La jaula

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por la emancipación de los pueblos
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lundi 13 octobre 2014

La otra guerra de Palestina: la lucha por la soberanía alimentaria.





Acaba de terminar la fiesta del cordero o el Eid el Adha y la pregunta que nos planteamos es ¿en Palestina dónde se crían los corderos?, ¿dónde están los pastores? Y la respuesta es que por culpa de la ocupación sionista ya no hay campos para darle de comer al ganado y el oficio de pastor ha desaparecido casi que por completo. Basta con echar un vistazo al entorno natural para comprobar el amargo panorama: cercas, vallas electrificadas, muros, controles militares, campos minados, es decir, barreras infranqueables que afectan no sólo al ser humano sino también al medio ambiente.

En Palestina el mundo rural y la cultura popular agonizan.  El invasor israelí los ha despojado de las mejores tierras, de sus pueblos, de sus recursos naturales y hasta de sus almas. En Cisjordania desde el año 1967 los colonos judíos han construido más de 50 asentamientos en una clara violación de las resoluciones emitidas por la Asamblea General de la ONU. Este proceso va a ser muy difícil revertirlo porque ellos “sólo cumplen órdenes de Yahvé y jamás podrán desalojarlos de sus hogares”. La presión demográfica es insoportable y falta espacio para acoger a los futuros inquilinos.

El censo poblacional de las ciudades de Cisjordania o Gaza nos revela el catastrófico abandono del medio rural. El campo es un escenario hostil plagado de peligros pues los judíos no han renunciado a sus intenciones de anexionarse por completo lo que queda de Palestina.  Como lo demuestra el caso del pastor Salman y su familia- protagonista de este documental http://youtu.be/PlXpLHcmkh0 al que el gobierno israelí ha confiscado sus propiedades en Hebrón. -Los colonos ultra ortodoxos van ampliando su radio de acción y no toleran intrusos. Ahora deben iniciar una nueva vida y adaptarse a un entorno artificial donde el campo ha sido urbanizado.  


Los grandes empresarios  judíos son los que realmente dominan el sector agrícola y ganadero. Esta es una actividad muy lucrativa gracias a la explotación de mano de obra extranjera-entre los que están incluidos los palestinos- El arduo trabajo de los jornaleros y peones les permite obtener extraordinarias plusvalías y multiplicar sus beneficios. Israel posee una industria agroalimentaria muy bien desarrollada capaz de competir con cualquier país  del primer mundo.  

La FAO recalca que la soberanía alimentaria es un derecho fundamental de los pueblos y sin ésta difícilmente podrán asegurar su libertad e independencia. Y este es el caso de Palestina que, a pesar de gozar de una cierta autonomía política tras la firma de los acuerdos de Oslo, su estatus no es otro que el de una colonia israelí. La potencia ocupante controla la tierra, el agua, las semillas, los recursos genéticos, y la biodiversidad. La economía palestina es meramente subsidiaria y no tienen la capacidad para autoabastecerse.  Además su dieta tradicional va siendo reemplazada por la alimentación industrial que imponen las grandes cadenas de supermercados o las multinacionales.

Los cultivos ecológicos, el pastoreo o la cabaña avícola y ganadera dirigido por los productores locales no alcanzan para satisfacer la demanda. Y lo más crítico quizás sea la dependencia extrema de miles y miles de refugiados que necesitan para sobrevivir de los alimentos de primera necesidad que les aportan los organismos de ayuda humanitaria como ONU, la Media Roja  o las ONGs.

El boicot internacional a los productos israelíes es una de las fórmulas más eficaces para socavar  su economía y castigar su vil actitud genocida.

Carlos de Urabá 2014


dimanche 31 août 2014

Palestina jamás será un estado viable sin el valle del Jordán


La decisión del El gobierno de la ANP de declarar la independencia unilateral de Palestina –en base a las fronteras del año 67 y con Jerusalén Este como capital- choca con una cruda realidad imposible de ignorar.
 

Arija, Jericó (Lareaj o la Luna) es la ciudad más importante del valle del rio Jordán (al- Aghwar). En los textos bíblicos se le describen como un oasis de ensueño rodeado de palmerales donde se refugiaban las  caravanas de mercaderes en busca de sus fuentes de aguas cristalinas (Elishia) Desafortunadamente los manantiales de este vergel milagroso poco a apoco se han ido secando a causa de la sobreexplotación acuífera.  Rodeada de  áridas montañas la región es considerada el granero de Palestina (ocupa el 30% de la superficie de  Cisjordania-solo el 5% está bajo control de la ANP) En la actualidad cuenta con una población de 56.000 habitantes repartidos en 24 karias o pueblos que sufren los abusos de la ocupación sionista. Esta zona desértica desde siempre han sido el hábitat natural de los beduinos, esas tribus nómadas, hoy sedentarizadas,  que se dedican al pastoreo de camellos, cabras y ovejas. 

Jericó era la tierra mítica donde se situaba el paraíso bíblico y el sitio preferido por los profetas y ermitaños que se dedicaban a la vida contemplativa. Tal y como queda reflejado en el pasaje del Nuevo Testamento en el que se relata el retiro de Jesucristo durante cuarenta días y cuarenta noches en el Monte de las Tentaciones.

Antiguamente las casas de Jericó se construían con adobes y cañas pero hoy ya no queda  casi ninguna en pie pues la mayoría son de cemento y ladrillo. Tan sólo permanecen inalterables las ruinas de Tell es-Sultán donde los arqueólogos afirman que se encuentran los restos de  la ciudad más antigua del mundo

Al concluir la Primera Guerra Mundial con la derrota del imperio Otomano la Palestina  histórica pasa a manos de los ingleses. Jericó era tan solo una aldea beduina sin ningún valor estratégico que languidecía en medio de una árida estepa.  Posteriormente al desatarse la guerra árabe- israelí de 1948 la dinastía hachemí jordana ocupa en su totalidad Cisjordania y  Jericó se convierte en la capital del valle del Jordán. Pero tras la derrota de los ejércitos árabes en la guerra de los Seis Días en 1967 Jericó fue capturada por el ejército sionista sin apenas prestar resistencia. El desastre de la Naksa provocó que  muchos de sus pobladores buscaran asilo en Jordania  -donde gran cantidad se sumaron a las filas de la OLP.   Los  fedayines al mando de Arafat iniciaron la lucha de liberación realizando infiltraciones de castigo y ataques suicidas contra el ejército hebreo y los colonos.

En Jericó existen dos campos de refugiados que son  Akabat Jaber, (que con sus 30.000 refugiados fue en su época el más grande de Cisjordania) que recibió a las familias desplazadas de Haifa, Gaza y Hebrón; y el  Ein as-Sultán que acogió a palestinos procedentes de  Jaffa, Salama, Ramla, Lodd.

 


No fue hasta 1993 con la firma de los tratados de Oslo que Jericó pudo recuperar su autonomía.

En Jericó predomina el paisaje desértico tan habitual en la región geográfica del Jordán (valle del Rift) y el Mar Muerto (el sitio más profundo de la tierra) En las orillas de este lago salado Israel construyó en 1952 una gigantesca fábrica (DSW) para procesar minerales tales como: la potasa, bromuro, yodo, o magnesio. También la industria de la cosmética (Dead Sea Cosmetics, SEACRET) -que está en pleno apogeo- aprovecha las sales, minerales y lodo para elaborar sus productos y comercializarlos en los cinco continentes.

A partir de 1967 los colonos judíos inician la conquista de este territorio fundando sus asentamientos y  kibutz (patrocinados por la política expansionista del estado hebreo) Actualmente existen más de 10.000 colonos distribuidos en 40 asentamientos (protegidos con bases militares)  a lo largo y ancho del valle del rio Jordán y el Mar Muerto y las previsiones es que se multipliquen por dos al finalizar la década.  Los invasores se llaman a sí mismos “pioneros” y dominan  todo el sistema hídrico –incluidas las fuentes de agua subterránea- imprescindible para regar y fertilizar el valle del Jordán. Lo que se traduce en 32.000.000 de metros cúbicos por año (extraídos del Acueducto Nacional) Cifra que les ha permitido  realizar una verdadera revolución agrícola. Por el contrario a los palestinos se les restringe el acceso al agua o a la electricidad y deben resignarse a aceptar las exiguas cuotas que les imponen.

Los colonos han sembrado 3 millones de palmeras datileras –de las que se obtienen varias cosechas al año (los cultivos de palmeras y vides son financiados por el estado judío) y que generan millones de dólares de beneficios pues casi toda la producción se destina a la exportación.

Este valle húmedo tropical goza de una temperatura ideal con inviernos cálidos y veranos secos y tórridos.  Mediante las técnicas de cultivo hidropónico, riego por goteo y los invernaderos se obtienen satisfactoriamente cosechas de: berenjenas, tomates zapallitos, pepinos, sandías, melones, dátiles, fresas, caqui, mangos, bananos, verduras, hortalizas, flores cuya producción se destina al mercado nacional e internacional. Cualquier construcción u obra pública que realicen  los palestinos debe ser aprobada por la autoridad militar correspondiente o de lo contrario se exponen a ser demolidas. 

Jericó en estos últimos años ha disminuido el uso de la tierra agrícola (su principal renglón económico) ya que la política del gobierno israelí es la de confiscarlas. http://youtu.be/-Mz0pOisWTU  Un estudio de la ONU prevé que en el plazo de 30 años el Mar Muerto, por culpa del desvío de agua dulce que se aprovechan para el uso humano y agrícola, está en serio peligro de secarse. La catástrofe ambiental  de ambas orillas del Jordán es un hecho irreversible pues anualmente se vierten miles y miles de toneladas de agroquímicos que contaminan, no solo su vertiente, sino también las aguas subterráneas.

Según lo establecido en los acuerdos de Oslo se suponía que en un  plazo de cinco años debería de haberse creado el estado palestino. Pero tan solo se trataba de un maldito espejismo, de una burda patraña que los ha sumido aún más en el pesimismo y la desesperanza. Últimamente el primer ministro Netanyahu ha declarado que: “Israel jamás se retirará de la zona de seguridad del valle del Jordán” “es un suicidio nacional que comprometería seriamente la seguridad de Israel”  Los judíos tienen miedo de lo que pueda suceder en el momento en que transfieran su soberanía a la ANP.   Argumentan que el islamismo radical es una amenaza que se acrecienta y no quieren que se repita un “nuevo holocausto” como el que experimentaron en los tiempos de Hitler. Lo de Gaza con Hamas es algo que no van a permitir que se reproduzca en Cisjordania.

Después de su triunfo en la guerra de los Seis Días en 1967 el Tzáhal estableció una franja de seguridad de 4 kilómetros de ancho a lo largo del rio Jordán, el Mar Muerto  y el desierto del Negev. El gobierno sionista pregona que esta área -perteneciente a  lo que ellos denominan “Judea y Samaria”- es imprescindible para la “supervivencia del estado judío” –En dicha franja se confiscaron todas las tierras de los palestinos con el pretexto de utilizarlas para uso militar (prácticas de tiro) y la creación de reservas naturales.  Además ésta ha sido reforzada con alambre de púas,  vallas electrificadas, trincheras y 64 campos minados. La ocupación de toda esta área significó la ruina para  miles de familias palestinas que trabajaban en agricultura y ganadería pues perdieron sus medios de subsistencia.

En los dos primeros años el ejército israelí disparaba contra aquellos palestinos que se atrevían a ingresar en la zona de seguridad y que no respetaban el toque de queda. Ni sabe los cientos de muertos y desparecidos que causó dicha medida ya que ni siquiera existen estadísticas ni documentación al respecto. Incluso miles de  cabras, ovejas y camellos fueron abatidos inmisericordemente aplicando la táctica de tierra quemada.

A partir de los años 80  se instalaron con mayor empuje  las colonias ilegales judías en el valle del Jordán. Hoy se han transformado en lujosos condominios con sus bosques, jardines floridos, césped, piscinas, centros deportivos, hospitales, supermercados o escuelas. Mientras del otro lado los palestinos no tienen otra alternativa que resignarse a trabajar en los asentamientos de jardineros, jornaleros o albañiles en régimen de explotación. Recordemos que el 46 por ciento de la población de Cisjordania sobrevive por debajo del umbral de la pobreza. Cada asalariado debe mantener a unas diez personas ya que la mayor parte de los habitantes es menor de edad. Para encontrar trabajo y desplazarse es necesario obtener la tarjeta verde que expide la autoridad militar israelí.  Un contrato de trabajo en Israel o en las colonias  es un preciado tesoro que cuidan con esmero a sabiendas que Jericó tiene las  tasas de paro más altas de Palestina.  Israel para estimular su productividad premia el buen comportamiento de los trabajadores palestinos que hacen lo imposible porque su hoja de vida se mantenga impoluta.  

Igualmente el valle del Jordán y el Mar Muerto hace parte fundamental de los circuitos turísticos de los peregrinos cristianos que vienen del mundo entero a visitar la mítica Tierra Santa.  En Jericó es muy famoso el monasterio de Qarantal -de los monjes greco ortodoxos- situado en las escarpadas laderas del Monte de las Tentaciones (donde se supone, según  las escrituras,  que Jesucristo mantuvo un duelo con el demonio en su retiro de 40 días y cuarenta noches). El turismo es otro factor importante de la economía Israelí y es por eso que en el Mar Muerto se ha levantado un extenso complejo hotelero, SPA y balnearios que ofrece costosos tratamientos medicinales. Los tour se completan con la visita a  los sitios arqueológicos de Qumran,  donde se encontraron los textos bíblicos más antiguos hasta ahora conocidos, o qasr Alyahud en el que aseveran los historiadores fue bautizado Cristo.

Para los palestinos de Cisjordania -completamente bloqueados por el ejército de ocupación y el muro del apartheid- Jericó representa el único lugar  de ocio y la diversión al que pueden acceder. Sobre todo,  su máximo atractivo es el teleférico del Monte de las Tentaciones donde semanalmente se dan cita cientos de excursionistas.   http://youtu.be/hgqfkiBBIkU

El plan previsto por los negociadores judíos y palestinos en Oslo (que contó con el patrocinio de los EEUU) era el convertir Cisjordania y Gaza -aplicando las políticas de libre mercado y aprovechándose de la mano de obra barata- en unas factorías o maquiladoras al estilo de los Tigres Asiáticos. Según los proyectos de  los mediadores y las partes implicadas la paz debería ser cimentada por el renacer económico. Los políticos, los militares, los empresarios, los inversionistas querían hacerse aún más ricos aplicando  las teorías neoliberales que son sinónimo de corrupción  y nepotismo. El lobby judío dio el visto bueno a la operación y la Autoridad Nacional Palestina no dudó en apuntarse a tan lucrativo negocio -Sin competencia de ninguna clase  se reservaban el  monopolio de productos tales como la harina, el azúcar, el aceite, la carne, los cigarrillos, el ganadería, el cemento, el gas, la madera, el petróleo o el renglón agroalimentario.

El grupo de capitalista palestino, los grandes empresarios e inversionistas se entienden perfectamente con sus pares judíos haciendo realidad el proceso de “normalización” (resistencia pacífica). Es decir, repartiéndose las ganancias equitativamente. Ellos  cobran y no les rinden  cuentas a sus ciudadanos con la excusa del estado de guerra permanente.

La burguesía nacional palestina representada por los miembros de la OLP y al Fatha, otrora guerrilleros fedayines que se definían como socialistas, a partir de los tratados de Oslo se convirtieron en la élite capitalista Palestina. A ellos se unieron los hijos de la diáspora nacidos en EE.UU, Europa o el Golfo Pérsico que habían  amasado grandes  fortunas y que ahora deseaban y desean fervientemente invertir en su amada patria.

Quizás el escándanlo más sonado y que nos sirve de revelador ejemplo es el del Casino Oasis en Jericó. Los juegos de azar gozan de gran popularidad entre los israelíes pero están prohibidos por razones religiosas (igualmente por el Islam)- La ANP  lo tenían como un objetivo valido para revitalizar la economía y  atraer visitantes extranjeros de alto poder adquisitivo. Para dicho cometido se creó una empresa mixta palestino-israelí donde tenían intereses Ariel Sharon, Ehud Olmert, Liberman y Arafat por intermedio de su asesor económico Mohamed Rashid. Se construyó para tal fin y con un costo de 92 millones de dólares el lujoso Hotel Intercontinental y la compañía Casinos Austria Internacional -propiedad del multimillonario judío-austriaco Martin Schlaff- se encargó de instalar  el Casino Oasis de Jericó en 1998. El nuevo “las Vegas de Tierra Santa”.  Este era muy popular entre los judíos que venían a jugar en la ruleta, el back Jack, póquer y las máquinas tragamonedas. Estamos hablando de una copia exacta del Sun City, un complejo al juego y el sexo localizado en el bantustán sudafricano de Bophuthatswana. Los dueños del casino Oasis obtenían 12.000.000 de euros de beneficios mensuales y el mismo daba trabajo a 1.600 empleados. Pero a partir del inicio de la intifada de Al Aqsa en el año 2000 el montaje se vino abajo.  

Empresarios palestinos blanquean productos de Israel boicoteados en el mercado internacional.

Es difícil de acreditar pero las arbitrariedades que cometen estos cínicos traidores suceden más de lo que nosotros imaginamos.  Y no es de extrañar pues hay de por medio sustanciosas comisiones.  Con el fin de romper el boicot impuesto a los productos israelíes, que aplican varios países -promovidas por las distintas ONGs- los empresarios judíos  cuentan con la complicidad de sus “socios” palestinos para etiquetar los productos con el made in Palestina.

Y aunque el cerco militar israelí es asfixiante  todo se arregla bajo cuerda con acuerdos secretos manejados por una intrincada red de testaferros para eludir responsabilidades y salir limpios ante cualquier imprevisto. El dinero no tiene nombre y puede lavarse en múltiples paraísos fiscales.

Los jugosos beneficios de esta práctica se los reparten la burguesía capitalista de la ANP -con el gobierno de Arafat y ahora el de Abu Mazen- y los empresarios judíos.  Ambos socios capitalistas se reúnen en secreto  a almorzar o cenar y concretar sus lucrativas transacciones.  A cambio Israel premia a sus socios con un estatuto especial que les otorga categorías VIP. La burguesía capitalista palestina es la que ha patrocinado el plan Kerry para la paz sin que el pueblo ni siquiera sepa lo que se está negociando.  Los propios políticos traidores de la ANP se encargan de normalizar la ocupación.

Por culpa del bloqueo impuesto a los palestinos por el ejército ocupante (tierra, mar y aire) la única vía de contacto con el exterior es el puesto fronterizo de Allenby (salida natural hacia Jordania). Por el momento es casi imposible que el gobierno de Israel renuncie a su dominio a pesar de que estar inscrito dentro de las fronteras del año 1967. (que son las que finalmente reconocen la ONU y la comunidad internacional)  

De no encontrarse una solución satisfactoria al conflicto árabe-israelí a largo plazo el valle del Jordán se convertirá en el futuro campo de batalla. La liberación de Palestina en una mesa de negociaciones casi parece una quimera. Todas las tentativas hasta el momento han fracasado pues las exigencias de ambas partes son insalvables. Los Israelíes replican “que el perdedor de la guerra no puede imponer las condiciones de paz y debe resignarse a acatar las exigencias de la potencia vencedora”.  El argumento más poderoso a su favor es su poder armamentístico.  ¿Acaso Palestina posee un ejército y un arsenal moderno para enfrentar a su enemigo?

Carlos de Urabá 2014

Túnez.
 
 
 

 

 

lundi 9 juin 2014

Nablús, bastión de la resistencia popular palestina.


Una de las más nefastas consecuencias que provocó la Nakba y la Naksa fue la destrucción de la sociedad rural palestina (un  genocidio que continúa hasta nuestros días) Irremediablemente se cortó el vínculo con la madre tierra y sus fuerzas telúricas. A partir de entonces  miles y miles de campesinos se convirtieron en refugiados o mendigos de la ayuda humanitaria.  El modo de vida tradicional se alteró por completo y poco a poco tuvieron que integrarse a la fuerza  en el medio urbano. Quizás el caso más patético sea el de las tribus nómadas beduinas obligadas a sedentarizarse perdiendo para siempre su identidad. Hoy tan sólo el 15% de la población Palestina se desenvuelve en el ámbito rural. ¿Qué se puede esperar de un pueblo despojado  de los medios de  producción y la soberanía alimentaria? Nada más que resignarse a depender por completo de la economía israelí.  El Shekel como moneda de cambio es una clara imposición colonial que dinamiza las relaciones sociales.    

Los estudios antropológicos sostienen que la cultura popular se forja en el  mundo campesino.  ¿Esa herencia que se transmite de generación en generación puede echar raíces en el cemento y el asfalto?  ¿dónde están los artesanos aniquilados completamente por los productos made in China?

No hay más que recorrer los campos para darse cuenta de la abrumadora tristeza que se palpa en el ambiente. Ya no hay labradores que canten arando la tierra, ni  pastores que toquen el ney arreando los rebaños. Tampoco trinan los pájaros y ni las abejas liban el néctar de las flores, los árboles frutales sedientos se marchitan. La palestina idílica tan sólo permanece viva en los recuerdos de lo que fue y ya nunca volverá.  

La tradición oral ha sido reemplazada por los  medios de comunicación de masas. Sobre todo la televisión asume el papel de transmisor de las señas de identidad. Así se constata al contemplar  los enjambres de antenas parabólicas que se multiplican  sobre los techos de las casas y edificios.  Al menos la realidad virtual rompe el bloqueo y los transporta a otras dimensiones más placenteras. Esta noche se juega el clásico de fútbol el Barça- Real Madrid y  la gente seguramente caerá presa del delirium tremens.

Se cumplen 66 años de exilio, 66 amargos años de ausencia y para colmo en estado de sitio permanente: campos de minas, alambradas, vallas electrificadas, muros y barreras, checkpoints, asentamientos, cárceles, cuarteles, patrullas militares…  

Esta primavera aunque los almendros en flor nos devuelvan por un instante la esperanza de repente en el momento menos pensado los gendarmes  gritan ¡alto! y apuntándonos con sus fusiles nos obligan a identificarnos.  Nosotros como turistas podemos pasar sin problemas pero los palestinos deben demostrar su inocencia pues siempre son sospechosos de haber cometido algún delito.   

Nablús o la “pequeña Damasco” es una ciudad de unos 150.000 habitantes –repartidos entre musulmanes 91%, cristianos 6% y samaritano 3%- ubicada en un fértil valle regado por manantiales y al abrigo de los montes Al Tour, Ebal y Gerizim. Esta ciudad es un importante emporio económico del norte de Cisjordania dedicada por entero al rubro de la agricultura (cereales, las vides, el aceite de oliva) y las fábricas de jabón.

Igualmente los judíos ortodoxos también consideran a Nablús una ciudad santa – a la que llaman Shjém- (la antigua capital del antiguo reino de Israel) pues así lo aseveran restos arqueológicos como la tumba del patriarca José y el pozo de Jacob. Esta región geográfica la denominan con el nombre de Samaria.

Por este motivo mitológico en sus alrededores se multiplican los asentamientos judíos ortodoxos y ultraortodoxos de: Yitzhar, Braja, Itamar,  Elon Moreh, Brecha, Qadomen, Zaatara o  Envan (cuartel militar)  Los colonos aseguran que, tal y como está escrito en las sagradas escrituras, sólo a ellos les pertenece la tierra bíblica de leche y miel. La mayoría de estos  extranjeros, que afirman ser descendientes del rey David y el rey Salomón, son de origen americano o europeo. A estos desalmados no les tiembla la mano a la hora de quemar los campos de cultivo, cortar los árboles frutales o los olivos, matar el ganado o envenenar la tierra de los campesinos palestinos -a los que consideran poco menos  que animales-  

En Cisjordania viven aproximadamente 550.000 colonos israelíes repartidos en 120 asentamientos y puestos avanzados (unidos por una moderna red de carreteras) cuya protección corre a cargo del Tzahal.  Una de las principales preocupaciones de los judíos ortodoxos es el incremento de la tasa de natalidad con el fin de contrarrestar el alto crecimiento demográfico de los palestinos.  6 de cada 10 judíos ortodoxos no trabajan pues se autoproclaman los legatarios de la auténtica vida judía y por eso  se dedican de tiempo completo a los estudios de la Torá y el Talmud.  El estado Israelí  para recompensar su incondicional entrega a la causa sionista les otorga una paga de 550 euros mensuales. Además, los colonos ortodoxos y ultraortodoxos tienen una gran influencia en la vida política del país gracias a la presión que ejercen a través  del partido Shas y el Habait Hayehudí. El brillante resultado obtenido en las últimas elecciones les ha valido el derecho a formar parte del gabinete de Netanyahu (detentan  las carteras del  Ministerio del Interior y la Vivienda)

Lo cierto  es que la mayoría de estos colonos lo único que les interesa es aprovechar las increíbles ofertas inmobiliarias, las subvenciones, ventajas fiscales y los servicios públicos de primera categoría (colegios hospitales, universidades, centros deportivos) que ofrece el gobierno israelí a los ciudadanos que habitan las zonas de “alto riesgo”.  Aparte de que  muchos de ellos reciben ayudas del Ministerio de Agricultura para la explotación de los campos de cultivo en los que emplean mano de obra barata palestina. (En Nablús el paro es del 55%) Así que las ganancias de los empresarios son extraordinarias.  

En el corazón de la ciudad de Nablús late el suq khan al- Tujjar o Al-Balad Al-Qadima -el zoco  donde desde muy tempranas horas de la mañana comienza el ajetreo. Este mercado popular, al que calificaron los viajeros y cronistas románticos como uno de los más pintorescos de Oriente Medio, aún conserva el esplendor de otros tiempos. Su espectacular arquitectura otomana y restos arqueológicos romanos así lo atestiguan. Lamentablemente el estado de conservación del patrimonio artístico palestino es calamitoso y amenaza con desaparecer bajo los escombros.   

Lo más difícil quizás sea orientarse entre sus laberínticas callejuelas, es casi imposible abrirse paso en el gentío se arremolina entorno a los  puestos y  tenderetes donde se ofrecen un sinfín de productos típicos de la región: frutas, hortalizas, verduras, carnes, especias, dátiles almendras, uvas pasas, aceitunas, panes y en especial el dulce Kanafeh relleno de queso muy apreciado en la gastronomía árabe.  Nablús desde la más remota  antigüedad adquirió fama por la fabricación de jabón de comprobados efectos terapéuticos. Muchas de estas fábricas de jabón fueron destruidas en 2002 por los bombardeos de los cazas F16 de la aviación israelí que las consideraban “nidos de terroristas”.  Definitivamente los estrategas judíos se han fijado el objetivo de demoler el patrimonio cultural palestino.

Tras la derrota en la Nakba- 1948 miles de palestinos procedentes de Lydda, Ramle,  Jaffa y de 60 pueblos y aldeas de la zona, se vieron obligados a refugiarse en Nablús.  Buena parte de estos desterrados pertenecían y pertenecen a la etnia beduina. En un  principio una gran parte buscaron asilo entre las cuevas que hay en las montañas  y otros levantaron sus tiendas o jaimas de manera provisional.  Nadie quería construir un asentamiento fijo pues todos deseaban volver a sus pueblos.  Pero la tragedia se fue alargando en el tiempo y  resignados no tuvieron más remedio que comenzar a edificar sus viviendas con cemento y ladrillo.  Así surgieron los campos de refugiados de Balata, Al Farah, Ayr, Askar y nuevo Askar.

El campo de Balata, fundado por la ONU en el año 1950 -es el más antiguo de Cisjordania- y con sus 28.000 refugiados, el más grande de Palestina. Construido sin planificación alguna, -en apenas un área de 1 kilómetro cuadrado- sus desvencijadas viviendas fruto de la improvisación ya alcanzan varios pisos de altura. Muchas de las callejuelas del campo de Balata no miden más de metro y medio de ancho. Es tal el hacinamiento que en un piso de 60 metros cuadrados tienen que acomodarse 13 o 14 personas. Por falta de  espacio los baños de las casas son públicos y para rematar los servicios de  agua potable  y electricidad son deficitarios. Sólo hay dos médicos en el puesto de salud para atender a los pacientes y las escuelas precisan de nuevas aulas pues se han quedado obsoletas. Recordemos que el crecimiento poblacional-como ocurre en otras zonas Palestina-  es muy acelerado y los menores de 21 años sobrepasan el 60% en las estadísticas.  

Cualquier acuerdo de paz que se firme entre la ANP y el gobierno Israelí debe tener en cuenta  el regreso de los refugiados o de lo contrario estaría condenado al fracaso.

En el campo de Balata por extraño que parezca no se ha perdido el optimismo ni la sonrisa;  los niños  juegan en las calles, las mujeres tienden la ropa en las ventanas y las abuelas se entretienen bordando pañuelos sentadas a la puerta de las casas. En las paredes se leen frases  alegóricas a la libertad y la lucha armada, “Morir por Palestina es un deber” “Rompamos las cadenas de la esclavitud”  Las fotos de los mártires que  empuñan desafiantes sus metralletas se exhiben con orgullo. La bandera palestina ondea altiva en cada esquina, y los posters  del domo de la Roca con Yasser Arafat de fondo haciendo la v de la victoria ocupan los sitios más privilegiados.

En el año 2002, en el punto álgido de la intifada de Al-Aqsa, el ejército israelí – en desarrollo de la operación “Escudo Defensivo”, invadió Nablús y el campo de Balata con tanques, bulldozers y helicópteros en busca de los “peligrosos terroristas palestinos” (hombres bomba). Como los tanques no podían ingresar por sus estrechas callejuelas apostaron francotiradores en las alturas para cazar a los sospechosos. Mucha gente murió o fue arrestada y una gran cantidad de viviendas resultaron derribadas. Balata tiene la fama de ser  una de las principales canteras de suicidas. Muchos jóvenes han optado por sumarse a las operaciones de martirio en respuesta a la criminal ocupación militar sionista y el oprobioso castigo colectivo.

El 27 de diciembre del 2003 el ejército israelí asalta Nablus y  el campo de Balata  en persecución de los guerrilleros de la resistencia palestina. Después de tomar por completo la ciudad e imponer el toque de queda dinamitaron viviendas, mataron a varios guerrilleros e hicieron prisioneros a decenas de activistas de la OLP y del FPLP.

En el 2007 durante la denominada  operación Hot Winter el Tzahal destruyó una vez más  buena parte del campo de Balata como represalia a los sangrientos ataques perpetrados en territorio israelí por los  comandos suicidas palestinos.

A pesar que tras los acuerdos de Oslo la soberanía sobre Nablús se transfirió a la ANP, las agresiones del ejército sionista no se detienen pues su propósito es la eliminación total del enemigo.

La vida debe continuar su curso por más graves que sean las circunstancias y es así que en cualquier momento con motivo de una boda, un cumpleaños o cualquier celebración patriótica resuena el darbuka, el yarghul, el  laúd, o el  bendir. La música levanta la moral y es una parte fundamental del espíritu de resistencia revolucionaria. Es emocionante ver a todos los jóvenes con los brazos sobre los hombros bailando el dabkah, entrelazados siguiendo la coreografía en círculo o tomados de la mano marcando el ritmo de la música con los pies. Esta danza ancestral que simboliza la unidad, la solidaridad y cooperación encierra también un sentido de pertenencia a la familia, el clan o a un país. Video: http://youtu.be/v0rJjgFFsv4

El compromiso con la causa del pueblo palestino es algo sagrado. Por eso hasta los niños se niegan a claudicar y con una piedra en la mano o un cóctel mólotov  se enfrentan cara a cara contra la demoníaca maquinaria de guerra sionista. Resulta paradójico que los artistas hayan  convertido el “muro de la vergüenza” en un gigantesco lienzo donde expresan su compromiso de lucha y rebeldía. “¡Resistir, resistir hasta la muerte…!” Las ansias de libertad son incontenibles.    

Como expresara la poetisa Fadwa Tuqan, originaria de Nablus, no bastan las oraciones para conjurar la fatalidad.

“si mil cadenas me atan

Tantas fantásticas alas me harán volar (detrás de las paredes)

¿Protegeré a mi gente con palabras?

¿Salvaré con palabras a mi pueblo?”

El trajín  no decae en el mercado de Nablús,  la gente viene y va cargando sus bolsas y paquetes con la compra. La rutina diaria sigue su curso y todo el mundo comprende cuál es su papel  en este teatro de la vida.    Los diarios publican las últimas noticias y los gestos de desaprobación de los viandantes son ostensibles. El pueblo es el último en enterarse de las decisiones que toman los políticos. Todo está envuelto en el tupido velo del secretismo. ¿Algún día se proclamará la independencia de palestina? Una pregunta utópica que merece una respuesta realista: ¡inch’allah!   

Y una vez más la sombra de la fatalidad los atenaza tras el fracaso de las conversaciones de paz auspiciadas por el Secretario de Estado norteamericano John Kerry. La reconciliación entre Hamas y la OLP abre un nuevo período histórico de imprevisibles consecuencias. De momento  el primer ministro Netanyahu ha dicho que “Abbas ha elegido el terrorismo por encima de la paz” A Israel en todo caso le da lo mismo porque  ellos son los que mandan e imponen las condiciones. Además, los países occidentales respaldan su demencial política de hechos consumados.  Hace unos días el Knesset aprobó la construcción de 3.300 nuevas viviendas en Cisjordania y Jerusalén Este, (el año 2013 se duplicó la construcción de viviendas en los asentamientos) para escarmentar a la ANP por su actitud beligerante.

Un acuerdo de paz para Oriente Medio parece más un asunto divino que humano.  Por eso el Papa Francisco ha tomado la iniciativa convocando unas jornadas de oración en el Vaticano con la presencia del presidente israelí Shimon Peres y al líder palestino  Abu Mazen a ver si  se produce un milagro.

Carlos de Urabá 2014.

Amman-Jordania.