La jaula

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por la emancipación de los pueblos
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samedi 27 avril 2019

El feudalismo monárquico gana las elecciones generales en España


Mayoría absoluta del rey Felipe VI el 28A.


Ningún candidato se ha atrevido a nombrar al rey Felipe VI, ni a la reina doña Letizia. Todos cierran filas en torno a sus majestades a pesar de los incontables casos de corrupción y abusos de poder en los que se han visto implicada la familia real. ¡Benditos sean! Gracias a los monarcas España es respetada y querida en el mundo entero y ese es el precio que hay que pagar. Para colmo los reyes eméritos don Juan Carlos y doña Sofía con toda la desfachatez y el descaro siguen activos y ejerciendo sus funciones.
En España hoy existen nada menos y nada más que cuatro reyes sin importar los gastos suntuarios que esto representa para las arcas públicas. En todo caso sus majestades son tan glamurosos, gentiles y fantásticos que no hay que reprocharles nada, al contrario, sólo merecen elogios y salutaciones. En especial la reina doña Letizia que con sus modelitos se ha convertido en la máxima estrella de las pasarelas mundiales.
Los súbditos en un acto de generosidad sin límites consienten todos sus caprichos. Esta es la demostración más clara del buen funcionamiento del sistema democrático.
Los candidatos saben de antemano que cualquier crítica a la monarquía le puede salir muy cara. Por eso prefieren callar y pasar de largo en este asunto tan espinoso vaya a ser que se hundan en las encuestas. ¿Y al respecto del referéndum entre monarquía o república? Insinuarlo siquiera sería una afrenta imperdonable. La sociedad española aún no está madura para afrontar tamaño dilema. Este es un dogma de fe inamovible imposible de refutar.
¿Es lícito cambiar el sistema de gobierno? No, por favor, eso sí que es una blasfemia. La monarquía es algo intrínseco a nuestra forma de ser, a nuestro carácter. La tutela de un ser superior que guie nuestras vidas es algo que nos enaltece. Los ideales republicanos, la soberanía popular, el derecho a decidir, la dignidad humana son conceptos subversivos que es mejor obviarlos.
Los bufones palaciegos se baten en duelo ilusionados por alzarse con el cetro de gran Chambelán (ayudante de cámara real). A los monarcas les debemos pleitesía porque ellos representan la flor y nata de la nobleza, la aristocracia y los grandes de España. El poder omnímodo de la iglesia católica tampoco es muy conveniente ponerlo en tela de juicio pues sus eminencias son como sus majestades más divinos que humanos. ¿Y los jueces de la Audiencia Nacional, ese tribunal de orden público franquista que ejerce la represión y el castigo? Ni por asomo se les nombra. Por extraño que parezca nadie está en contra de la ley antiterrorista, las detenciones arbitrarias, las torturas en comisaría, o la Ley Mordaza. Se ha de imponer el estado de derecho y el imperio de la ley. Por eso deben ser condenados los rebeldes y golpistas catalanes que pretenden romper la unidad de España. 500 años de historia en común es un argumento poderosísimo que difícilmente se puede tirar por la borda. Así lo decidieron los súbditos por mayoría absoluta en el referéndum tutelado por las Fuerzas Armadas en 1978.
Materias tan comprometedoras no admiten el más mínimo desliz. Tal y como están las cosas los monarcas ni siquiera necesitan presentarse a unas elecciones. La democracia es un asunto terrenal y ellos habitan en el séptimo cielo. Todos los partidos políticos desde el PP, Cs, VOX y el PSOE e incluso también Podemos (están en el Congreso de los Diputados porque prometieron -muchos por imperativo legal- la Constitución) besan sus manos y hasta sus pies porque son la garantía de la unidad de España y la estabilidad del reino.
¿Y la memoria histórica? ¿Alguien ha reclamado por los 130.000 muertos que están enterrados en las cunetas? ¿Quién se atreve a sacar la cara por las víctimas del holocausto nazi-franquista? A Callar, a callar que esto también resta votos. Es mejor que cicatricen las heridas en pro de la paz y la reconciliación entre los españoles. ¿Alguien ha interrogado a don Juan Carlos de Borbón sobre el por qué juró como legítimo heredero del caudillo conociendo su prontuario criminal? ¿Quién dio la orden de enterrar al dictador en el Valle de los Caídos? Silencio, absoluto silencio.
Los candidatos de esta mascarada deben hacer gala de inteligencia y carisma; las frases hechas, las poses y gestos una y mil veces estudiados. De memoria recitan los datos, las cifras de la recuperación económica, la bajada del paro, la prima de riesgo, el Ibex 35 o el índice de precios al consumo demostrando su conocimiento y sapiencia.
Al fin y al cabo el reino de España debe ceñirse a los dictados de Bruselas y a las imposiciones de la locomotora alemana.
La economía es los que realmente preocupa a los súbditos. Sólo hay que ver las colas que se forman para adquirir la lotería de navidad en pleno ¡verano! Y los casinos que pululan por todos los pueblos y ciudades, la primitiva, la quiniela o los cupones de la ONCE. La suerte es la única que nos puede redimir. Porque sea como sea hay que salir de la crisis. Los candidatos sacan pecho y con voz impostada prometen que van a crear millones de puestos de trabajo, contratos indefinidos y bien remunerados. Se acabó la precariedad laboral y el paro endémico. Es prioritario levantar la moral de los súbditos: el alza de los sueldos y de las pensiones, la rebaja de impuestos, el IVA, el IRPF, los intereses bancarios, las hipotecas, las ayudas familiares, la igualdad de género, el fin del impuesto a las sucesiones, a los testamentos, regenerar el mundo rural, revertir el déficit demográfico, y sobre todo, mantener el estado de bienestar.  Promesas y promesas que se lanzan a río revuelto a ver si los incautos pican el anzuelo.
Esta es la mejor oportunidad para autoproclamarse adalides de la lucha contra la corrupción, el clientelismo, la prevaricación y el desfalco. Aunque no son más que palabras estériles pues esta es una práctica generalizada casi imposible de erradicar.
Ni siquiera se ha abierto un debate sobre política exterior: las relaciones con EE.UU, el papel en la OTAN o la participación en la guerra contra el terrorismo. Ningún candidato se ha referido a la industria armamentística y menos a las multinacionales que participan expolio de las materias primas de los países del Tercer Mundo. Además de las compañías y empresas españolas ganan jugosos dividendos vampirizando la marginación y la pobreza. Poco importan las relaciones con los países latinoamericanos, ni el futuro del pueblo saharaui que agoniza abandonado en el desierto. Son un ejemplo más de la soberbia del reino de España que se jacta de pertenecer a los países más ricos del planeta. La demagogia los lleva asumir el reto de enfrentar temas tan trascendentales como la ecología, la energía nuclear, los inmigrantes o los refugiados. Todos los partidos sean de izquierda o de derecha apuestan por revitalizar la educación, la cultura, las artes, las letras. Seguramente son asuntos prioritarios porque tienen que convencer a unos electores cada día más críticos y exigentes.  
En resumen: la Casa Real es intocable. Sus majestades son inmunes e inviolables ante la ley tal y como reza el artículo 56.3 de la constitución. Nadie se ha atrevido a indagar sobre cuál es la verdadera dimensión de su patrimonio, sus inversiones, sus cuentas secretas o los testaferros que se encargan de administrar su fortuna en los paraísos fiscales. Aparentemente la corrupción, el tráfico de influencias, o el enriquecimiento ilícito es algo que no les atañe pues sólo le rinden cuentas a Dios todopoderoso. El rey don Juan Carlos, blindado por los partidos constitucionalistas, se dedica a la bohemia, la pachanga, los toros y los cruceros de placer. Al final los súbditos son los que pagarán los platos rotos.
Las clases populares, el proletariado, los obreros, los campesinos tienen un valor meramente sentimental y fuente de inspiración de las consignas más apasionadas. Poco cuentan esos súbditos empobrecidos por las políticas neoliberales, esas víctimas de la emergencia social que humillados tienen que rogarle una limosna a Cáritas, la Cruz Roja, al Banco de Alimentos o las ONGs. Existen millones de familias desahuciadas, en el paro o la marginalidad mientras la Casa Real dilapida sin remordimiento millones de euros en satisfacer el fuego fatuo de sus vanidades.
A estas alturas de la historia poco importa el debate ideológico. El socialismo, el comunismo o el marxismo son teorías fracasadas y caducas. Las banderas rojas con la hoz y el martillo hacen parte de un pasado remoto y deben esconderse en el trastero. La derechización es el signo de los tiempos y cada día que pasa se acentúa su vigor.  
La estrella de esta campaña electoral es sin lugar a dudas es VOX, el partido defensor de la españolidad y el mejor antídoto para contraatacar a los secesionistas catalanes. ¡Por Dios, la Patria y el Rey!  En defensa de las tradiciones más vernáculas,  y los héroes sacrosantos desde don Pelayo, el Cid Campeador, los reyes Católicos, Cristóbal Colón, el gran Capitán, Hernán Cortes, Pizarro, el almirante Blas de Lezo,  herederos de los guerreros que participaron en los siete siglos de reconquista, valedores de  la hispanidad, las épicas victorias en la batalla de Covadonga, Navas de Tolosa  o de Lepanto. Con ellos resucita el “imperio hacia Dios”  y los principios fundamentales del Movimiento legados por el caudillo Francisco Franco Bahamonde por la Gracia de Dios. Bajo el lema de “todo por la patria” se impone ese espíritu romántico que ensalza al caballero español ¡viva la tauromaquia, la caza, el jamón, la paella! Para garantizar el respeto a la bandera, el himno y la dignidad de su majestad el rey. La seguridad por encima de todo, el velar por la propiedad privada, la xenofobia y el racismo que son los máximos valores de la ultraderecha.
Pero el mayor drama quizás lo va a protagonizar Podemos pues su pacto con el PSOE -por desbancar al PP en la moción de censura- lo condenan al máximo castigo al quedar reducidos a la mitad de los diputados en las cortes monárquicas. Pablo Iglesias e Irene Montero líderes absolutos han perdido toda credibilidad al comprarse una mansión de 600.000 euros en una de las zonas más  aristocráticas de Galapagar. ¿Cómo le podrán explicar a los proletarios y descamisados tamaño despropósito? Su prédica se hunde en la más vil hipocresía  Un estúpido error que le costará muy caro y por lo que no les quedará más remedio que dimitir la misma noche de las elecciones.  El triunfo en las urnas de Pedro Sánchez es inobjetable aunque tendrá que pactar para seguir gobernando. La debacle del PP, quizás el partido más corrupto de Europa, también será apoteósica. Así que VOX, el PSOE y Ciudadanos serán los triunfadores de la jornada.
Estamos en la Europa del siglo XXI, en la era del consumismo más voraz y depredador, dominados por la dictadura tecnológica globalizada: el Internet, el iPod, el Smartphone, el Twitter, el WhatsApp, el Instagram, Telegram o Facebook. No hay sitio para la nostalgia, ni las aventuras revolucionarias pues el capitalismo ruin y despótico es el que manda.
Este domingo millones de súbditos avalarán con sus votos la legitimidad del feudalismo monárquico. Son votos que perpetuarán el poder a la dinastía borbónica y sus descendientes.  No hay nada, ni nadie que lo ponga en entredicho. Sólo una minoría antisistema es capaz de mantener el pulso pero se ve impotente para enfrentar una fuerza tan descomunal. La sociedad burguesa y reaccionaria expresará contundentemente en las urnas su voluntad. ¡Gloria al nacionalismo español! ¡Loadas sean sus majestades!
Carlos de Urabá 2019


vendredi 7 décembre 2018

VOX, la cólera de Dios.


Trump, Bolsonaro, Duterte, Orban, Le Pen, Abascal…

Aquellos que se pensaban que las grandes manifestaciones por la unidad de España acaecidas en Cataluña en los últimos meses eran algo folclórico o festivalero, se equivocan.  Gracias al proceso independentista catalán Vox ha conseguido un triunfo histórico e inobjetable en Andalucía y que se proyectará en un futuro próximo al resto de España.

La proclamación de la república catalana el día 27 de octubre de 2017 fue un acontecimiento que enfureció al nacionalismo español. Todos esos sentimientos patrios se encontraban en letargo hasta que de repente el volcán hizo erupción. ¿Cómo explicar que en los balcones de las casas y de los edificios, en la mayoría de los pueblos y ciudades españolas, se hayan colgado miles de banderas rojigualdas? España está en peligro y con ardor guerrero miles de patriotas se lanzan a las calles al grito de ¡viva España! Resucita la una, grande y libre, en defensa de la herencia sacrosanta de la monarquía, el estado de derecho, la constitución y la democracia. ¡Vivan las caenas! A luchar hasta la última gota de sangre en memoria de los héroes gloriosos: don Pelayo, los Reyes Católicos, el Gran Capitán,  el Cid Campeador y el caudillo Francisco Franco por la gracia de Dios. España con 500 años de historia común es indivisible tal como reza el dogma constitucional.

Y de repente en las elecciones andaluzas del domingo 3 de diciembre, donde todo el mundo esperaba que el PSOE consiguiera mantenerse en el poder gracias a una alianza de conveniencia con algún partido comodín, estalló la bomba: ¡VOX 12 diputados  y casi 400.000 votos! - hace 4 años tan solo sacó 18.000 votos-  Este cataclismo político de  magnitud de 10 grados en la escala de Richter con toda seguridad va a proyectarse a nivel nacional en las próximas elecciones generales, municipales, autonómicas y europeas. La suma de la derecha del PP, Cs y Vox (con 26, 21 y 12 respectivamente) les dan la mayoría absoluta. Mientras tanto la izquierda en estado de shock se tira de los pelos y se rasga las vestiduras ¡alerta antifascista! ¿Qué hemos hecho para merecer esto? ¿En qué fallamos? Y lo peor de todo es que VOX ha conseguido conquistar los más diversos sectores de la sociedad que va desde los albañiles hasta los oligarcas. Los analistas hacen esfuerzos sobrehumanos por explicar este fenómeno tan insólito que los ha dejado medio groguis. Definitivamente los electores más radicales decidieron escenificar la venganza en los colegios electorales al meter el voto en la urna como si se tratara de un cuchillo que corta la yugular de los enemigos de España. Al fin y al cabo Andalucía es el bastión inexpugnable de la monarquía borbónica.

Pero existen unos antecedentes que no se pueden pasar por alto. Rajoy y los partidos constitucionalistas no se atrevieron a aplicar con todo el rigor el artículo 155 de la constitución para desmovilizar al independentismo catalán. Obviaron  cerrar televisiones, radios, periódicos “golpistas”, asumir por decreto ley la competencia en educación y seguridad y, especialmente, declarar al español como la lengua oficial de la comunidad autónoma catalana. Según la extrema derecha debió llevarse a cabo una especie de limpieza étnica y social con el propósito de demoler por completo las estructuras del separatismo.  Su máxima exigencia es que la justicia condene sin contemplaciones por rebelión, sedición y traición a la patria a esos políticos golpistas que “merecen pudrirse en las mazmorras”. Pero quizás la gota que rebosó el vaso haya sido la moción de censura que derribó al PP y elevó a la cima del poder a Pedro Sánchez,  con el apoyo de los “comunistas” de Podemos, separatistas catalanes y los “terroristas” vascos. La suma de todos estos factores ha desencadenado el apocalipsis electoral.

El pueblo andaluz  ha demostrado un alto grado de incongruencia y de ignorancia política  pues un día son capaces  de votar  por las opciones más progresistas  y al otro por la ultraderecha más radical. Se acostaron con la camiseta del che Guevara y se levantaron con el yugo y las flechas.  Este típico caso de esquizofrenia colectiva denota que no existe  memoria histórica, ni conciencia social, pues arrastrados por la rabia y el odio han preferido abrazar los principios fundamentales del “movimiento nacional”.

Asistimos estupefactos al rebrote de la xenofobia y el racismo, la criminalización de los  inmigrantes, especialmente a los de rasgos árabes o africanos, VOX pretende derogar la ley de violencia de género, la ley de memoria histórica, la ley del aborto, cerrar Canal Sur, reivindicar el patriarcado, ese machismo españolista que condena a las mujeres a criar hijos y a cocinar. Vuelve la España arcaica que defiende los valores más retrógrados, la caza, la tauromaquia, el nacionalcatolicismo de las misas y las procesiones de semana santa, el novio de la muerte o el Cristo de la buena muerte.

Esta tragedia se ha consumado como consecuencia de casi 40 años de Socialismo Andaluz  PSOE, partido único e institucional que no ha podido atajar los casos más abyectos de corrupción, prevaricación y clientelismo, que se traduce en el robo de  millones y millones de euros de las arcas públicas en un país donde campa a sus anchas el paro y la marginación social.  Hechos irrefutables que ha propiciado un demoledor voto de castigo del ala más radical del nacionalismo español.
Felipe VI se ha revelado como el mejor jefe de campaña de Vox. Su majestad el rey en su discurso del 3 de octubre del 2017 apasionado arengó a sus huestes: “todos hemos sido testigos de los hechos que se han ido produciendo en Cataluña con la pretensión final de la Generalitat de que sea proclamada –ilegalmente- la independencia de Cataluña…” “con su conducta irresponsable incluso pueden poner en riesgo la estabilidad económica y social de Cataluña y España…” “Han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional…” “es responsabilidad de los poderes del Estado asegurar el orden constitucional…”  Esta ha sido la mejor propaganda para los nostálgicos del Imperio español que vuelve a resurgir. Castigo a los súbditos catalanes desleales,  ¡Make Spain great again! Es la hora de recuperar el orgullo y levantar la moral; hierve la sangre y esa furia española que en su día conquistara los cinco continentes.  Que Cataluña quiera separarse de la madre España  y proclame la república es una afrenta imperdonable ¡a mí la Legión! ¡Viva la Guardia Civil y la Policía Nacional! ¡Vivan los toros y la paella! que venga la Armada Invencible a imponer el orden y la ley. “No nos engañan Cataluña es España”

VOX viene a hacer justicia y a poner de rodillas a esa antiespaña de blasfemos y sacrilegios ateos que pretenden profanar la tumba del caudillo Francisco Franco en el Valle de los Caídos.

El  número de andaluces y sus descendientes en Cataluña se eleva a más de un millón (9% del población) llegados en la época de la emigración forzada -allá por los años sesentas y setentas- a causa de la miseria y el hambre. Ellos han sido los principales valedores de la derecha españolista -encarnada en Ciudadanos- y que se convirtió en el partido más votado en las pasadas elecciones catalanas. Por un efecto mimético ahora esta deriva se ha trasladado a su propia tierra propiciando el resurgir de VOX que ha cambiado por completo el mapa político andaluz.

La ultraderecha se fortalece a nivel mundial y España no va a ser la excepción teniendo en cuenta que ningún otro país europeo heredó el Jefe de Estado que juró los principios fundamentales del movimiento nacional de un régimen fascista, ni mantuvo sus símbolos, ni permitió la impunidad de los crímenes de lesa humanidad, ni la continuidad de todo sus aparato represor.

Carlos de Urabá 2018