La jaula

La jaula
por la emancipación de los pueblos

lundi 21 décembre 2015

Muere en Francia el héroe de la resistencia antifascista “Comandante Robert”.





Es para mí motivo de inmensa tristeza el comunicarles la fatal noticia del fallecimiento en Agen, Francia, del gran luchador antifascista José Antonio Alonso “Comandante Robert”. 

El comandante Robert nacido en El Entrego (Asturias) en 1917, se crió en Tarragona donde fue trasladado su padre que trabajaba como ferroviario. Cuando el general Franco dio el golpe de estado en 1936 inmediatamente se alistó en las milicias republicanas que defendían la legalidad  democrática. Participó en la batalla del Segre y posteriormente en la campaña de Cataluña.  Ante el derrumbe del frente de guerra republicano tiene que iniciar junto a su batallón la retirada rumbo a Francia. Allí fueron retenidos en el campo de internamiento de Argeles sur Mer y Saint Cyprien. Poco después es destinado a las compañías de trabajo (Servicio de Trabajo Obligatorio) donde participa en la construcción de trincheras y carreteras en la Línea Maginot. A partir de la invasión nazi huye y se incorpora al XIV cuerpo de guerrilleros en la resistencia. En el año 1943 el Partido Comunista le nombra Jefe del Estado Mayor de la Tercera Brigada de Guerrilleros españoles en el sur de Francia. Su misión era la de realizar sabotajes y golpes de mano contra las tropas de ocupación nazi.

La Agrupación de Guerrilleros Españoles siempre será recordada por la heroica toma de la ciudad de Foix el día 23 de agosto de 1944 que él dirigió. Interviene también en otros combates  claves y memorables como los de Rimont-Prayols y Castelnau-Durban -con los que se sella la total liberación del Departamento del Ariege- Tras la derrota del nazismo los planes del Partido Comunista se centran en la liberación de España. Es por esto que el comandante “Robert” se suma a los guerrilleros que se infiltraron en la tristemente famosa operación del Valle de Arán (reconquista de España)  En esa zona se pretendía abrir una cabeza de puente que permitiera instalar el gobierno de la república en el exilio. De este modo pensaban que recibirían, por su destacado protagonismo en la Segunda Guerra mundial,  la ayuda necesaria para derribar al régimen franquista. Al fracasar la operación regresa a Francia donde permanece exilado hasta la muerte del dictador Franco.

Con él se va parte de esa historia republicana, esa historia épica y legendaria en la que participaron miles de jóvenes voluntarios decididos a enfrentar hasta las últimas consecuencias al monstruo del nazi- fascismo. Que como se vio posteriormente sembró la muerte y la destrucción por Europa.

El comandante “Robert” por su tenacidad y entrega solidaria será eternamente recordado como aquel valiente miliciano que no dudó un instante en ocupar la primera línea de fuego. Siempre fiel a los ideales del comunismo libertario que inspiraron su lucha hasta la victoria. Con él se pierde el genio de una  raza ya casi extinta e irremplazable que todo revolucionario desea imitar. El comandante “Robert” a pesar de haber cumplido 97 años todavía soñaba con el advenimiento de la III República y el derrumbe de esa monarquía espuria impuesta por Franco. Hasta los últimos días de su vida se dedicó a despertar la conciencia entre las nuevas generaciones que hoy también deben enfrentarse a ese otro monstruo insaciable que es el imperio capitalista.  

Recibió en vida homenajes y condecoraciones como la Legión de Honor Francesa, Caballero de la  Legión de la República Polaca, Medalla de Lealtad a la República Española, Roseta de Primer Orden Nacional Francés, Hijo predilecto de Foix  y, en Asturias, gracias a la presión de los defensores de la memoria histórica (FAMYR y AGE), el ayuntamiento de Gijón le puso su nombre a un parque situado en el barrio de Contrueces. Por el contrario, el gobierno español jamás se dignó brindarle la más mínima distinción. Tal vez lo consideraba y lo considera un impertinente “forajido”  Así paga la España “democrática” a los defensores de la justicia y la libertad.

No nos queda más que expresar nuestros profundos sentimientos de pena y de dolor para con su familia, amigos y allegados por tan irreparable pérdida.
¡Viva el comandante Robert! ¡Viva la República!

Carlos de Urabá 2015

vendredi 18 décembre 2015

El feudalismo monárquico gana las elecciones generales en España.





Ningún candidato se ha atrevido a nombrar al rey Felipe VI, ni a la reina doña Letizia.  Todos cierran filas en torno a sus majestades a pesar de los incontables casos de corrupción en los que se han visto implicada la familia real. ¡Benditos sean! Gracias a los monarcas España es respetada y querida en el mundo entero y ese es el  precio que hay que pagar. Para colmo los reyes eméritos don Juan Carlos y doña Sofía con toda la desfachatez y el descaro siguen activos y ejerciendo sus funciones. En España hoy existen nada menos y nada más que cuatro reyes sin importar los gastos suntuarios que esto representa para las arcas públicas. En todo caso sus majestades son tan glamurosos, gentiles y fantásticos que no hay reprocharles nada, al contario, sólo merecen elogios y salutaciones. En especial la reina doña Letizia que con sus modelitos se ha convertido en la máxima estrella de la moda universal.


Los súbditos en un acto de generosidad sin límites consienten todos sus caprichos. Esta es la demostración más clara del buen funcionamiento del sistema democrático.


Los candidatos saben de antemano que cualquier crítica a la monarquía les puede salir muy cara.  Por eso prefieren callar y pasar de largo en este asunto tan espinoso vaya a ser que se hundan en las encuestas.  ¿Y al respecto del referéndum entre monarquía o república? Insinuarlo siquiera sería una afrenta imperdonable. La sociedad española aún no está madura para afrontar tamaño dilema.  Este es un dogma de fe inamovible. ¿Es lícito cambiar el  sistema de gobierno? No, por favor, eso sí que es una blasfemia. La monarquía es algo intrínseco a nuestra forma de ser, a nuestro carácter. La tutela de un ser superior que guie nuestras vidas es algo que nos enaltece. Los ideales republicanos, la soberanía popular, el derecho a decidir, la dignidad humana son conceptos subversivos que es mejor obviarlos.


Los bufones palaciegos se baten en duelo ilusionados por alzarse con el cetro de gran Chambelán (ayudante de cámara real). A los monarcas les debemos pleitesía porque ellos representan la flor y nata de la nobleza, la aristocracia y los grandes de España. El poder omnímodo de la iglesia católica tampoco es muy conveniente poner en tela de juicio.  Sus eminencias son como sus majestades más divinos que humanos. ¿Y los jueces de la Audiencia Nacional, ese tribunal de orden público franquista que ejerce la represión y el castigo? Ni por asomo se les nombra. Por extraño que parezca nadie está en contra de la ley antiterrorista, las detenciones arbitrarias, las torturas en comisaría, o la Ley Mordaza.  Se ha de imponer el estado de derecho y el imperio de la ley. Materias tan comprometedoras no admiten el más mínimo desliz.  


Tal y como están las cosas los monarcas ni siquiera necesita presentarse a unas elecciones.  La democracia es un asunto terrenal y ellos habitan en el séptimo cielo.  Todos los partidos políticos desde el PP, Cs, PSOE y también Podemos besan sus manos y hasta sus pies porque son la garantía de la unidad de España y la estabilidad del reino.


¿Y la memoria histórica?  ¿Alguien ha reclamado por los 130.000 muertos que están  enterrados en las cunetas?  ¿Quién se atreve a sacar la cara por las víctimas del holocausto nazi-franquista? A Callar, a callar que esto también resta votos. Es mejor que  cicatricen las heridas en pro de la paz y la reconciliación entre los españoles.  ¿Alguien ha interrogado a don Juan Carlos de Borbón sobre el por qué juró como legítimo heredero del caudillo conociendo su prontuario criminal? Silencio, absoluto silencio.


Los candidatos de esta mascarada bufonesca deben hacer gala de inteligencia y  carisma;  las frases hechas, las poses y gestos una y mil veces estudiados. De memoria recitan los datos, las cifras de la recuperación económica, la prima de riesgo, el Ibex 35 o el índice de precios al consumo demostrando su conocimiento y sapiencia.


La economía es los que realmente preocupa a los súbditos. Sólo hay que ver las colas que se forman para adquirir la lotería de navidad.  Porque sea como sea hay que salir de la crisis. Los candidatos sacan pecho y con voz impostada prometen que van a crear millones de puestos de trabajo, contratos indefinidos y bien remunerados. Se acabó la precariedad laboral y el paro endémico. Es prioritario levantar la moral de los súbditos: el alza de los sueldos y de  las pensiones, la rebaja de impuestos, el IVA, el IRPF, los intereses bancarios, las hipotecas, las ayudas familiares.


Esta es la mejor oportunidad para autoproclamarse adalides de la lucha contra la corrupción, el clientelismo, la prevaricación y el desfalco. Aunque no son más que palabras estériles pues esta es una práctica generalizada casi imposible de erradicar.  


Ni siquiera se ha abierto un debate sobre política exterior: las relaciones con EE.UU, el papel en la OTAN o la participación guerra contra el terrorismo islámico. Ningún candidato se ha referido a la industria armamentística y menos a las multinacionales que participan expolio de las materias primas de los países del  Tercer Mundo. Además de las compañías y empresas españolas ganan jugosos dividendos vampirizando la marginación y la pobreza. Poco importan las relaciones con los países latinoamericanos ni el futuro del pueblo saharaui que agoniza abandonado en el desierto. Son un ejemplo más de la soberbia del reino de España que se jacta de pertenecer a los países más ricos del planeta.  


Ni mucho menos se han referido a temas tan trascendentales como  la ecología, la energía nuclear, los inmigrantes o los refugiados. Incluso han pasado por alto la  educación,  la cultura, las artes, las letras o  la  poesía. Seguramente porque son cosas banales y superfluas que no se traducen en votos o movilizan al electorado.


En resumen: la Casa Real es intocable. Sus majestades son inmunes e inviolables ante la ley tal y como reza la constitución del año 1978. Nadie se ha atrevido a indagar sobre cuál es la verdadera dimensión de su patrimonio,  sus inversiones, sus cuentas secretas o los testaferros que se encargan de administrar su fortuna en los paraísos fiscales. Aparentemente la corrupción, el tráfico de influencias, o el enriquecimiento ilícito es algo que no les atañe pues sólo le rinden cuentas a Dios todopoderoso.


Las clases populares, el proletariado, los obreros, los campesinos  tienen un valor meramente sentimental y fuente de inspiración de las consignas más apasionadas. Poco cuentan  esos súbditos empobrecidos por las políticas neoliberales, esas  víctimas de la emergencia social que humillados tienen que rogarle una limosna a Cáritas, al Banco de Alimentos o las ONGs. Existen millones de familias desahuciadas, en el paro y la marginalidad  mientras la casa real dilapida sin remordimiento millones de euros en satisfacer el fuego fatuo de sus vanidades.


A estas alturas de la historia poco importa el debate ideológico. El socialismo, el comunismo o el marxismo son teorías fracasadas y caducas. Las banderas rojas con  la hoz y el martillo hacen parte de un pasado remoto y deben esconderse en el trastero. La derechización es el signo de los tiempos y cada día que pasa se acentúa su vigor.  Estamos en la Europa del siglo XXI, en la era del consumismo más voraz y depredador, dominados por la dictadura tecnológica globalizada: el Internet, el iPod, el Smartphone, el Twitter, el WhatsApp, el Instagram o Facebook. No hay sitio para la nostalgia ni las aventuras revolucionarias pues el capitalismo ruin y despótico es el que manda.


Este domingo millones de súbditos avalarán con sus votos la legitimidad del feudalismo monárquico. Son votos que perpetuarán el poder a la dinastía borbónica y sus descendientes. No hay nada ni nadie que lo ponga en entredicho. Sólo una minoría antisistema es capaz de mantener el pulso pero se ve impotente para enfrentar una fuerza tan descomunal. La sociedad burguesa y reaccionaria ha expresado contundentemente su voluntad en las urnas. ¡Gloria al nacionalismo español! ¡Loadas sean sus majestades!


Carlos de Urabá 2015

vendredi 20 novembre 2015

¡Una patria, un reino, un caudillo! ¡viva Franco!





¡Ein volk, ein Reich, Ein Fuhrer!  Año triunfal 2015.

¿Hace 40 años murió Franco?

En realidad su legado y herencia se mantienen intactos en el corazón de muchos españoles. Especialmente entre  los que ocupan la cúpula del poder. No por casualidad el PP consiguió la mayoría absoluta en las elecciones del 2011. La extrema derecha ha sabido astutamente mimetizarse de demócratas y defensores del orden constitucional.

En esta España monárquica heredera de los principios fundamentales del movimiento  priman los derechos aristocráticos de una élite de banqueros, militares, jueces y clérigos pertenecientes más al ámbito divino que humano.  Privilegios que una sociedad burguesa y amnésica no ha tenido el menor escrúpulo en refrendar.

Franco es un monstruoso mito que ocupa uno de los sitios más preponderantes en el altar mayor de la España sacrosanta. Y no es para menos pues fue ungido como el caudillo de la gloriosa Cruzada Nacional que salvó a España de las garras al comunismo ateo y pagano. Es increíble la relevancia alcanzada por este golpista que causó una de las tragedias más horripilantes de la historia contemporánea: muerte, represión, tortura, fusilamientos, desparecidos, cadáveres en las cunetas, exilio y deportación. Crímenes de lesa humanidad que han quedado completamente impunes por la gracia de Dios.

Franco durante 40 años supo mantener en alto la memoria del nazismo y el fascismo en homenaje a sus correligionarios el fuhrer Hitler y el Duce Mussolini. Y todo el mundo lo admira y se vanagloria.  

En las fuerzas armadas todavía se le recuerda con admiración y respeto  Los mandos guardan sus reliquias, su uniforme, sus medallas, su espada victoriosa, sus banderas invictas, sus bustos y estatuas. Soldados, gritad alto y fuerte: Franco ¡presente! Él sigue siendo  capitán general de los ejércitos que a la grupa del caballo blanco de Santiago apóstol los conduce hacia la victoria.

Cuarenta años de dictadura es algo muy difícil de borrar. Este es un virus que se ha inoculado en la sangre del pueblo y va a ser muy difícil erradicarlo.

Franco nombró como heredero y sucesor al rey Juan Carlos I para que restaurara el Imperio borbónico a su imagen y semejanza. Y a fe que heroicamente su majestad cumplió al pie de la letra su cometido.

Hoy la santísima trinidad del padre, del hijo y el espíritu santo se ha completado con la asunción al trono de su preclaro hijo Felipe VI. Un hecho histórico que ha enfervorizado a sus súbditos y vasallos.

El caudillo, por la gracia de Dios, conserva su áurea omnipotente solo comparable a la del Cid Campeador, don Pelayo, Cristóbal Colón o el gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba.

Recordemos que el generalísimo  luchó valientemente en el campo de batalla en defensa de la unidad de España.  Gracias a su brazo justiciero hoy ondea altiva la bandera roja y gualda y suenan los victoriosos acordes del himno nacional. Cuarenta años después de la muerte del tiránico dictador el nacionalismo español está más fuerte que nunca  ¡España Una, España Grande, España Libre!

Carlos de Urabá 2015