La jaula

La jaula
por la emancipación de los pueblos

jeudi 19 décembre 2013

Tomando el té con el Imam Jomeini.


Llegar en avión a Teherán es un espectáculo realmente maravilloso. En el horizonte se recortan los picos nevados de la cordillera de Alborz donde sobresale la esplendorosa cumbre del Damavand tímidamente quemada por los rayos del sol.  En sus faldas se extiende la capital de Irán inabarcable e infinita.  Este paisaje idílico es tan sólo un mero espejismo pues al poner los pies en tierra el hechizo se desvanece y comienzas a comprender el porqué esta megalópolis de 15 millones de habitantes tiene la fama de ser una de las más ruidosas y contaminadas del mundo.
 
Dirigirse al centro de Teherán en autobús (o en cualquier medio de transporte) es una desquiciada aventura que pone a prueba nuestra capacidad de aguante. El tráfico infernal y los interminables atascos dejarán un inolvidable recuerdo en nuestra memoria. Tras casi hora y media de viaje el chofer anuncia la parada de la plaza del Imam Jomeini y los pasajeros salen apresurados a cumplir con su rutina diaria. A esta hora de la mañana la gente desayuna en los bares y los cafés y yo por pura inercia me siento en una terraza a beber el tradicional té persa. De improviso tuve la extraña sensación de que alguien me observaba. Entonces, levanté la mirada  y vi un gigantesco retrato del  imam Jomeini pintado en la pared de un  edificio.  Allí estaba el Ayatollah de luengas barbas blancas envuelto en una túnica negra y tocado con su típico turbante. Nadie puede escaparse a esa aguda mirada  que te intimida y advierte que debemos seguir el camino recto y alejarnos de las tentaciones mundanas.  Bueno, habrá que acostumbrarse a su presencia porque su imágen se repite sin cesar por todos los pueblos y ciudades del país.

A pesar de que han pasado 24 años de su muerte o ascención a los cielos Jomeini es una figura inmortal venerada con pasión por sus incondicionales. Un tributo póstumo que comparte con Ali Kjamenei, su mano derecha y actual líder supremo de Irán y Shia Marja  (descendiente directo de Ali)  y sus hijos más predilectos, es decir,  los miles de mártires caídos en la guerra contra Irak cuyas fotografías primorosamente decoradas con girnaldas adornan las calles y avenidas acaparando por completo el espacio público. En Irán, igual a lo que sucediera en la revolución mexicana con Orozco, Siqueiros o Diego Rivera, los artístas plásticos se han comprometido en sublimar el espíritu de la eterna yihad.

Bebo a largos sorbos mi te y el imam Jomeini  continúa allí escrutándome impacible. En todo caso él ya se transformó en luz divina y nosotros los mortales tenemos otras preocupaciones más pueriles. La revolución islámica cumplió su cometido y ahora los iraníes se encuentran inmersos en un difícil trance por culpa del bloqueo económico impuesto por los países occidentales a causa del programa atómico.

En la últimas décadas del siglo XX  existió un hombre virtuoso que contó con el  beneplacito de Allah para cambiar el rumbo de la historia, no sólo del Medio Oriente, sino del mundo entero.  Ese hombre sabio estaba  de  antemano predestinado a ocupar el liderazgo espiritual de su pueblo, ese hombre  austero y alejado de las tentaciones de la carne no es otro que Seyed Ruholá Musavi Jomeini que, según su árbol genealógico, era descendiente directo del profeta Mohamed por la línea chiita de Fátima y Ali, los primeros mártires.

Su padre, que también había sido Ayatollah igual que su abuelo, murió  asesinado cuando él apenas tenía 5 meses de edad. -Un trágico hecho que lo marcó para el resto de sus días (la obsesión del martirio)  Jomeini  desde temprana edad recibió una educación de sayyid y a los siete años ya recitaba el Corán de memoria, a los doce años es enviado por sus preceptores a Isfahan a estudiar ciencias islámicas, a los 16 a la madrasa de Arak  y a los 18 años se traslada a la ciudad santa de Qom para perfeccionar materias tales como  teología, la filosofía, jurisprudencia, la moral y el sufismo. Alcanzó tal grado de conocimiento que fue nombrado de  Ijtihad, el elegido capaz de interpretar las sagradas escrituras, el auténtico talabah (buscador) cualidades que lo condujeron poco a poco a ocupar el puesto de hodjatoleslam, un alto jerarca del clero chiita y, posteriormente, Ayatollah o señal de Allah. Este poeta místico dotado de una extraordinaria oratoria y un carisma avasallador obnubilaba a las masas con un lenguaje franco y sencillo.

En el año 1963 el Ayatollah Jomeini pronunció en Qom un enfervorizado discurso ante sus devotos en el que acusó al Sha de ser la encarnación del xaitan (demonio).  Los clérigos indignados por el proceso de laicidad y la expropiación de sus tierras exigieron la inmediata abdicación del soberano. En las principales ciudades del país se convocaron protestas que la policía reprimió brutalmente. Jomeini es detenido y encarcelado bajo el cargo de incitar a la rebelión. A partir de ese momento se convierte en el  máximo opositor a la monarquía y cabecilla del movimiento de resistencia clandestino en Irán. Los enfrentamientos lejos de disminuir se recrudecieron y al Sha no le quedó más remedio que liberar al Ayatollah para apaciguar los ánimos. Pero el servicio secreto Savak le seguía los pasos y ante la posibilidad que sufriera un atentado tuvo que exiliarse en la ciudad santa chiita de Najaf (Irak) donde reposan los restos de Ali, -el primero de los doce imanes herederos espirituales del profeta. Desde allí continúa con sus ataques contra la monarquía blasfema y corrupta de los Pahlevi. Sus discursos se transmitían por todas las mezquitas del país gracias a la encomiable labor de sus adeptos cimentando poco a poco las bases de la revolución islámica.

La dinastía de los Pahlevi fue fundada por  el coronel de los Cosacos Reza Kahn quien en el año 1921 derroca al emperador Ajmad Sah Kayar. Reza Khan se propone demoler las estructuras medievales y sacar a la sociedad iraní del subdesarrollo. En la Segunda Guerra Mundial por demostrar sus simpatías hacia el Tercer Reich, las tropas anglo-soviéticas del frente oriental, invadieron el país para proteger la refinería de la Anglo- Persian Oil Company en Abadán. (vital para el suministro de combustible a los aliados) Tras la caída y deportación a Sudáfrica, asume el trono su hijo el príncipe heredero Sha Reza Pahlevi.  De inmediato se compromete a defender los intereses geoestratégicos de EE.UU y Gran Bretaña, sobre todo, en lo referente a los recursos petrolíferos y la persecución  anti-comunista.  El Sha deseaba que Irán se convirtiera en una monarquía laica al estilo europeo aplicando la misma fórmula de Ataturk en Turquía. Obsesionado con sacar el país del atraso atávico implantó la llamada « revolución blanca » con el afán de modernizar el país. En el fondo estaba decidido a minar el poder de las instituciones religiosas que eran un obstáculo para llevar a cabo sus planes.

El Sha se reveló como una personalidad narcisista amante del lujo y la opulencia, un ser pretencioso que con todo el descaro se autocoronó como rey de reyes y sucesor de Ciro el Grande.  Sus  delirios megalomaníacos lo llevaron a conmemorar por todo lo alto -en Persépolis en 1971- los 2500 años del imperio Persa.  En su honor organizó una pomposa ceremonia que rayaba con la obscenidad; millones y millones dólares despilfarrados para satisfacer sus estrafalarios caprichos mientras la mayoría de su pueblo permanecía sumido en la pobreza y el abandono.  Una ofensa de tal magnitud fue aprovechada por los clérigos chiitas para socavar aún más su legitimidad.

El 6 de marzo de 1975  el Sha y Sadam Hussein se reúnen en Argel para firmar el histórico acuerdo fronterizo de Chat al Arab.  El Sha preocupado con la presencia del imam Jomeini en Nayaf -donde sus discursos  no hacen más que desestabilizar su reino-  le ruega a Hussein que lo expulse de Irak. En 1978 el gobierno iraquí le deniega  a Jomeini el derecho de asilo y ante el grave peligro que corre su vida -su hijo Mustafá había sido envenenado por los agentes de la Savak-  decide exiliarse en Francia (Neauphle le- Château, en la afueras de Paris)

Mientras en Teherán sus seguidores (clases medias y pobres) se echan a las calles reclamando su regreso.  Las masas enloquecidas vociferaban   « ¡muerte al Sha  aliado de occidente e Israel ! ¡Allah akbar ! ¡Jomeini, te daremos nuestra sangre!– por todo el país se desarrollaron gigantescas protestas cuyo clímax se alcanzó en el llamado « Viernes Negro » cuando el ejército masacra a cientos de manifestantes. Las imágenes de los revolucionarios que se untaban las manos con la sangre de los caídos dieron la vuelta al mundo.

Ya era demasiado tarde, todo estaba perdido para el sha Reza Phalevi y su familia, que unos meses después tuvieron que huir rumbo a los EE.UU a bordo de dos aviones en los que  cargaron un fabuloso botín de dólares, oro y piedras preciosas.
 
El día 1 de febrero de 1979 Jomeini regresa a su patria tras 14 años de exilio  y  6 millones de personas le dan la bienvenida al ruhollah, el aliento divino, el alma de Allah, al adalid de la teología de la liberación que venía a hacer justicia. Las masas presas de un súbito ataque de histeria colectiva desatan el cataclismo mesiánico.

Consolidado el triunfo de la revolución islámica se instaura un régimen teocrático fundamentado en la sharia. El Parlamento Islámico de Majlis y el Consejo de Mulás (shura) y el Consejo de Guardianes asumen el poder legislativo, ejecutivo y judicial. Una de las prioridades es imponer un nuevo orden moral, ético y piadoso de acuerdo a las exigencias del Corán.  La autoridad del  Imam Jomeini procede de Allah y  él será quien ejerza la tutela o el velayat-el faqih sobre su pueblo. La  « democracia espiritual » es la única capaz de restablecer la dignidad y el amor propio en el ser humano. Aunque exista la figura del presidente de la república la última palabra siempre la tendrá el Líder Supremo.

Se crean los cuerpos de seguridad: el Pasdaran «los guardianes de la revolución» y los Basij o milicia de voluntarios islámicos que empiezan la persecución de todos aquellos cómplices de la dictadura del Sha. Con celeridad  van capturando los miembros del Savak o la policía secreta, militares, políticos para conducirlos ante los tribunales islámicos que sin vacilación los condenan a la pena capital. El imam Jomeini en nombre del Consejo de Mulás ordena extirpar de raíz los vicios de la sociedad occidental: la pornografía, el alcohol, la droga, la prostitución o el juego, que habían sumido a Irán en la Edad de las Tinieblas.   Las turbas enardecidas al grito de ¡marg bar liberalizm! se dedicaron a  incendiar los teatros, cines, discotecas, bares, es decir, los antros del pecado y el  degeneramiento.  
 

La Asamblea de Expertos compuesta por juristas y clérigos ortodoxos decreta la separación obligatoria de los sexos a partir de los 7 años, el uso por parte de todas las mujeres del chuddar (vestido largo) y el makhné (pañuelo que cubre la cabeza) como señal de sumisión al poder partriarcal. « Mujer, el negro de tu chador es más importante que el rojo de mi sangre »  la Policía Moral y los grupos antivicio se encargarían de velar por el estricto cumplimiento de la ley. Las mujeres que no respeten  dichas ordenanzas serán castigadas con una multa de 80 latigazos.

El día 29 de marzo de 1979 se aprueba mediante referéndum el nacimiento de la primera república islámica de la historia moderna acabando con 2500 años de imperio. El día 1 de abril de 1979 es oficialmente proclamada en una solemne ceremonia y el 3 de diciembre de 1979 Jomeini asume de manera vitalicia el cargo de  Guía Espiritual y  Líder Supremo,- para muchos el duodécimo imam que esperaban desde hace siglos.

Entre la vida social, política o económica y  la religiosa no existe ninguna diferencia, la unidad es lo primordial tal y como lo pregonan los dogmas coránicos.  Así que todos aquellos sectores laicos e izquierdistas tudeh o los liberales, que desde un principio se sumaron a la revolución, debían someterse a la autoridad del Ayatollah y el Consejo de Clérigos o de lo contrario serían perseguidos y encarcelados.  No se iba a tolerar la más mínima disidencia y para demostrarlo se iniciaron las ejecuciones sumarísimas. (ahorcamientos)

El 4 de noviembre de 1979 cientos estudiantes chiitas asaltan la embajada de Estados Unidos en Teherán y toman como rehenes a sus diplomáticos.  La rabia contenida durante siglos aflora con inusitada virulencia. Ha llegado la hora de la venganza contra el imperialismo yanqui,  el máximo enemigo del islam. Nadie se olvida lo sucedido en el año 1951 cuando  la CIA y el M16  (operación Ajax) derribaron mediante  un golpe de estado  al primer ministro Mosaddeq (opositor a la dictadura totalitaria de Reza Khan) directo responsable de la nacionalización del petróleo y la expropiación de la compañía BP (British Petroleum)  Jomeini adoctrinaba a sus pupilos con el «¡marg bar Amrika! » (¡muerte a América!) -que desde entonces se convirtió en el grito de guerra- bendiciendo esa heroica acción antimperialista. Los estudiantes a cambio de la liberación de los rehenes, exigían la extradición del Sha y el reintegro de los cientos de millones de dólares usurpados por la familia real.

El 22 de septiermbre de 1980 el régimen baazista laico iraquí de Sadam Hussein, que ambicionaba anexionarse el Chat el Arab en el Juzestán rico en petróleo, invade Irán. Hussein ataca por sorpresa pues cree que no le sería dificil vencer a un ejército iraní debilitado tras la caída del Sha. 13 siglos de odios entre árabes y persas desatan la conflagración bélica.

El ayatollah Jomeini enfurecido lanza un llamado a la yihad ¡ningún ejército podrá derrotarnos! ¡Allah está con nosotros! Nos convertiremos en  mártires igual que el imam Hussein en la batalla de Kerbala  ¡guerra, guerra hasta la victoria !

Irak contaba con el respaldo incondicional de EEUU, Inglaterra Francia, la Unión Soviética y los países del Golfo Pérsico que lo proveían de armamento y perterechos.  La revolución islámica representaba un peligro para occidente y había que aplastarla a sangre y fuego.  Como se comprobó posteriormente  EEUU, Alemania y Francia, en contra de los tratados internacionales, suministraron ingentes cantidades de armas químicas y biológicas a Sadam Hussein que éste utilizó sin ningún escrúpulo en el campo de batalla y en el genocidio del pueblo Kurdo. Crímenes de lesa humanidad que  fueron debidamente « legalizados » por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

El imam Jomeini odenó la movilización de todos los ciudadanos para salvar a a Irán de las garras de los herejes sunitas. Nadie quedaba excluido pues hasta los niños y ancianos se vieron obligados a empuñar los fusiles AK 47 y marchar a primera línea de combate.  El  más famoso de los batallones era el de los basiji mostazafa o niños mártires que  se abrían paso entre los campos de minas con un retrato del imam Jomeini cosido en el pecho y las llaves del paraíso amarradas al cuello.  La guerra se alargó por ocho años dejando un trágico balance de más de  un millón de muertos, miles de heridos, las infrestrucrturas colapsadas y ambos países arruinados por completo.

La guerra Irán- Iraq finalizó sin un claro vencedor y con las fronteras tal y como se encontraban al inicio de la contienda. La revolución islámica logró sobrevivir aunque a costa de sacrificar toda una generación en nombre de la yihad.
 
El día 3 de junio de 1989 fallece el imam Jomeini y su entierro se convierte en una de las más apoteósicas manifestaciones de dolor jamás conocidas.  Se calcula que casi 10.000.000 de personas acompañaron al líder supremo hasta la última morada. Durante el cortejo fúnebre se produjeron escenas de dolor  desgarradoras: llantos, alaridos, golpes en el pecho, flagelaciones, que reflejaba el drama de sus hijos huérfanos del padre del reino espiritual.  Los Pasdaran, ante el descontrol y el caos reinante, tuvieron que disparar al aire sus armas para dispersar la marea humana que quería tocar al Mahdi o redentor, arrancarle una reliquia o besar su mortaja.
 
El  cuerpo de Jomeini hoy reposa en un descomunal mausoleo que se construye en las afueras de Teherán al que diariamente acuden miles de peregrinos a orar en su tumba. Justo al lado del mismo se encuentra el cementerio de Behesth -e Zahra dedicado a los mártires de la guerra Irán-Iraq. En una de las plazoletas hay una fuente mística que durante las festividades de la Ashura se tiñe de color rojo para asemejar los chorros de sangre derramada por los combatientes. En el mes de Muharram también se organiza el « concurso de plañideras » y la elección de la «madre de los mártires» Jomeini en su testamento nombró como su sucesor al hodjatoleslam Ali Kjamenei quien desde entonces es el responsable de mantener intáctos los principios de la revolución islámica. Además de cumplir la sagrada promesa de liberar a Palestina de las garras del sionismo y  reconquistar la ciudad santa de Al Quds (Jerusalén)  

La revolución islámica iraní transformó por completo el panorama geopolítico del Medio Oriente. Con el  fracaso de la opción militar laica del panarabismo los grupos fundamentalistas, tanto chiitas como sunitas, comienzan a radicalizar su discurso. En esa época en la que el mundo era dominado por las dos grandes superpotencias: la Unión Soviética y Estados Unidos -enfrentadas en la «guerra fría»-  de repente, surge una alternativa de carácter religioso antimperialista.  El imam Jomeini se erige en su representante y convoca a todos los musulmanes de la Umma a sumarse a la yihad contra los cruzados occidentales. « EEUU es un Satán, Inglaterra peor que EEUU y Unión Soviética peor que los dos ». Cuando en 1982 Israel invade el Líbano sin dudarlo un instante Irán sale en defensa de sus hermanos chiitas patrocinando la creación del Partido de Dios o Hezbolah, la resistencia armada en el combate contra el sionismo.

Los medios de comunicación occidentales se han empeñado demonizar la revolución Islámica y desprestigiarla a como dé lugar. El presidente George Bush en un discurso ante el congreso en 2002 no dudó en incluir a Irán en el  « Eje del Mal » junto a Irak, Corea del Norte, Siria, Cuba y Libia. « El régimen de los Ayatollahs fomenta  al terrorismo internacional y su única finalidad es la aniquilación del estado de Israel.  Este país es la principal amenaza para la paz mundial »
 
El gobierno iraní sabe que la única manera de romper la hegemonía militar que ejercen Estados Unidos e Israel en Oriente Medio es adquiriendo la bomba atómica. Además también debe neutralizar a sus enemigos sunitas, los países del golfo pérsico y Arabia Saudita, que lo tienen en el punto de mira.
   
Durante su polémico período presidencial Ahmadineyad (2005 2013) -amparado por los clérigos más conservadores- llevó a cabo una política de plena confrontación con occidente. Su discurso incendiario negaba el holocausto, amenazaba con borrar del mapa al estado de Israel  y defendía la legalidad del programa nuclear iraní.  Con su apoyo a  Hezbollah y Hamas y a Bachar Al Assad en la guerra Siria quedó aislado por completo « Irán con su religión del terror no hace más que desestabilizar Oriente Medio y por lo tanto debe ser castigado  hasta que no rectifique su camino. El mundo libre tiene que combatir este flagelo»  (palabras de Shimon Peres en la ONU)

Por eso no es de extrañar que en las pasadas elecciones el clérigo reformista Hasán Rouhaní haya conseguido la victoria. Su promesa de negociar con las potencias la paralización del programa nuclear   -El 24 de noviembre se firmó en Ginebra un principio de acuerdo-  devuelve las esperanzas a una ciudadanía completamente hundida por la crisis económica. Las sanciones internacionales y el bloqueo han provocado  el encarecimiento de los productos básicos, una inflación del 42%, la subida del dólar  a 30.000 rial, la quiebra bancaria, cierre de industrias y de empresas, la paralización de las exportaciones de petróleo que representa el 80% del PIB (la produccion ha caído de 6 millones de barriles a 1.3 millones diarios), y hasta el mercado de las alfombras se desploma. La recesión y desempleo han disparado los índices de  pobreza y  marginalidad hasta cotas jamás imaginadas. Factores que generan delincuencia, robos, prostitución, tráfico de estupefacientes, corrupción. Delitos que el gobierno intenta atajar con medidas represivas o punitivas; la ley del  Talión « ojo por ojo, diente por diente »  Con razón las ejecuciones públicas en la plaza Madani -donde cuelgan a los reos en lo alto de las grúas hidráulicas- se han multiplicado en los últimos meses.   
 
Estamos en los albores de un cambio generacional. La juventud iraní, que representa más de la mitad de los 76.000.000 de habitantes, y que tiene menos de 30 años, exige más libertad y más democracia. Es la hora de un cambio de rumbo que se traduzca en hechos concretos y no en alucinaciones metafísicas. Vivimos bajo la influencia de un mundo globalizado de la que es difícil escaparse: el Internet, los teléfonos móviles, los computadores, la televisión satelital son instrumentos al servicio de la alienación materialista que invade las conciencias. El capitalismo pagano se ha infiltrado en todos los ámbitos, ya sea en la educación, la moda, el cine, la música, los libros o el arte.  La gente quiere ser protagonista de su historia; hablar, participar, opinar, criticar, hacerse entender en inglés, en francés o en alemán, quitarse de encima el lastre de los tabúes sexuales  y romper las barreras del aislamiento y la censura. Occidente los deslumbra con sus espejismos tecnológicos en el que  la realidad virtual  les confiere al menos un espacio de libertad. Estamos presenciando un choque entre lo sacro y lo profano, entre los dogmas de fe  y la laicidad.

Contradecir la autoridad del Consejo de Clérigos o la del Guía Supremo es una ofensa imperdonable. Ellos son los portavoces de la voluntad de Allah y su papel es el de mantener el buen funcionamiento de la «democracia espiritual » Ahora más que nunca los mecanismos de censura y represión son imprescindibles para prevenir cualquier brote de rebeldía. Por este motivo los líderes reformistas Musavi, Karrubi y Rahnavard se hallan bajo arresto domiciliario. Según Amnistía Internacional se cuentan por miles el número de disidentes encarcelados entre los que cabe destacar intelectuales, artístas, abogados, periodistas, estudiantes, cineastas y homosexuales. La violación de los derechos humanos, las torturas y coacciones son una práctica habitual de los organismos de seguridad. Algo que se ha venido denunciando repetidamente en los foros internacionales.

Pero quizás el fenómeno sociológico más significativo sea la actitud contestaria de las mujeres. Secularmente excluídas por el poder patriarcal que las ha relegado al papel  de amas de casa y criadoras de los hijos, reclaman una mayor igualdad. Como en todos los  países islámicos la revolución femenina es una asunto pendiente y que tendrá un gran repercusión en un futuro no muy lejano. La mujeres han adquirido, sobre todo en el ámbito urbano, un alto grado de educación y son capaces de competir profesionalmente con los hombres. Aunque los prejuicios religiosos no les brindan los mismos derechos ellas de la manera mas sutil y silenciosa insisten en cambiarlos. La mujer sigue siendo el objeto del deseo, la tentación y el pecado -El adulterio se castiga con la lapidación- y su comportamiento debe ser casto  y pulcro pues ellas encarnan el honor de la familia.

Sólo hay que observarlas caminando por las calles y, aunque lleven puesto su chuddar, les gusta exhibirse y lucir atractivas. El cuidado del físico es primordial de ahí que el boom de las operaciones de cirugía estética –especialmente las rinoplastias- se encuentra en pleno apogeo. En el fondo son hedonistas, les gusta ir a la peluquería,  maquillarse e imitar los modelos de belleza occidentales. La mejor manera de medir esa actitud contestataria es que el velo makhné ya no lo llevan ceñido al pelo, sino que se va cayendo de forma irreverente sobre sus hombros. Por eso los guardianes de la moral con un bastón en la mano no se cansan de reprender a aquellas insolentes que transpasan la línea roja

En el pasado los persas fueron uno de los imperios más poderosos de la tierra,  una civilización matriz con 7000 años de tradición oral y 4000 años de tradición escrita,  cuna de las religiones monoteístas y poseedores de una cultura extremadamente refinada, además de excepcionales artístas amantes de la música y la poesía. Ellos están orgullosos de ser iraníes y del  protagonismo histórico que les ha encomendado el destino. A pesar de haber sido conquistados por los árabes en el año 636- que impusieron la religión islámica-  siempre conservaron en secreto las creencias zoroástricas de la adoración del fuego sagrado y el culto a los muertos.
 
Es viernes y Teherán se despierta demasiado  tarde porque es día de asueto o el salat yuma. Una tregua merecida para aliviar el estress diario. Desde temprano los más piadosos se dirigen a las mezquitas a cumplir con sus obligaciones espirituales; y los más profanos, al contrario,  prefieren escaparse del entorno opresivo de la gran ciudad y marcharse a las montañas. Una peregrinación  al pico nevado del Damavand, donde un día habitara Zaratrustra. En medio de se paisaje boscoso y salvaje no hay reglas ni imposiciones sino aire puro y libertad.  La naturaleza es el sitio perfecto para reunirse con los amigos, conversar, soñar y hasta enamorarse. Ya lo decían el gran poeta persa Omar Khayyam: « Si en el cielo hay huríes y vino, como dice el Mulá/ nuestro premio en lo alto será beber y amar… »  

 
Carlos de Urabá 2013

Teherán-Irán.

jeudi 28 novembre 2013

Taboon, el pan horneado sobre piedras candentes. Cisjordania.


El genoma del Sionismo





 Las referencias de la persecución antisemita se remontan a los albores de la Edad Media.  Los  cruzados acusaron a los judíos de heréticos por no reconocer que Jesús era el hijo único de Dios o el mesías. En Europa se les consideraba una raza maldita trasmisora de epidemias y enfermedades. Teológicamente se les estigmatizó porque según los evangelios ellos habían condenado a Jesucristo (la traición de Judas) En 1492 los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los judíos por sus imperdonables delitos de usura y  blasfemia. Entonces, ante la amenaza de la Santa Inquisición de quemarlos vivos si no se convertían al cristianismo,  no les quedó otra alternativa que exiliarse en el norte de África y el imperio Otomano. 

No fue hasta finales del siglo XIX que comenzó a utilizarse el término Sionista para definir la doctrina política (emparentada con el nacionalismo moderno) que reclamaba el regreso de los judíos a Eretz Israel. Originalmente el sionismo mantuvo serias divergencias entre diversas facciones que lo constituían; unos más ortodoxos como los Saduceos, Fariseos, Jaridim y Mitnagdim, y los otros, más heterodoxos o laicos, como los  Iluministas.

En la Rusia de los zares la iglesia ortodoxa los culpabilizó de todos los males que asolaban al imperio. Una acusación que se tradujo en pogromos,  matanzas, asesinatos de tal magnitud  que obligaron a más de dos millones de judíos a emigrar a Estados Unidos o Alemania. El líbelo “Los protocolos de los sabios de Sion” contribuyó a justificar dichas acciones criminales.  Uno de los pensadores más destacados en esta etapa fue el judío alemán Meses Hess (maestro de Marx y Engels) teórico del Sionismo Comunista, que más adelante se adheriría al movimiento bolchevique. En su libro Rom und Jerusalem (1862)  detalla a grandes rasgos la imperiosa necesidad  de fundar un hogar nacional judío.

Otra figura relevante en esa época fue el judío polaco Leo Pinsker que impactado por los horrores  del  pogromo de Odesa en 1871 abandona sus tesis de la convivencia humanista con los “gentiles” y elige el camino de  la recuperación de la identidad nacional y la lucha por la independencia.  En su obra cumbre  “Autoemancipación” (1882) aboga por el pronto despertar de la conciencia judía que despeje el camino a su liberación. Hess fue el fundador del movimiento  los Amantes de Sion que emigraron en el año 1883  a Palestina  a establecer las  primeras colonias.


Ambos pensadores influyeron decididamente en Theodor Herlz, considerado el padre del estado de Israel, abogado y periodista judío de origen austro-húngaro asimilado a la sociedad e los gentiles. En el año 1894 fue testigo, como corresponsal  del periódico austriaco Neue Freie Presse en Paris,  del caso Dreyffus - un capitán del ejército francés de origen judío acusado de espionaje a favor del ejército alemán y condenado a prisión perpetua en la isla del Diablo (Guyana).-luego se demostraría que era inocente- Este suceso conmocionó  a la sociedad europea de la época y dio pie a que Emile Zola redactara el apasionado alegato J’accuse-  Herlz fruto de esta traumática experiencia escribió en 1896  “El Estado Judío” ( libro en el que plasma  las líneas maestras de lo que sería el futuro  estado de Israel) A continuación publica “Antigua y Nueva Tierra” (1902)  donde expone el sueño utópico de un Eretz Israel  moderno, democrático y próspero. Herlz además se encargó de organizar  los Congresos Sionistas con el objetivo de configurar una fuerza política capaz de presionar a las potencias a favor de su causa.

Tras la prematura muerte de Herlz entra en escena Chaim Weizmann (de origen bielorruso pero nacionalizado inglés) –que sería el primer presidente de Israel- jefe de La Organización Mundial Sionista, quien desarrolló una brillante labor diplomática en las altas esferas de la corona británica. Tan dispendiosas gestiones se concretaron en 1917 con la declaración de Balfour (carta mediante la cual  el gobierno británico aprobaba la creación de un hogar judío en su Mandato) -   los judíos berlineses, por el contrario, se inclinaron por buscar la protección del  Káiser Guillermo II de Alemania convencidos en que éste haría valer sus derechos históricos sobre Palestina.  (Un plan que fracasó pues las huestes alemanas fue derrotadas en la Primera Guerra Mundial) Weizmann enuncia los principios filosóficos del “Sionismo Sintético” donde advierte a sus correligionarios que la única posibilidad de supervivencia del pueblo hebreo es separarse de los gentiles (cristianos) y crear un estado propio. El gobierno británico les ofreció la posibilidad de fundarlo en Uganda pero la mayoría de  los delegados de la Organización Mundial Sionista, fieles al juramento de Sion (la colina donde se construyó el templo del rey Salomón)  decidieron por unanimidad que a ellos les correspondía por derecho divino la “tierra prometida”.   

En todo caso la emigración a Palestina o aliyáh ya se había iniciado desde  la segunda mitad del siglo XIX gracias a las cuantiosas donaciones de personalidades de reconocido prestigio como: el barón Rothschild, Cohn,  Fould o Hirsch. Estos filántropos, nobles y millonarios  pertenecientes a la Fundación Nacional Judía se comprometieron a patrocinar la compra de tierras a los señores feudales de la Siria Otomana.

No obstante los rabinos  ortodoxos y ultra-ortodoxos manifestaron su oposición a los proyectos de los judíos laicos y liberales pues, de acuerdo a las sagradas escrituras, el único que podía conducirlos hasta la tierra prometida era el mesías. Un dogma de fe que se va a derrumbar con el advenimiento en 1933 del Nacional-Socialismo en Alemania. El momento más álgido llegó cuando en 1935  las  leyes de Núremberg decretaron la segregación de los judíos. “La raza aria pura no podía mezclarse con esos parásitos sociales que no hacían más que  ensuciar la grandeza del Tercer Reich”. Según los preceptos hitlerianos  descritos en Mein Kampf- “ese cáncer debería ser extirpado de raíz” “el águila alemana había sido apuñalada por esos traidores”   A los judíos los despojaron de la ciudadanía, se les marcó con estrellas de David, se les prohibió ejercer sus profesiones y  sus propiedades fueron igualmente  confiscadas.  A tal punto la propaganda Nazi envenenó el ambiente de odio  y de venganza que el día 9 de noviembre de 1938 se desató la que pasaría a la historia como la Noche de los Cristales Rotos. En los barrios judíos de las principales ciudades de Alemania una ola de violencia indiscriminada  dejó tras de sí una estela de muerte y destrucción

Los Nazis los acusaron de conspirar en secreto con los bolcheviques para hundir a Alemania en la ruina (no les faltaban agitadores y subversivos: Rosa Luxemburgo, Trotski, Zinóviev, Kámenev o la anarquista Emma Goldman)   La suerte estaba echada y en octubre de 1941 el comandante de las SS Himmler decidió aplicar la “Solución Final”. Los judíos fueron confinados en guetos para posteriormente conducirlos a los campos de concentración. Aunque los responsables del “Problema Judío”, entre los que se encontraba el teniente coronel de las SS Eichmann, habían planificado deportarlos a  la isla de Madagascar,  tras la derrota de la aviación alemana en la Batalla de Inglaterra, el Fuhrer ordenó exterminarlos en las cámaras de gas.

Una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial y al descubrirse los terribles padecimientos del pueblo judío, los supervivientes del holocausto reclamaron una tierra de asilo a las potencias vencedoras. Tenían que explotar al máximo el victimismo y  los sentimientos de compasión para lograr sus propósitos. Entonces, la comunidad internacional ante un dilema moral tan escabroso resolvió dar luz verde a la emigración masiva de judíos a Palestina.


Otro eminente ideólogo sionista fue Zeev Jabotinsky (judío de Odessa, Rusia imperial) quien al contemplar en 1903 los terribles sucesos del pogromo de Kishiev en 1903, concluyó que para asegurarse la supervivencia no había otra alternativa que construir un estado judío en la Siria Otomana ( Al mejor estilo de la colonización europea etnocéntrica, colonialista y guerrerista)  Jabotinsky fundador de la Legión Judía (embrión del Tzahal), las Juventudes Sionistas y la Organización Sionista Revisionista-Likud (que mantuvo estrechos lazos con el fascismo italiano y también negoció con los Nazis la transferencia de prisioneros judíos de los campos de concentración a Palestina) afirmaba que para superar demográficamente a los palestinos había que promover la emigración en masa de judíos de la diáspora. Uno de sus lugartenientes más distinguidos fue Abraham Stern fundador del grupo paramilitar Lehi (que se inspiró en las  tácticas de lucha clandestina  del IRA irlandés) que cometió cruentos atentados terroristas contra las tropas del Mandato Inglés en Palestina para forzar su retirada.

Los dirigentes sionistas sabían de sobra que el proceso de integración en la sociedad de los gentiles ponía en peligro sus valores identitarios. Era fundamental enaltecer de la cultura judía, su pasado glorioso; sus raíces  míticas, el estudio del Talmud y de la Torá. Deseo que materializó Eliecer Ben Jehuda, sabio especialista en lingüística nacido en la Rusia Imperial, que se propuso resucitar la antigua lengua hebrea, es decir, “el idioma con el que Yahvé creó el mundo”. Ben Jehuda asumió el reto  de unificar los diversos dialectos y redactar la gramática del hebreo moderno.  En el año 1881 emigró a Palestina decidido a comenzar  la enseñanza de la nueva lengua entre los colonos que por su procedencia europea preferían expresarse en yidish, alemán, inglés o francés. Un trabajo colosal que contribuyó al fortalecimiento de la utopía sionista.

El nuevo estado debería dar cobijo a todos los judíos perseguidos y oprimidos de la diáspora: los Askenazis, los Sefarditas, los Mizrahi, los judíos orientales, los Jázaros, Teimanim, Beta Israel, o Parsim hindúes, un nuevo estado exclusivamente judío con capital en Jerusalén (el centro del mundo).  Eretz Israel sería la vanguardia de la cultura occidental  en su lucha contra la barbarie. (“igualmente liberaría a los nativos árabes sometidos a la esclavitud de una sociedad feudal retrasada y opresora”)  Un país civilizado con una industria moderna y tecnología punta al servicio de sus ciudadanos. La colonización la llevarían a cabo los kibbutzim o comunas de pioneros (La propiedad colectiva de los medios de producción tal y como lo pregonaba el marxismo)  que desarrollaría una verdadera revolución agrícola vital para consolidar su soberanía e independencia.

La creciente inmigración ilegal judía provocó el estallido de la Gran Revuelta Árabe en 1936. Los nativos palestinos, encabezados por el mufti de Jerusalén Amin-al Husayni,  ante la pasividad de las autoridades inglesas, convocaron varias huelgas generales realizando un llamado a la desobediencia civil. La rebelión fue la espoleta que detonó el conflicto entre  árabes y judíos cuyas repercusiones se extiende hasta nuestros días.  


La victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial tuvo nefastas consecuencias para los países musulmanes. Muchos de éstos se mantuvieron fieles a Hitler hasta el último momento pues coincidían en los mismos objetivos: expulsar a los británicos, el odio a los judíos y el rechazo visceral del comunismo. La siguiente frase pronunciada por el mufti al Husayni (principal aliado árabe del III Reich) nos describe perfectamente sus intenciones: “nuestra condición fundamental para cooperar con Alemania es que nos den vía libre para erradicar hasta el último judío de Palestina y el mundo árabe”

En 1947 la Unión Soviética ante la Asamblea General de la ONU decide respaldar el Plan de Partición de Palestina. El embajador Andrei Gromyko en un emocionante discurso justificó la creación del estado de Israel para recompensar a los judíos por los sufrimientos padecidos durante el  holocausto. Stalin creyó que los colonizadores sionistas, entre los que había un gran porcentaje judíos rusos bolcheviques y organizaciones políticas y sindicales de izquierda como el Paole Sion o la central sindical Histraduth, establecerían un gobierno revolucionario hostil a los intereses occidentales y las monarquías árabes. La Unión Soviética ambicionaba ampliar su campo de acción en el  Mediterráneo oriental que es la ruta por donde trascurre buena parte del tráfico petrolífero que abastece a los países capitalistas.


No olvidemos que los soviéticos a través de Checoeslovaquia (operación Balak)  proporcionaron buena parte del armamento  utilizado por los paramilitares sionistas  en la guerra del año 1948 o Nakba.  Cuando el 14 de mayo de 1948 Ben Gurion proclamó la independencia del estado de Israel,  Stalin fue el primero en reconocerla. En las elecciones realizadas al año siguiente los ciudadanos le otorgaron el triunfo al partido Mapai (Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel) miembro de la Internacional Obrera y germen del actual Partido Laborista, relegando a un segundo plano al Partido Comunista. Ben Gurión es elegido Primer Ministro y sorpresivamente se alinea al bloque de EEUU y Europa. El mundo libre, el mundo capitalista les espera con los brazos abiertos. Sobre todo, la comunidad judía americana que detenta un gran peso político y económico.  Stalin al verse traicionado monta en cólera y suspende las relaciones con Israel iniciando el proceso de acercamiento hacia los países árabes (un hecho clave para comprender lo que significó la Guerra Fría)  

Israel sabía de antemano que el armamentismo era su única garantía de supervivencia. Los países árabes habían jurado borrarlos del mapa y necesitaban organizar un ejército poderoso capaz de mantener sus enemigos a raya. En otras palabras, debían militarizar la sociedad, armarse hasta los dientes con aviones de combate, helicópteros, tanques, misiles, fragatas, submarinos o bombas atómicas. Porque sólo a base del terror serían temidos y respetados. Lo paradójico del caso es que los supervivientes del holocausto,  aquel pueblo perseguido y  masacrado en las cámaras de gas,  sin compasión ni remordimiento alguno, va a aplicar  la misma fórmula que utilizaron sus verdugos para eliminarlos.  

Los psicólogos definieron la Banalidad del Mal, durante el juicio al Nazi Eichmann en Jerusalén (1961) como el síndrome de la obediencia debida. Sencillamente cumplían órdenes y tenían que acatarlas por lealtad a sus superiores.  Del mismo modo en defensa del gran Eretz Israel los sionistas van a justificar las mayores atrocidades. Para doblegar el espíritu de resistencia del  pueblo palestino –los legítimos dueños de la tierra- necesitaban utilizar los métodos más sanguinarios: bombardeos indiscriminados, operaciones aéreas y terrestres, el exterminio de la población civil; niños, mujeres o ancianos, los asesinatos selectivos, represión, cárcel, torturas.   

Todo estaba legalizado: EEUU y Europa lo aprueban, la ONU firma las condolencias.  Estos crímenes de lesa humanidad se cometían en defensa propia. En fin, ellos eran los agredidos y no los agresores.  Israel es el principal aliado de occidente en Oriente Medio y vanguardia en el combate contra el “terrorismo islámico”. El imperialismo ¿judeocristiano? debe velar por los valores supremos de la democracia y la libertad.

Aquí la única lógica que prevalece es la de los hechos consumados: deportar a los pobladores, levantar muros, tender vallas electrificadas o enjaularlos en guetos con alambre de púas.  Para los nazis los judíos no eran más que animales, para los sionistas los palestinos son nada más que bestias.

Quizás  la fecha más importante en la historia del judaísmo de los últimos 2000 años sea el 7 de junio de 1967. Ese día el ejército hebreo se apodera de Gaza, Cisjordania y  la ciudad vieja de Jerusalén.  Cae en sus manos el tesoro más preciado: el santuario donde se encuentra el Monte del Templo y el Muro de las Lamentaciones (La cuna de los primeros padres Adán y Eva,  morada de los patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob y  solar del rey David y el rey Salomón) el lugar más sagrado del judaísmo. Según el rabino y general del Tzahal Shlomo Goren “nuestra gloriosa epopeya marca el comienzo de la Era Mesiánica. El sonido del shofar (cuerno) anuncia la construcción del Tercer Templo”


“Que un minúsculo estado como Israel haya sido capaz de derrotar ejércitos diez veces superiores en las guerras contra los árabes en el  48, 56, 67, 73, es la más clara demostración de que somos el pueblo elegido” Rabino Ovadia Yosef líder del Shas.  La palabra de Adonai revelada en la Torá es infalible: “el súper hombre judío dominador y ejecutor reinará del Nilo al Éufrates

Estamos en el apogeo  del  sionismo más extremista y reaccionario donde a sangre y fuego van a escribir  las más  gloriosas páginas de su historia. Entre los  “héroes” y “próceres” sobresalen: Ben Gurion, Isaac Shamir, Shimón Peres, Golda Meir, Isaac Rabin, Ariel Sharon, Moshé Dayán, Menahem Beguín, Benjamin Netanyahu o Ehud Olmert, autores intelectuales y ejecutores del proyecto racista y genocida del estado de Israel.

Los vencedores no tienen que rendirle cuentas a nadie.  Democráticamente las urnas han legalizado sus crímenes. Por unanimidad todos los partidos del  Knesset, el  Havoda,  el Likud, el Kadima, el Partido de la Libertad, Tnuat Herut, profascista, el Haljud Halehumi o Unión Nacional ultranacionalistas,  Los judíos ortodoxos y ultra ortodoxos, Agudat Israel, Shas sefardita, Tajlá el Meretz, Mafdal, HaBait ha Yehudi,  avalan con sus votos la política de destrucción y aniquilamiento. La redención del pueblo judío a costa del sacrificio de los palestinos.

La unión del judaísmo conservador y el moderno, del judaísmo laico y religioso ha configurado el ADN del sionismo ultranacionalista profascista. Del éxtasis a la exaltación de la patria mítica, en defensa de sus valores más sagrados, daber ivrit, habla hebreo, con la mano en el pecho cantando la Hatikva, empuñando la bandera del Talit o manto de oración, la estrella de David o el candelabro menorá, siempre en guardia, en pie de guerra con las armas en la mano para garantizar la paz y la seguridad del pueblo de Israel.  Video: http://youtu.be/Pt76Z40XT8M

“Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré” Isaías 46:8-11. (Torá)

Carlos de Urabá 2013
Amman-Jordania