubiera podido alcanzar tan altos niveles de desarrollo. Por lo tanto la dependencia tecnológica es indiscutible y no se limita al mero aspecto material sino que la dependencia afectiva es todavía mayor. El homo sapiens como todo primate es esencialmente gremial aunque la modernidad nos haya trasformado en unos individuos sin tribu, sedentarios y atrofiados. Lo paradójico del caso es que los millones de ciudadanos que habitan en las grandes urbes, se sienten solos. La soledad es un monstruo que hay que aplacar porque de lo contrario te devora el alma. Y si la soledad va acompañada del aburrimiento, la catástrofe es devastadora Este es un verdadero drama pues muchos homínidos no conocen ni al vecino de enfrente. Ajenos a la naturaleza no nos queda otra que adaptarnos a un medio artificial donde nuestras raíces son los cables y enchufes sembrados al cemento y el asfalto. ¿Cómo llenar ese inmenso vacío que nos acongoja? La esquizofrenia y las enfermedades mentales nos amenazan y necesitamos embucharnos de píldoras y barbitúricos para soportar ese entorno tan opresivo. Hemos perdido el gusto por la vida y la rutina diaria es tan insoportable que elegimos el suicidio como único camino de salvación.
Por supuesto que la tecnología nos alivia esa falta de amor y de cariño. Apretamos un botón y de repente suena una musiquita celestial y emocionados nos da un vuelco el corazón. ¡Tenemos un mensaje, alguien nos corresponde! Gracias a los computadores, teléfonos, televisores, radios, I pod, Mp3 estamos comunicados y en armonía con el universo. Este es el verdadero opio del pueblo o el fuego fatuo de una realidad virtual que nos engatusa con sus cantos de sirena.
En resumen pasamos junto a las máquinas y los electrodomésticos la mayor parte de nuestra existencia, pasamos mucho más tiempo con esos inventos tecnológicos que con nuestra mujer, nuestros hijos, nuestros padres o amistades. Horas y horas tecleando un computador, horas y horas conversando a través del teléfono móvil, horas y horas frente al televisor o cautivos de los benditos videojuegos Tenemos una relación directa piel con piel o, mejor dicho, piel con plástico con todos estos artilugios. Sin duda los computadores se han convertido en nuestros inseparables compañeros, yo juraría que están vivos y hasta tienen alma aunque en el fondo no sean más que discos duros, memorias y procesadores informáticos o diminutos microchips, ellos son capaces de consolar nuestro desasosiego. La inteligencia artificial e una extensión más de nuestro cerebro y necesitamos procesar la mayor información posible. Inmersos en una sociedad tan competitiva el engranaje productivo no puede detenerse. Como la globalización cruel y asesina no tolera la disidencia todos aquellos que nos se integren en el sistema, serán condenados a las mazmorras del olvido.
No me fue muy difícil conseguir algunas cobayas de homo sapiens para confirmar mis teorías.Sin ir más lejos en la sala de computación de la universidad retozaban varios ejemplares típicos de este síndrome de técnofilia.
A mi diestra un muchacho que no pasa de los veinte años se encuentra concentrado frente al computador. Ni siquiera parpadea y mantiene la mirada fija en la pantalla. Cualquiera pensaría que prepara su examen de fin de curso o estudia alguna materia propia de su carrera. Pero, ¡oh sorpresa! ni lo uno ni lo otro, el joven bucea en las profundidades del ciberespacio explorando el Planeta Eros, una página porno de las mas visitadas en la red. Gracias a esa autopista de la información que construyó tío Billy Gates el joven contempla a una pícara mulata que se baja lentamente las bragas provocándolo. Excitado pasa la página y aparece una trigueña despampanante que se acaricia sus partes íntimas, ¡tremendo! hace click y en la página web destellan por doquier las ofertas sexuales más apetitosas hasta que por fin el joven pincha la ventana donde un efebo negro penetra a una rubia platino que aúlla como una loba en celo.
Los ojos del muchacho parecen salirse de las órbitas, se pone lívido como una de esas estampitas de santa Teresa de Jesús, en un vivo sin vivir en mí, y lanza un suspiro de éxtasis. A bordo de esa muñeca hinchable en que se ha convertido su ordenador se pasa las horas, los días, las semanas o los años sediento de imágenes eróticas que le produzcan placer. Porque vivimos en una civilización del placer, del vicio y la ausencia de dolor.
 El joven vuelve a teclear una nueva dirección en el buscador, mueve con agilidad el ratón y click acaricia el clítoris de su amante y por arte de magia descorre un tupido velo donde una preciosa ninfómana se magrea con un pura sangre, y sigue masturbándose y masturbándose, necesita una vagina virtual donde descargar su libido, se sonroja, se encuentra caliente, calientísimo y por fin se desata el orgasmo cósmico.
A mi siniestra una atractiva universitaria chatea en su computador. Son diálogos en un lenguaje cifrado prácticamente incomprensible, saltan los renglones, y las preguntas y respuestas se suceden a un ritmo frenético. Se alisa el pelo y desenfunda su teléfono móvil. Toma en su mano ese pene cibernético al que masturba con delicadeza tecleando un mensaje de texto. Finaliza su misión y tras una pausa su semblante se ilumina ring, ring ¡alguien le responde! Aprieta con todas sus fuerzas el teléfono y lo lleva al borde de sus carnosos labios para hacerle una felación. El teléfono no es más que un consolador con vibrador incluido. La joven habla y habla y tras una media hora cuelga y al instante vuelve a marcar otro número mientras sigue chateando con sus amiguitos secretos. ¿No quedamos en que el don de la ubicuidad estaba sólo reservado a Dios todopoderoso?
El concepto del amor se ha tergiversado, ya no es necesario declarase frente a frente pues los defectos de los mortales son imperdonables. Es preferible tomar distancia, crear personajes ficticios, o sea, lo que uno quisiera ser pero no puede. En este juego todo es válido con tal de conquistar a la pareja virtual. Se acabaron las flores, las serenatas con violines o la cena romántica con dos velitas a la luz de la luna o el juglar que llegaba al balcón de su prometida a recitarle poemas de amor. Ahora los primates se enamoran en el Chat, a través del Internet y piden la mano de la novia o el novio por correo electrónico.
Vivimos una era de masturbadores, masturbadores mentales, de androides de una egolatría inconcebible, el yo ha triunfado, el mío ha triunfado. El hedonismo es el valor supremo, se rinde culto al cuerpo porque la gente necesita verse reflejada en el espejo de Narciso a ver si sus sueños se hacen realidad. Sobran las palabras, lo primordial es la imagen cuyo bombardeo diario es vital para engordar el ego de la masa y consentir sus caprichos más estrafalarios. Esclavizados por los mensajes subliminales, sin un minuto de tiempo para reflexionar hemos caído en las garras de la alienación más burda y miserable. La diversidad, que es una de las características fundamentales de la especie humana, se extingue para dar paso al pensamiento único y a la clonación planetaria.
Encerrados en nuestro cascaron, en nuestra burbuja o apartamento no necesitamos de nada ni de nadie, ni de dioses ni de redentores. Se ha sacralizado la tecnología que es el nuevo ídolo ante el cual millones de autómatas se arrodillan sumisos. El mito de Prometeo o las ansias de los mortales por poseer el poder divino, se ha cumplido.
No hay vuelta de hoja, el síndrome de tecnofilia, que se define como una atracción desmedida por la tecnología, va a marcar el recién inaugurado siglo XXI. Aunque esta atracción fatal puede llegar al enamoramiento y a nadie debe sorprender que algunos fanáticos cabalguen sobre el computador meneando la cadera a ritmo de samba para finalmente eyacular en el ciberespacio.
Internet no es más que en una “madame” que nos ofrece una variada oferta de prostíbulos virtuales, wiskerias, clubes y casinos, citas clandestinas, proxenetas o furcias que hacen su agosto a costa de una humanidad sedienta de lujuria y de pasión. Con todas las tentaciones a la carta, con todos los pecados en vivo y en directo, los cinco continentes en la pantalla del computador que es como una teta de la que maman millones de cachorros en celo. El morbo, el masoquismo y el fetichismo nos arrebatan. Ni que decir las orgías con niños tiernos y hasta un harén de vírgenes para que los violadores y pedófilos se den el festín; un gran supermercado de hembras, burras y yeguas sodomizadas en nombre de la libertad de expresión. Sin olvidarnos del voyerismo, esa manía de observar las cosas prohibidas: mirar a través de la cerradura y ver como una lesbiana le lame la vagina a su querida o como un homosexual cabalga sobre el pene erecto de un macho cabrio y si enfocas bien la cámara web te saludo desde lo más profundo de mi bragueta.
Somos los simios domesticados de este zoológico así que ha fornicar se ha dicho cibercornudos, a navegar entre los mares y ríos de pornografía y toda suerte de páginas web donde se patrocinan las mayores aberraciones, siempre guardando el anonimato, por supuesto, y sin restricciones ni censura. Aunque primero eso si hay que pagar con la tarjeta de crédito una buena suma de euros para poder disfrutar del paraíso perdido. Porque este es un negocio más del capitalismo, tal vez el más grande, con millones de clientes alrededor del mundo cuya calentura genera incalculables ganancias.
Seguramente en los próximos decenios la psicología y la psiquiatría no van a dar abasto para atender a esa creciente fauna de tecnoadictos. Es el precio que hay que pagar como consecuencia de la manipulación sistemática a la que nos han sometido.
¿Qué tratamientos aplicaremos? ¿habrá una nueva gama de fármacos milagrosos?
Seguro se desarrollarán nuevas terapias en un intento por desprogramar a esos millones de autómatas que poblaran la tierra. Lo que nos faltaba como si no tuviéramos suficiente con las adicciones a las drogas, al alcohol o a la ludopatía, ahora atrapados como mosquitas en las redes del Internet.
El imperio capitalista y su eterno big bang de crecimiento se alimenta de consumidores. Su gula es de tal magnitud que no tiene ningún escrúpulo en destruir pueblos, naciones, culturas o vampirizar y prostituir mentes de bebés, de niños, de jóvenes, de adultos o de viejos con tal de saciar su codicia.
Para la democracia burguesa la libertad de expresión es un dogma de fe. Libertad de expresión que sólo disfrutan quienes detentan el poder económico, claro. Porque cualquiera no puede abrir un canal de televisión, una radio o un periódico si no tiene un capital que lo respalde. El monopolio tecnológico es un patrimonio de las grandes multinacionales y su transferencia está sujeta a factores puramente especulativos.
Son las tres de la mañana y la sala de computación de la universidad sigue abarrotada. Abstraídos en sus pajas mentales, el redil continúa rumiando sus fantasías frente a la pantalla de los computadores. Se nota que los primates están bien alimentados con el pienso cibernético Parece mentira que el cerebro humano sea tan manipulable y se deje embaucar por esas lucecitas de colores. Y es que cualquiera vende su alma al diablo con tal de alcanzar el nirvana.
La ciencia ha descifrado los secretos del inconsciente colectivo suplantando el lenguaje simbólico en el que se expresa la psiquis. Este es apenas el principio de la gran bacanal pues entramos en una etapa insólita de la evolución humana, la edad de los autistas, en la que el nihilismo o la doctrina de la nada dominarán la faz de la tierra.
Carlos de Urabá
Bogotá, Colombia, Septiembre 2008.

La bomba etílica

Más poderosa que la bomba atómica, más devastadora que la bomba de neutrones. La bomba etílica es el arma de destrucción masiva que ha causado más muertos en toda la historia de la humanidad. Es tan eficaz que las propias víctimas son las encargadas de hacerse el harakiri.

En nuestra cultura occidental el alcohol es uno de los productos favoritos de la canasta familiar. Ante la tristeza, la depresión, la frustración o la soledad es el antídoto recomendado. . El alcohol nos excita y tiene el poder de abrir nuestros corazones y sin el nuestra vida cobraría en oportunidades un cariz agrio y dramático. Entonces, podemos ser, representar el papel que deseamos. Si queremos alcanzar la felicidad; tenemos que beber; si queremos comunicarnos; tenemos que beber; si queremos perder el miedo o la timidez; tenemos que beber; si queremos amar y ser amados; tenemos que beber; si queremos olvidar, tenemos que beber, en fin, si queremos ser libres, tenemos que beber. Nuestras relaciones sociales están condicionadas por el efecto de este "mágico brebaje".

Las tiendas y supermercados nos ofrecen una gran variedad de ofertas en vino, cerveza, aguardiente, vodka, ron, tequila o whiskie que colman todos nuestros deseos.

El Ministerio de Sanidad nos advierte sobre los peligros del alcohol: "su abuso es perjudicial para la salud". Pero lo cierto es que les importa un bledo el bienestar de los ciudadanos. Lo que le conviene al gobierno es que se dispare el consumo para aliviar las maltrechas arcas del estado. Si hay daños colaterales, lo sentimos mucho pues, amparados por la democracia, cada individuo es libre de elegir su propio destino. Libre es un decir, porque  es tal la manipulación  que en realidad vivimos bajo  una aberrante dictadura capitalista.

El beneficio económico de las multinacionales del alcohol es incalculable. Sus acciones en la bolsa nunca se desvalorizan y con diferencia es la mejor inversión en estos tiempos de vacas flacas. El negocio siempre irá viento en popa pues el vicio y el desenfreno crecen, nunca mejor dicho, como la espuma.

Al recorrer los campos y ciudades de América Latina comprobaremos que los sitios más visitados y concurridos son los bares, cantinas y discotecas. Aunque no haya nada que celebrar, siempre están abarrotados. Entre más severa sea la crisis, más se multiplicarán los clientes. Es una fórmula matemática bien conocida: menos por menos da más. Los excluidos, los miserables, los marginados son los primeros en caer pues necesitan beber para evadirse de la cruel realidad.

Las ansias de transformación, los ideales revolucionarios se quedan en pura charlatanería de taberna. Al capitalismo le conviene crear adicciones para someter a los pueblos y manejarlos a su antojo. No cabe duda que la dependencia no es sólo física y material sino también mental y espiritual.

El alcohol despierta todos los fantasmas que llevamos dentro, entonces, el odio se dispara y como no sabemos dónde están los culpables el que paga las consecuencias casi siempre es el más débil, el más cercano, tal vez, la familia; la mujer o los hijos. Las estadísticas nos revelan un elevado número de víctimas causadas directa o indirectamente por alcoholismo. Sin olvidarnos que la tasa de criminalidad crece paralela a su consumo.

Desgraciadamente si se cerraran las fábricas de alcohol habría una verdadera revolución pues el síndrome de abstinencia enloquecería a la masa.

Como suele suceder todos los años la cervecería Bavaria de Colombia, y su marca estrella Águila, eligen a las mujeres de cuerpos más despampanantes para sus campañas publicitarias. Los publicistas saben muy bien que la figura femenina es la musa que despierta las más bajas pasiones. Sexo y alcohol están directamente relacionados. « El elixir de la pasión tan sólo cuesta mil pesos la botella » « Porque todo héroe se merece una Pilsen » repite la propaganda a través de la radio y la televisión. Estos amables señores son tan cínicos que se permiten el lujo de patrocinar los eventos culturales y deportivos. ¿A ver quién se atreve a criticarlos? Al final no nos queda otro remedio que darles las gracias pues nos demuestran con creces que son los campeones del altruismo y la solidaridad.

En los alrededores de los institutos y universidades de cualquier ciudad colombiana prolifera una gran cantidad de antros, bares y cabarets. Esos son los verdaderos salones de clase donde los estudiantes se dedican a la rumba y a la bohemia. Cualquier pretexto es válido para organizar una parranda y aunque sea lunes el reventón está asegurado. Según Fernando Jaramillo Giraldo, vicepresidente de negocios de Bavaria, “la cerveza es la bebida de la moderación y de la responsabilidad”.

Asunción, la capital del Paraguay, es un gran centro del contrabando. Como puerto libre en cualquier calle uno encuentra las licoreras mejor surtidas de Latinoamérica. Los asunceños se sienten orgullosos pues es un privilegio poder elegir entre los tragos más exóticos y las marcas más famosas del mundo.

En el Perú el lema publicitario de la firma Cristal es: "beba cerveza, saludable por naturaleza" y claro sus seguidores la consumen como si se tratara de agua bendita. El grupo Bakus no cabe de la dicha pues este último año las ventas han batido todos los records.

En Washington, la capital de los Estados Unidos, quien se acerque a primera hora de la mañana a los barrios hispanos o a los guetos negros, será testigo de un espectáculo inolvidable: tirados en las aceras yacen cientos de muertos vivientes eructando la derrota en pleno corazón del imperio. Mientras en New York el panorama es aún más desgarrador pues cientos de espectros alcoholizados desfilan por las calles en busca del paraíso perdido. Y es que la recesión la económica no perdona ni a las clases privilegiadas

Hasta los rincones más apartados del planeta, en las profundidades de la selva amazónica, llegan los gigantescos navíos de 40.000 toneladas con su valiosa carga de cerveza, whiskie y cachaza. El maná bendito desata la histeria colectiva y los pobladores se preparan a la bacanal donde se embucharán con tan preciados parabienes etílicos.

Como arma de destrucción masiva el alcohol fue utilizado en la conquista de América para aniquilar a los aborígenes. Millones cayeron en este genocidio que no tiene parangón en la historia de la humanidad. Sin disparar un solo tiro fueron cayendo grandes imperios y naciones. ¡Para qué mancharse las manos de sangre si las propias víctimas van a autodestruirse!

Convertido el ser humano en una piltrafa, anulada su mente y su conciencia servirán de carne de cañón para los hospitales y funerarias. No interesa prevenir sino que hayan más enfermos, y que esos enfermos agonicen lentamente para sacarle mayor provecho a su drama.

Chupar, tomar, beber es el deporte favorito de nuestros pueblos. El que ponga mayor número de botellas vacías sobre la mesa, es el campeón, los compadres que apilen la mayor cantidad de canastas de cerveza serán reverenciados. El ambiente opresivo no hace más que incitar a la borrachera y para eternizar este círculo vicioso la juventud desde temprana comienza empinar el codo siguiendo el ejemplo de sus progenitores.

El bombardeo etílico no se detiene, ni se detendrá jamás. Día tras día va aumentando la macabra cuenta pues millones de inocentes caen como moscas. No conviene que el pueblo se libere del yugo atroz de la opresión y la esclavitud, no conviene que la llamada “escoria social”, el lumpen, el proletariado, los obreros y campesinos se organicen y actúen. Castrada la rebeldía, la masa embrutecida por la continua borrachera no representa ningún peligro para el sistema. Es preferible crear más dependencia, más seres sumisos, despojos humanos fanáticos de las cantinas, casinos y prostíbulos antes que seres lúcidos y conscientes que planteen una respuesta desestabilizadora.

Carlos de Urabá 2009
Investigador de Colombia