La jaula

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por la emancipación de los pueblos
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samedi 12 novembre 2016

A mi hijo le pondré Donald.


Paradójicamente una gran cantidad de latinos votaron por Donald Trump.

Es muy común entre las clases bajas, entre los pobres de América Latina ponerles nombres extranjeros a sus hijos.- Especialmente americanos o yanquis-.  Proliferan los Johnny, Landon, Kinsley, Scarlett, Matthew, Samantha, Ryan, etc. Esta es una forma de que ese niño o niña suba en la escala social y ¡étnica! (si es indígena ya puede sentirse blanco) La gente cree que el nombre marca mágicamente al niño o la niña por el resto de su vida. En una sociedad tan racista (tanto en Latinoamérica como en EEUU) es una forma abrirse camino hacia un futuro exitoso. Y es que de alguna manera hay que exorcizar el maldito complejo de inferioridad. Por eso es necesario llevar un nombre que los revista de nobleza y de prestigio: Bryan Pataquiva, John Siachoque, Elisabeth Condori,  Stan Mamani, Daisy Quispe; entre los mestizos Franklin Pérez, la Wendy Castro, o el  Spencer Cruz; en la comunidad negra Steven Congo, Madison Carabalí, Dylan Perea, Jerry Mina, Lady Lucumí. Los nombre de los presidentes de EEUU son también muy populares: Edward en honor a Kennedy; Richard en recuerdo de Nixon; George por Bush o Bill por Clinton -Barak Hussein (Obama) es la excepción pues nadie va a colocare a un niño el nombre de un negro -ni siquiera los negros que lo que ansían es blanquearse. Y no sólo son los nombres sino que también se cambian los apellidos como bien lo retrató el genial cineasta boliviano Jorge Sanjinés en su película “la Nación Clandestina”.  Cuando los indígenas llegan a la Paz procedentes de las provincias no les queda más remedio que intentar disfrazarse para pasar desapercibidos. Se visten de paño, se ponen unos lentes de sol y los Mamani pasan a llamarse Maisman; y los Quispe se transforman en los Wisper, etc.
Y es que a los siervos les encantan rendirle homenajes a los amos blancos; es decir, a los ganadores, a los más famosos, a sus ídolos (ya sea en la política, en el cine, el deporte, o la televisión)  Donald ahora se va a convertir en un nombre de moda pues ha ganado la presidencia de los EEUU  y eso lo reviste de un halo de divinidad.  Seguro que a miles de recién nacidos en este preciso momento se les bautizará con el nombre de ese ogro racista y xenófobo.  Sobre todo, en nuestra América Latina: en México, en Guatemala, en el Salvador, en Panamá, en Chile, en Perú, en Paraguay, en Brasil, etc. - 

¿Cómo se va a llamar la guagua? –Donald, padrecito, a ver si nos saca de pobres, ¡carajo!
La propaganda que transmiten los medios de comunicación llámese televisión, radio, periódicos, revistas, Internet o teléfonos celulares ha cumplido al cien por ciento los objetivos del imperialismo. Estamos indudablemente ante una guerra de IV Generación en la que gracias a la tecnología (cibernética) nos están robando hasta el alma. Y ya ni siquiera vale protestar o levantarse en armas porque el enemigo es invisible. 

En EEUU los latinos cuentan con una organización llamada el Consejo Nacional de la Raza que es la que los protege y asesora jurídicamente (derechos civiles, derechos humanos,  racismo, la inmigración, el empleo, la salud o la cultura.  Obama durante sus dos mandatos se ha preocupado por patrocinar la CNR con un amplio presupuesto porque demográficamente son importantes y además son una buena cantera de votos (para el Partido Demócrata)  Todos deberían de haber apoyado a Hillary Clinton pero algo falló pues no se cumplieron las expectativas. Las estadísticas demoscópicas no mienten y así sabemos que el escrutinio en los distritos con mayor población latina o inmigrante en un buen porcentaje la balanza se inclinó del lado de Trump.

Es triste reconocerlo pero muchos inmigrantes de origen latinoamericano votaron por Trump o se abstuvieron. Y no solo es la élite, los pitucos, burgueses y aristócratas o más blanquiñosos que a ojos cerrados lo respaldaban, sino el pueblo raso; los trabajadores y obreros. -Y lo más desconsolador es que quizás esos votos le dieron el triunfo. ¡Trump te amo! –escribieron en unas pancartas algunas mujeres de origen mejicano en California; otros fanáticos cubanos “Latinos for Trump” en Miami lucían camisetas con un ¡viva Trump! (en español) Durante la campaña Trump ofendía, escupía a la comunidad latina o hispana a la que calificaba de “violadores y criminales”. Pero no importa son masoquistas, están acostumbrados a que les den  latigazos y sin ningún reparo le entregaron el voto a su querido ogro racista. A pesar de que sus rostros, sus facciones los delatan: morenos o de piel cobriza, aunque intenten mimetizarse blanqueándose la piel con cremas milagrosas o pintándose el pelo de rubio gritaban extasiados “¡the winner is Trump!” Son de origen indígena, mulatos o zambos, negros,  mestizos o criollos que sueñan con ser algún día ¡anglo-arios-caucásicos! Si Michael Jackson lo consiguió por qué ellos no.   Muchos son hijos de padres inmigrantes -tal vez, clandestinos o ilegales, espaldas mojadas que cruzaron un día el río Bravo- poseen un pasaporte norteamericano ya sea porque se han nacionalizado o por nacimiento. Ahora son los primeros en criticar a esos inmigrantes pobres, a esos delincuentes, traficantes y drogadictos que vienen a sembrar el caos en el corazón del mismísimo imperio. “A esos indocumentados hay que perseguirlos policial y militarmente pues nos quitan los puestos de trabajo” “ellos son los que  crean una mala imagen de la comunidad latina y por eso los gringos nos odian”

Los llamados latinos son los más grandes patriotas: hablan inglés, mascan chicle, empuñan orgullosos la bandera de barras y estrellas y se colocan la mano derecha en el pecho cada vez que suena el national anthem (himno americano). Y además son los primeros en enrolarse en las filas del ejército norteamericano dispuestos a entregar su vida por el Tío Sam.

¡Ya no hay sitio para más inmigrantes, regrésense! “Hay que meterlos todos en la cárcel o extraditarlos. No hay otra solución”  ¡Que se levante el muro para detener la invasión de esa chusma! Sus propios hermanos están dispuestos a construirlo (o terminarlo porque ya está bastante avanzado) siguiendo las consignas de tío Donald: “Los inmigrantes con papeles en regla pueden trabajar en la construcción del muro entre EEUU y México”-  

Es muy fácil convencerlos pues los inmigrantes, los latinoamericanos -mal llamados hispanos- necesitan un líder, un triunfador, un millonario que los conduzca por la senda de los killers (triunfadores) y no de los “losers” (fracasados).
Aunque sean de origen indígenas, negros o mestizos han jurado fidelidad a la bandera de las barras y estrellas, ya tienen papeles y pasaporte americano y son más gringos que los propios gringos.

Se han trasformado en los más fundamentalistas pues en sus casas solo hablan inglés, comen en el Mc Donalds, hacen sus compras en Walmart  y se han afiliado a alguna secta evangélica. Confiesan que han sufrido mucho para integrarse en la sociedad norteamericana -integrase es un decir porque siempre serán extranjeros- Fueron humillados y pisoteados por su condición de nacos, de cholos, de indios patisucios; racialmente inferiores -no anglos- indígenas, latinos, hispanos, escoria o mano de obra barata. Pero pasaron los años y a la fuerza se fueron integrando (integrándose en los guetos, claro) gracias a las duras jornadas de trabajo (explotados y esclavizados) que los redimió. Las remesas que envían a sus países de origen se cifran en 57.000 millones de dólares (Sin éstas no existiría la paz social en América Latina) Y ahora que ya gozan de cierta estabilidad y desahogo económico desprecian a sus hermanos, a su propia raza que también ambicionan hacer realidad el sueño americano. Pero no nos debe extrañar tal comportamiento cuando en sus países de origen votan por Uribe o Santos en Colombia,  Peña Nieto en México, Jimmy Morales en Guatemala, Juan Orlando Hernández en Honduras, Temer en Brasil o Macri en Argentina.

Con la victoria de Trump se confirma que el voto oculto surtió el efecto deseado. Estamos hablando de un voto de revancha o de rabia. Trump los convenció porque es un antisistema que va combatir la corrupción y devolverle al blanco su orgullo perdido. El magnate  prometió derrumbar los monopolios financieros, mejorar el poder adquisitivo, subir los salarios y, especialmente,  escarmentar al dúo mafioso integrado por Hillary-Bill Clinton S.A.


Carlos de Urabá 2016

mardi 4 octobre 2016

Jordania vota continuar bajo el yugo de la dictadura Hachemita.

En lo alto de Jebel El-qala se halla la antigua ciudadela greco-romana y omeya que domina la ciudad de Amman, Jordania.  Desde allí se distinguen con claridad las siete colinas (tilal) en las que se asienta esta  ciudad de más de tres millones de habitantes. (El reino tiene siete millones en total) El paisaje es brutalmente caótico y opresivo;  las edificaciones grises y decrépitas se apretujan en las áridas colinas dando la impresión de una inmensa favela.  Amman más que una ciudad es un autódromo diseñado para el uso exclusivo de los coches anulando cualquier protagonismo del ser humano. La máxima atracción de esta abominable urbe son los interminables embotellamientos que la paralizan por completo ahogándola en una nube toxica de kerosene y gasoil.  Solo hay una tregua cuando se escucha la llamada a la oración o el adhan que se emite al unísono desde los minaretes de las mezquitas. Entonces un halo de espiritualidad cubre la ciudad.

A Amman los griegos la llamaron Filadelfia y posteriormente los romanos la conquistaron y la hicieron una de las ciudades más emblemáticas  de la Decalópolis. En ese entonces vivió su época de esplendor por sus relaciones comerciales con el imperio Nabateo cuya capital estaba situada en la mítica Petra. Después el reino cristiano Sasánida, dependiente del imperio bizantino, la bautizó como Amman en homenaje a la bíblica Rabat Ammón de los Amonitas. Con la expansión del islam  fue invadida  por los Omeyas hasta que entró en decadencia al trasladarse el califato a Bagdad.  Los cataclismos, las guerras devastaron la ciudad transformándola en una ruina arqueológica. Por allí solo  acampaban estacionalmente las caravanas beduinas en su eterno peregrinar por el Medio Oriente. Durante el dominio  el imperio turco fue repoblado por Circasianos que escapaban de las razias rusas en el Cáucaso.  En el año 1908 al construirse el  tren de Hiyaz que unía Damasco a Medina en Arabia Saudita (patrocinado por el Sultán Abdullh Hamid)  Amman se convirtió en una de las  principales estaciones de dicho trayecto. En el reparto de Versalles (1919) -tras la primera guerra mundial- se le otorgó del imperio británico el mandato sobre Palestina con capital en la Jerusalén bíblica dejando Amman en un segundo plano.  Amman cobra un cierto valor cuando el emir Abdallah la declara su capital al concederle la Gran Bretaña la independencia en 1946. Entonces comenzaron a emigrar pastores y campesinos beduinos ansiosos por redimirse de su atraso atávico.  En 1948 como consecuencia de la guerra árabe-israelí se produce el éxodo de 600.000 palestinos que tienen que buscar refugio en Jordania en la trágica Nakba. La ciudad crece desproporcionadamente y sin planificación alguna en un breve lapso de tiempo. Y más adelante en la Naksa en 1967 recibe otros tantos miles de desterrados de Cisjordania y Gaza.  Así sucesivamente cada vez que se produce un conflicto bélico en la región van llegado nuevas oleadas de refugiados. Como es el caso de la intervención de EE.UU a Irak en 1991 y luego la invasión en 2003 que provocó la caída de Sadam Hussein. Hoy por culpa del conflicto en Siria e Irak (países con los que comparte frontera) el reino Hachemita ha recibido más de un millón de refugiados. Con razón a Jordania se le ha calificado de “vertedero humanitario”.

Si observamos la ciudad de Amman (que es la antítesis de Jerusalén por su aborrecible fealdad)  desde ese  mirador privilegiado Jebel El-qala nos daremos cuenta que en los techos de las casas y edificios florecen los jardines de antenas parabólicas. Son miles y miles de flores metálicas estratégicamente colocadas para captar la señal “divina”. El televisor es el ídolo sagrado que ilumina la mente y el corazón. En un medio ambiente  tan antinatural el televisor es el oasis en el que pueden saciar su sed y llenar el vacío de una vida tediosa y aburrida. La televisión  es una necesidad vital como respirar o dormir o comer. La gente lo primero que hace al levantarse es encenderla y con el mando a distancia va eligiendo los cientos de canales que le ofrece el variado menú. Hay que evadirse o sumergirse en la realidad virtual donde les esperan altas dosis de entretenimiento y placer. Pero también por esa rendija han penetrado las ideas de ilustración y de libertad llenando de luz tanto oscurantismo e ignorancia. La tecnología ha contribuido al despertar de la consciencia y en reclamos de democratización en unas sociedades donde el inmovilismo es la constante.
  


Uno de los oficios más prósperos en Jordania es el de antenistas. Muchos de esos técnicos se han vuelto millonarios pues si llega a fallar la señal “divina” el drama está asegurado. Estas sociedades urbanizadas que un día fueron nómadas o seminómadas han perdido sus raíces y toda su narrativa oral.  Lo que más conviene al poder es mantener a las masas alienadas. Los propios canales jordanos se dedican las 24 horas a sublimar la figura del rey Abdallah II, y crear el mito de un padre benefactor abnegado. Mientras tanto en las mezquitas los muftis se encargan de pregonar el  respeto el orden establecido y la eterna sumisión la malik Abdallah II. (por algo Allah lo ha colocado en el trono)

Amman es una ciudad marcada por la segregación y el apartheid, es una ciudad dividida por sectores bien definidos de miseria y de riqueza. La clase media y alta residen en la zona norte de la ciudad donde prevalece una arquitectura moderna al estilo europeo o americano en la que sobresalen magníficos centros comerciales,  tiendas de lujo, restaurantes exclusivos, hoteles cinco estrellas, supermercados, oficinas, bancos. Un centro internacional -que imita el mismo patrón de Dubai, Abu Dhabi o Qatar- en el que se yerguen altivos rascacielos y torres de cristales metalizados que son el símbolo del emporio Hachemita. En los barrios de la zona sur, por el contrario, se hacinan millones de personas un entorno opresivo en el que proliferan los basureros y muladares. Hoy los antiguos campos de refugiados se han reconvertido en guetos marginales en los que malviven los miles de palestinos de la Nakba y de la Naksa y sus descendientes (vigilados por los servicios secretos pues el gobierno los considera un potencial peligro). Desde hace 68 años aguardan esperanzados poder regresar a su patria usurpada por los invasores sionistas.

En el “vertedero humanitario” jordano cumplen su condena:  palestinos derrotados por los Israelíes, los iraquíes derrotados por a los americanos, los sirios derrotados por su propio presidente Bachar Al Assad, y, como si fuera poco, falta añadir a esta lista un millón de egipcios víctimas de la miseria y la represión militar.  Ellos son los que se ocupan de las labores más sacrificadas en la agricultura, la construcción o el sector  servicios.  Aunque en estos últimos años los refugiados sirios han copado el mercado de trabajo abaratando los salarios y favoreciendo la explotación y la precariedad laboral. La crisis económica es una de las más masacrantes de los últimos tiempos.


Un gran porcentaje del presupuestos generales del reino (el 65 por ciento) se dedican a pagar la cuota burocrática de los incondicionales al rey, es decir,  funcionarios, policías y militares. Jordania es un país que carece de recursos naturales y está obligado a sobrevivir gracias a los fondos de ayuda al desarrollo de EE.UU o de la Unión Europea – las ONGs o la ONU -que administra los campos de refugiados-  y otros organismos afines como UNESCO, UNICEF, la FAO o la Media Luna Roja

La mayoría de sus tres millones de habitantes de Amman no siente ningún apego por esta ciudad, son extranjeros obligados a instalarse aquí por causas completamente ajenas a su voluntad. Como es el caso de los propios reyes Hachemitas expulsados de la región de Hiyaz en la península arábiga por el clan de los Sauditas. Las élites dominantes consideran a los propios indígenas beduinos (los verdaderos dueños de la tierra) “salvajes del desierto”. La etnia beduina agoniza pues el gobierno jordano aplica una radical política de occidentalización dictada por el capitalismo globalizador.

La gran paradoja es que el reino Hachemita de la exclusión social les brinda grandes facilidades a los empresarios y hombres de negocios extranjeros que deseen invertir en el país. Según las leyes cualquier potentado o VIP que presente una alta suma de dinero se les concede visado de residencia e incluso hasta la nacionalidad. ¡Welcome to Jordán! bienvenidos los traficantes de armas, los mafiosos, las redes de trata de blancas o de drogas. Los bancos jordanos son paraísos fiscales  especializados en el lavado de dinero y blanqueo de capitales. Y todo bajo un halo de pulcritud y legalidad. En este capitalismo Hachemita prevalecen las ideas más extremas del neoliberalismo keynesiano (políticas privatizadoras, monopolio de las multinacionales, exención de impuestos y privilegios fiscales para las grandes fortunas y grandes empresas) Los súbditos de su majestad el malik Abdalah II son víctimas de un sistema perverso que los convierte en los peones o siervos de una sociedad explotadora y clasista. Deben  agachar la cabeza y asumir resignados su destino: callar y obedecer.


Ante el alto costo de la vida y con el afán de mantener la paz social  algunos productos de primera necesidad están subvencionados (mediante el programa que USAID y otras agencias de cooperación internacionales). Si el precio del pan llegará a subir esto podría provocar un levantamiento popular como ha sucedido en otras ocasiones. Se necesita ayuda humanitaria (ONGs o las hermandades musulmanas que administran el Zakat o limosna) de urgencia para repartirla entre la población más depauperada. Washington destina anualmente 1.000 millones de dólares en ayuda militar y humanitaria vital para velar por  la estabilidad del reino en tiempos tan convulsos

Jordania es un país de una geografía esteparia y estéril, es un país sin recursos naturales, ni materias primas relevantes; ni petróleo, ni agua. Lo que significa que depende por completo de las importaciones para su subsistencia. Los dividendos del PIB se reparten entre sus exportaciones (que manejan empresas privadas) de cemento, potasio y fosfatos y el sector turismo (en mano de los Tour operadores) hoy en crisis a causa de la inestable situación política en Oriente Medio.

Las revoluciones árabes fracasaron al no consolidar un movimiento político ni líderes que canalizaran el descontento popular.  Estamos en una fase post depresiva dominada por la desmoralización y la desesperanza. Especialmente entre los jóvenes (más del 65% de la población) La única salida que les queda  es emigrar en busca de trabajo con dirección a Arabia Saudita o a los países golfo Pérsico. Las remesas de dinero que llegan del exterior son las que mantienen una relativa paz social.  

El sistema de gobierno en Jordania es el de una monarquía de corte medieval presidida por el del rey Abdallah II y la reina Rania. Un régimen que se mantiene en el poder gracias al apoyo incondicional de EE.UU, la UE e Israel. Además de la irrestricta salvaguarda de las  fuerzas armadas, la policía y el muhabarat o los servicios secretos. Constitucionalmente está prohibida cualquier crítica u ofensa contra su majestad el rey o miembros de la familia real. Es un delito grave que pude ser castigado con firmeza por los tribunales. No admite perdón alguno poner en duda la dignidad de un descendiente directo del profeta Mohamed.  Los principios fundamentales del reino se resumen en la trilogía sagrada e irrefutable de Allah, al Malik, al Watan (Dios, la patria y el rey)  La lucha contra el terrorismo islámico que es la mejor disculpa para perseguir a los disidentes. Las cárceles hachemitas están abarrotados de prisioneros políticos como es el caso de los innumerables miembros de la hermandad musulmana. El método que aplica con sabiduría el rey Abdalah para gobernar es el que aprendió en las academias militares y universidades norteamericanas, o sea,  el clásico palo y la zanahoria. Un símil que se explica de la siguiente manera: su pueblo es un burro que si se porta mal hay que castigarlo a palazos y que si se porta bien debe ser premiado con una zanahoria. El poder monárquico debe infundir respeto y miedo pero, igualmente, ser clemente y misericordioso con sus súbditos. 


Este es un reino militarizado y en estado de sitio permanente a causa de la guerra en Siria e Irak. Abdalha II está amenazado por el yihadismo que lo acusa de “apóstata y lacayo del imperialismo y el sionismo” De ahí que se aplique sin contemplaciones la ley antiterrorista y la ley de seguridad ciudadana en una clara violación de los derechos humanos y la libertad de expresión. Jordania realmente es una base militar de EE.UU (la OTAN, la CIA y FBI) campo de entrenamiento y escala obligatoria de todos los vuelos de la Air Force que se dirigen hacia Irak, Afganistán y Asia central. Hoy es un enclave estratégico de vital importancia para la coalición internacional que lidera EE.UU y que combate al EI en Siria e Irak.

Los Hermanos Musulmanes han decidido participar en las elecciones legislativas del 20 de septiembre luego de boicotear las dos anteriores citas electorales (prefirieron retirarse ante la falta de garantías “democráticas”) confiados en que estos comicios serán limpios y se respete la voluntad popular. Pero en Jordania la compra de votos es una práctica muy común y el fraude electoral es casi una tradición. La gente sin recursos sabe que su voto se cotiza y no tienen ningún remordimiento en venderlo. Así que ante la falta de observadores imparciales el resultado favorecerá a los partidos de la derecha pro occidental. Porque el que cuenta los votos siempre gana. La monarquía hachemita sabe que las elecciones son un mero trámite que exige los EE.UU o la Unión Europea para certificar la “calidad democrática” y respeto a los derechos humanos y de esta forma seguir recibiendo las multimillonarias ayudas económicas.


En esta farsa electoral la mayoría de los candidatos son acaudalados empresarios, hombres de negocios, médicos, abogados, jefes tribales o ex militares. Sus más fieles vasallos  ocuparán la cúpula del poder legitimando la monarquía Hachemita. Los Hermanos Musulmanes (aunque no cuestionan la legitimidad del soberano) exigen reformas democráticas urgentes tal y como lo prometió el rey Abdallah II tras las protestas de las intifadas árabes. Pero las posibilidades de que vayan a conseguir una alta votación son poco probables aunque se haya implementado un nuevo sistema electoral eliminando el sawt wahid. Tal y como recoge las cifras del escrutinio definitivo (con un 36% de participación) les corresponden tan sólo  15 de los 130 escaños  del Parlamento. Poco pueden hacer contra la manipulación mediática y la presión que se ejerce sobre los electores los jefes tribales o la misma policía o agentes secretos. Una guerra sucia que criminaliza al islam político al compararlo con los Hermanos Musulmanes egipcios.  Desmanes consentidos y tolerados por la comunidad internacional puesto que Jordania  es un país clave en la lucha contra el Estado Islámico en Siria e Irak.

En Jordania la corrupción afecta todos los ámbitos de la sociedad y en especial a los políticos y los miembros de la familia real. Al no existir un organismo fiable de control es muy difícil erradicar estas prácticas criminales. Incluso los envíos de ayuda humanitaria destinados a paliar la emergencia de los refugiados sirios e iraquíes se desvían a sus cuentas privadas (paraísos fiscales) de los inescrupulosos funcionarios (nobles, civiles y militares)

La dinastía Hachemita que se extiende día a día y que ya alcanza casi  500 miembros (increíblemente cuenta con el 100% de aceptación popular-según los encuestadores oficiales) percibe un astronómico presupuesto del erario público para hacer frente a su delirante tren de vida (los castillos, palacios, casas de recreo, yates, aviones y coches de lujo, viajes, fiestas, escoltas, regalos, vestuario, joyas, etc.) La reina Rania es la mayor exponente de la vanidad y  el derroche pues en su armario se puede contabilizar más de 2.000 vestidos y 500 pares de zapatos. El máximo proyecto de la reina es alfabetizar a sus súbditos sumidos en la ignorancia a través de los teléfonos móviles. El “centro cultural” más importante de Amman es el Real Museo del Automóvil donde se exhiben los vehículos más lujosos y caros que han pertenecido al rey Abdallah I, al rey Hussein y al actual soberano.


Los palestinos tienen prohibido organizar partidos políticos, ni presentarse a las elecciones. Aunque en el reino hachemita la mayoría de la población son ciudadanos palestinos (incluida la reina Rania) estos han tenido que adquirir a la fuerza la nacionalidad Jordana. Y no solo la nacionalidad sino jurar y aceptar los símbolos patrios en un intento por arrebatarles su identidad. Algo que conviene al sionismo para quitarse de encima el problema palestino.  “Jordania es la verdadero hogar de los palestinos” -afirman las autoridades israelitas. Los palestinos son los principales enemigos de la monarquía desde aquel infausto  “septiembre negro” en el que el finado rey Hussein ordenó masacrar a más de 10.000 Fedayines que estaban a punto de derrocarlo. El monarca traidor sólo cumplía las órdenes de la primera ministra israelí Golda Meir que le dio un ultimátum ante los constantes atentados cometidos contra los kibutz en el valle del Jordán. Según los tratados de paz firmados en octubre de 1994 Jordania también debe preocuparse por la seguridad y la defensa del estado sionista de Israel con el que comparte una amplia frontera. Israel invierte en Jordania en áreas como las de agricultura y en factorías textiles o maquiladoras (cumpliendo con los acuerdos de libre comercio). Lo hace de manera “altruista” para contribuir a la paz de la región. Con razón los manifestantes de las intifadas del año 2011 reclamaban rabiosos el respeto a la soberanía nacional ante la descarada injerencia del imperialismo en los asuntos internos de Jordania.


Carlos de Urabá 2016

dimanche 19 janvier 2014

El emperador negro USA visita Tierra Santa.

El arrogante emperador negro le exige al Abu Mazen que vuelva a la mesa de negociaciones y firme de una vez por todas la paz con los judíos
 
Que un negro sea el monarca del país más poderoso de la tierra es un hecho que jamás ha acontecido en la historia de la humanidad. Recordemos que, según el relato bíblico, Noé maldijo a los hijos de Canaán, originarios del continente africano, por haberlo visto desnudo-una grave falta para la religión judía- y por este pecado los condenó a la esclavitud perpetua.
 
En la Tierra Santa, la cuna de los dioses monoteístas, suenan las fanfarrias en honor al emperador negro mientras sus súbditos; judíos, musulmanes y cristianos rinden honores al soberano.
 
El emperador negro en tono magnánimo ha declarado que respalda la política del gobierno Israelí en su combate en primera línea de fuego contra el terrorismo islámico. « tenemos que defender el futuro de nuestra civilización occidental y la supervivencia de los ideales democráticos » Tal y como está escrito en las sagradas escrituras, la tierra prometida pertenece a los hijos del gran Eretz Israel.
 El emperador Obama debe mostrarse imparcial y por tal motivo se ha reunido en Ramala con Abu Mazen. Él debe actuar con astucia y utilizar la diplomacia para contentar a las partes en litigio y de este modo no herir suceptibilidades. « Los palestinos tienen derecho a una patria » mejor dicho, a los escombros de su amada patria. Desde luego que los derrotados poco pueden exigir a un ejército de ocupación que los condena al exterminio. La legítima resistencia ha sido criminalizada y los países occidentales dan el visto bueno para, sin contemplaciones, aplastarla.
 
El arrogante emperador negro le exige al Abu Mazen que vuelva a la mesa de negociaciones y firme de una vez por todas la paz con los judíos. « Es la hora de llegar un acuerdo antes de que sea demasiado tarde » Por eso lo más conveniente es una solución salomónica: que ambos pueblos convivan en dos estados. Pero eso si, divididos por el muro del apartheid ya que la seguridad de Israel es prioritaria. Los asuntos más polémicos como el regreso de los refugiados, los asentamientos o la liberación de los presos debe aplazarse sine die.
 
El emperador Obama ha pronunciado ante los estudiantes judíos, en el Centro Internacional de Convenciones de Jerusalén, un antológico discurso en el que hay que resaltar una frase: « Atem lo levad » « ustedes no están solos » en otras palabras, sigan adelante que Dios proveerá los millones de dólares necesarios para aumentar su poder armamentistico. A Palestina, por el contrario, le conceden algunas dádivas en ayuda humanitaria; vendas, alcohol o merthiolate para que curen sus heridas.
 
El sionismo sabe que el tiempo juega a su favor, que cada día que pasa se hace más fuerte y, por lo tanto, ellos son los que ponen las condiciones. « Los palestinos deben renunciar a Jerusalén y aceptar las existencia de las colonias en Cisjordania  (que ha cercenado más del 30% del territorio)- si desean una salida digna al contencioso » Por ahora es casi imposible que los asentamientos vayan a ser desmantelados y muchos menos cuando el nuevo ministro de Construcción y Vivienda es un miembro del partido Bayit Yehudi, o sea, de los colonos ortodoxos.
 
El emperador negro tiene que hacer valer su autoridad pues por algo es el premio Nobel de la Paz y de ahí que esté decidido a poner fin a décadas de guerras que asolan Tierra Santa. Aquí donde nació Jesucristo y predicó junto a sus apóstoles la palabra de Dios sólo florece el odio y la venganza.
 
La misión del rais Abu Mazen es la de convencer a su pueblo para que acepte todas las condiciones impuestas por Israel. O se reactivan las conversaciones de paz o el estado palestino corre el riesgo de convertirse en una entelequia o fantasía.
 
En Amman, Jordania, al emperador Obama se le ha brindado una calurosa bienvenida por parte del rey Abdala II, el socio más fiel en Oriente Medio. En estos momentos tan convulsos que sacuden la región viene a donarle al reino Hachemita 200 millones de dólares para que haga frente a la crisis humanitaria causada por la guerra en Siria. La desestabilización de Jordania sería un golpe muy fuerte ya que, tras las revoluciones árabes iniciadas en el 2011, la población civil no sólo exige teóricas reformas, sino también cambios significativos que desemboquen en una verdadera democracia.
 
Mientras su majestad estaba de turismo en la mítica ciudad de Petra recibió la agradable noticia: gracias a sus buenos oficios, Netanyahu la ha pedido « disculpas » al primer ministro turco Erdogan pòr el asesinato de 9 ciudadanos turcos integrantes la Flotilla de la Libertad a Gaza que fue asaltada hace tres años por la armada israelí. Por lo tanto, se ha anunciado públicamente que ambos países reestablecen relaciones diplomáticas y borrón y cuenta nueva. Este acuerdo tan repugnante nos llena de amargura y no hace más que demostrarnos lo inútil y estéril que es la lucha contra el enemigo sionista. ¡Si es que sus aliados se encuentran en nuestra propia casa!A nuestros gobernantes les importa un bledo la vida de sus ciudadanos, porque ellos defienden sus intereses económicos y geoestratégicos. Las familias de las víctimas serán recompensadas económicamente y lo sentimos mucho pero todo ha sido un desgraciado accidente que no volverá a repetirse.
 
Los ideales de solidaridad y libertad son conceptos abstractos inconprensibles en estos tiempos. Aquellos inconformes que osen desestabiliazar el sistema se merecen cuatro balazos en la cabeza y una tumba donde descansen en paz todas sus ilusiones. Lo más seguro es que al pueblo palestino le aguarde el mismo destino que a estos mártires. Los traidores y los mercaderes se preparan para repartirse los restos de su cadáver. No nos puede sorprender que en cualquier momento los medios de comunicación lancen al mundo la primicia que tras arduas conversaciones secretas, bajo los auspicios del presidente de los Estados Unidos y los mediadores internacionales, Israel y Palestina han alcanzado un acuerdo de paz justo y duradero. Al fin y al cabo todo esto se resuelve poniendo millones de dólares sobre la mesa, palmaditas en la espalda y vanas promesas de amor y de amistad.
 
Carlos de Urabá 2013
Amman.

dimanche 13 janvier 2013

Requiem por un mercenario.

John Felipe Romero, soldado colombiano caído por Dios y por España en Afganistán. “Dale señor el descanso eterno y brille para él la luz perpetua”

Última hora: “muerto soldado español de origen colombiano en Afganistán víctima de un ataque terrorista”. Pero, ¿qué hacía un colombiano en esas tierras tan lejanas? ¿Qué se le habrá perdido por allí? Además la noticia contaba que había muerto un soldado español y colombiano. ¿Español, o colombiano? ¿Cómo es esto? ¡Qué mala suerte! Claro, los jóvenes españoles se han vuelto insumisos y pacifistas y ahora hay que echar manos de los inmigrantes. ¡Vaya por Dios!

John Felipe Romero Meneses de 21 añitos amaba la disciplina castrense. En todos los desfiles se destacaba por su paso firme, la frente en alto y esa mueca de doberman que se dibujaba en su rostro. Qué excelente era su cadencia, su porte y su gallardía inigualable al marcar el paso al son de la banda de guerra. Un colombiano en el ejército español, lo nunca visto.

Son muy extraños los caprichos del destino. John Felipe sin ningún remordimiento decidió enrolarse en las filas del regimiento de Cazadores de Montaña “Arapiles 62” a ver si conseguía los papeles y dejaba de ser un ciudadano de tercera. Era lo más cómodo, ¿no? Aunque en el fondo se sentía un traidor al renegar de la tierra que lo vio nacer ¿pero de qué valen esas pendejadas cuando necesitaba legalizarse y cobrar un sueldo con el que sacar a su familia adelante? Su futuro y su estabilidad estaba por encima de todas las cosas. 13. 500 euros al año más extras, no está nada mal para un inmigrante de esos que tanto desprecia la gente. Por no hablar de la crisis económica y el paro que nos tiene a todos con la soga al cuello.

John Felipe vino a cumplir el servicio militar en España, el país de esos conquistadores que un día invadieron su tierra y aniquilaron a sus antepasados. En todo caso, él se alistaba en las huestes del gran Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada. En este prestigioso ejército sería valorado ya que en Colombia no pasaría de ser un soldado raso con un sueldo miserable.

De niño a John Felipe le gustaba ver las películas de guerra en la televisión y desenfundaba su pistola de juguete matando a todos los enemigos. Cuando sea mayor quiero ser como ellos.

¿Quién protegerá a los huérfanos y a las viudas, a los hambrientos y desvalidos? Y eso fue lo que precisamente le explicaron en la oficina de reclutamiento del Ejército de Tierra. La paz y la libertad del mundo estaban en peligro y había que comprometerse con su causa. Pero eso sí, primero debía ingresar en un batallón de fuerzas especiales donde sería sometido a las pruebas más duras y el entrenamiento militar más severo para capacitarse en tan noble misión. El fusil, las granadas y las bombas primero, luego, ya hablaremos de la paz.

Qué envidia despertaba John Felipe en la casa de sus abuelos allá en Soacha, Cundinamarca. Cuando llegaban sus cartas todos sus familiares y amigos querían leer sus aventuras en el ejército español. Y lo más admirable eran esas fotografías en las que salía sonriente empuñando su ametralladora o haciendo la V de la victoria en el cumplimiento de alguna importante misión.

En su casa en Mollet del Vallés, Barcelona, era el ídolo de sus padres y hermanos, incluso su retrato competía en la sala con un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús. Sus padres, por supuesto, los más felices: uno de sus hijos estaba al servicio del rey de España, ¡del rey de España! y cobrando en euros. Y qué bien le caía ese uniforme con el quepis, sus insignias y medallas y, sobre todo, la ametralladora. Pero no todo lo que brilla es oro, claro.

La realidad en el regimiento de Cazadores de Montaña “Arapiles 62” con base en San Climent de Sescebes (Girona) era algo cruda para un recluta y peor para un inmigrante colombiano. Se le exigía el doble que a los demás, tenía que esforzarse el doble, debía demostrar su compromiso con una patria extraña. Le metían guardias cada dos por tres, limpieza extraordinaria de la cocina, el aseo de las letrinas, y los fines de semana, el retén de la compañía. Al pasar revista no se le perdonaban ni una arruga en el traje de paseo y por cualquier nimiedad era arrestado pues siempre alguien tenía que pagar el pato. Para colmo sus compañeros lo vacilaban “hei John, ya trajiste la farlopa”, “Tú, sudaca, allá en tu tierra endulzáis el café con cocaína, ¿no?” y el cabo primero: 

- indio, limpiame las botas, lavame la ropa, cabrón”. Pero él callaba, se lo comía todo sin rechistar. Tenía que aguantar esas humillaciones pues pronto sería todo un soldado del ejército español.

Marcando el paso a la señal de un dos un dos una dos, ¡ein! besó por fin la enseña roja y gualda. Con un grito desgarrado por la emoción juró por Dios y por España defender su nueva patria, entregarlo todo, incluso lo más preciado, la vida misma. No se lo podía creer, ya era un ciudadano en toda la regla y su futura paga le levantaba aún más la moral. Encima tras cumplir su compromiso con el ejército le esperaba como premio la nacionalidad.

En esos tiempos cuando junto sus amigos del barrio jugaban a la guerra él se distinguía por su tenacidad en los combates cuerpo a cuerpo con palos y pedradas. Sin lugar a dudas que él aspiraba lucir el uniforme de general repleto de medallas y condecoraciones, él quería ser un héroe, un Rambo indestructible como se lo prometió a su padre. Y a fe que se cumplieron sus deseos.

En la cruzada contra los enemigos de la democracia se necesitan seres solidarios y desprendidos prestos a entregarlo todo sin esperar nada a cambio-. Convencido con estos argumentos, de un plumazo firmó su incorporación voluntaria a las fuerzas de la OTAN en Afganistán. Además le darían una paga extra por ir a un país en guerra. Ya se veía en el desierto combatiendo contra esos moros sanguinarios, contra esos infieles que ponían en jaque la paz mundial. Él estaba en deuda con la sociedad española, incluso ya pronunciaba correctamente la palabra corazón con esa z tan castiza. Le hervía la sangre de ardor guerrero cada vez que recitaba esa estrofa del himno de infantería «y de amor patrio henchido el corazón…» Tenía que comprometerse con una causa justa, tal y como afirmaban sus superiores, era el momento de redimir a ese pueblo castigado por el terrorismo. A la hora del almuerzo cuando daban las noticias por televisión se le revolvían las tripas cuando salían esas imágenes de atentados y bombazos. Entonces, arrebatado exclamaba: -¡Eso es, como no, hay que poner el pecho y salvar al mundo de estos asesinos!-

Cuando vio su nombre en la lista de los elegidos para ir a Afganistán casi se le caen las lágrimas de la emoción. Le había tocado la lotería primitiva, sus superiores le daban un voto de confianza. Un triste pobre inmigrante comenzaba a conquistar las más altas cumbres. No podía creérselo. Esta era la oportunidad que había esperado toda su vida para demostrar su valentía en primera línea de fuego.

El soldado John Felipe Romero Meneses antes de aterrizar en Herat, Afganistán, desde la ventanilla del avión no pudo reprimir una exclamación de asombro al contemplar el paisaje desértico del país. Y es que él provenía de un país tropical con selvas y bosques exuberantes y allá abajo no había más que arena y dunas. Ya en tierra firme los rostros de los afganos le recordaban al de los colombianos . Él se reconocía en cada uno de ellos y pasaría como uno más a no ser por su uniforme. Disfrazado de soldado español la cosa cambiaba mucho: era un enemigo, un invasor, un objetivo a batir y en este juego siempre alguien lleva las de perder, ¿no?

Acuartelado en la base FSB de la OTAN en Herat, nunca salió sólo a la calle, ni de paseo o a tomarse una coca cola, y menos a hablar con los lugareños- pues de pashtún no sabía ni mu. Estas relaciones con los nativos eran bien curiosas por parte de los cruzados redentores. Él y sus compañeros mataban el tiempo mirando los programas de la televisión española, los partidos de fútbol, el cotilleo diario de Jesulín de Ubrique y Belén Esteban y si no se marchaban a la cantina a jugar con las maquinitas y el futbolín. ¡Qué fantástico! vivían en una base paradisíaca con restaurante, campos de tenis, piscina y sauna. ¡Vaya, que tan sólo faltaba el prostíbulo!
En las maniobras militares John Felipe siempre se destacó por su arrojo y tenacidad. Sin quejarse escalaba montañas cargando con su mochila, el fusil y los pertrechos. Como buena bestia de carga resistía hasta la extenuación las caminatas de 30 y 40 kilómetros o los ejercicios con fuego real que ponía a prueba la compañía. Incluso en las prácticas de supervivencia podía pasar tres o cuatro días en la montaña sin comer ni beber. ¡Qué macho! Con el paso de los meses dejó de ser un adolescente tímido e inseguro para transformarse en un todo un hombre hecho y derecho. Su ego se disparaba cada vez más y aunque era chiquito gracias a la pista americana sus músculos se desarrollaron exageradamente, lo que le daba una apariencia de toro arisco (tal vez toda esta fortaleza la necesitaba para subir a los aviones las cajas de «ayuda humanitaria» con destino a los países pobres).

Voluntario, el primero, y firme se cuadraba ante los mandos. -A la orden mi sargento, afirmativo mi sargento, con su permiso me puedo retirar, mi sargento-. Nunca dijo no, nunca se quejaba y parecía que le gustaba sufrir, algo de masoquista tenía al fin y al cabo por ser colombiano. Supo disciplinado arrodillarse ante la jerarquía y con esa actitud tan sumisa ganó puntos que lo hicieron imprescindible pues pocos rendían como él.
Esta tarde los noticieros dieron la noticia: “hoy lunes 1 de febrero a las 13:00 (hora española) cuando un convoy militar de 11 BMR que recorría la ruta Lithium de Sang Atesh, una zona árida al norte de Qala -i -Now, escoltando a varios camiones del Programa Mundial de Alimentos, sufrió un atentado por parte de un grupo talibán que a su paso hicieron explotar una mina anticarro causando la muerte del soldado español de origen
colombiano John Felipe Romero Meneses que viajaba en el primer vehículo, además de seis heridos, dos de ellos de gravedad, que fueron trasladados a la base de apoyo avanzado Role 2 en Herat. Según las fuentes militares españolas la brigada cumplía una «misión humanitaria» en apoyo de las comunidades de la región.

A esta hora en la Base de Apoyo Avanzada de Herat en Afganistán, los rostros de sus compañeros han quedado desencajados por la desolación y la tristeza al conocer la noticia. Se han dado cuenta que no son inmortales como se creían, que «el señor Dios y jefe nuestro» se olvidó de John Felipe y lo mandó a criar malvas. Los oficiales forman la guardia de honor para velar el cuerpo del infortunado soldado que “descansa en paz” en un improvisado altar en la enfermería. De repente suena el cornetín e interpreta el toque de duelo y la tropa se pone firmes mirándole los huevos a San Pedro, como mandan los cánones. ¡Caídos por Dios y por España! ¡¡¡Presentes!!!, -responden al unísono. Sus superiores dicen que John Felipe es un héroe - es un héroe sin lugar a dudas, pero un héroe muerto como los que habitan tantos camposantos. -Dio la vida por la paz de Afganistán, dio la vida por este país devastado por el terrorismo, afirma el coronel Luis Miguel Yague. Los soldados lloran de rabia contenida y muchos se muerden la lengua jurando venganza. -Pobre, no se lo merecía. Era tan bueno- Y ensimismados venga a repetir el mismo estribillo: “que ha muerto por la libertad”, “que ha sido un gesto de generosidad por su parte”, “tan solidario y trabajador que era”. Todas las justificaciones habidas y por haber en un intento por echarle flores al muerto y suavizar el dolor que les agobia. Tenían que sentirse importantes y convencerse a si mismos que el mundo sin ellos, se vendría abajo.

La ministra de Guerra Carmen Chacón vuela a esta hora a bordo de en un avión Airbus de la Fuerza Aérea Española con destino a Afganistán a brindarle apoyo y solidaridad a sus tropas. La cabeza visible del ejército tiene que estar con ellos en estos momentos tan difíciles. Se estima que en el mismo avión regresará mañana con el cadáver de John Felipe y los heridos del atentado. ¡Qué honor para John Felipe! Su funeral será de primera categoría, un asunto de estado. Pues a todos los héroes hay que santificarlos, ¿no?

Como por arte de magia el difunto ha cobrado una inusitada importancia. La prensa, la radio y televisión no se cansan de repetir la noticia : Muerto soldado español de origen colombiano en ataque Talibán en Afganistán. “Soldado español de origen colombiano” ¿quizás un mercenario? Quizás, no. El Rey, el Príncipe, el Presidente de Gobierno Rodríguez Zapatero, la ministra de la Guerra y los jefes de las tres armas del ejército presidirán el funeral. La ceremonia tiene que ser fastuosa para impresionar a la opinión pública. La capilla ardiente repleta de ramos de flores y coronas de laurel y el cardenal primado celebrando la misa de cuerpo presente. – Sobra decir que igual que Cristo, el soldado John Felipe entregó su vida por redimir a la humanidad. Seguro que en el más allá John Felipe tiene que sentirse feliz pues en vida jamás habría recibido tantos homenajes. El era un soldadito del montón al que una bomba salvó de ser un don nadie.

Tras las exequias el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero le impondrá al valeroso soldadito la cruz del mérito militar mientras suena la marcha “la muerte no es el final”. Acto seguido la guardia de honor disparará una salva de fusilería en honor al héroe. Y ese héroe no es otro que John Felipe. Sus padres y hermanos de riguroso luto llorarán desconsolados. No entienden nada. Les habían jurado y perjurado que su hijo partía en una “misión humanitaria” por la paz del mundo. El Príncipe Felipe, el Presidente Rodríguez Zapatero y la Ministra de Guerra Carmen Chacón les darán el pésame entregándole a la familia su boina del regimiento de Cazadores de Montaña y la gloriosa bandera de España. A partir de ese momento la enseña nacional llenará el vacío dejado por su hijo. -Ha sido el mejor soldado de la patria.

Era honrado, trabajador y servicial. Siempre le recordaremos- expresará en un breve discurso la El General Jefe del Ejército de Tierra Fulgencio Coll Bucher. Sus compañeros de armas cargarán el féretro de roble chapado en oro hasta una limusina Mercedes Benz que lo conducirá hasta al aeropuerto de Torrejón para viajar gratis y en primera clase en un Boeing 737 de la Fuerza Aérea Española de regreso a la patria que lo vio nacer.

John Felipe no luchó por los pobres y oprimidos de Colombia, no luchó por cambiar la realidad de su país sino que decidió entregar su vida a la «madre patria». Muchos dirán que no se merecía este final, muchos dirán que su sacrificio no ha sido en vano. Lo cierto es que se postró de rodillas ante el becerro de oro y como el novio de la muerte se unió en lazo fuerte con tan leal compañera. Dejaremos escrito su epitafio: «Si al caer en lucha fiera ven flotar victoriosa la bandera, ante esta visión postrera orgullosos morirán y la patria, a la que su vida le entregó, en su frente dolorida le devuelve agradecida el beso que recibió”

Carlos de Urabá 2010
Investigador de Colombia.