La jaula

La jaula
por la emancipación de los pueblos

vendredi 3 janvier 2014

Siria: nacido en las entrañas de la muerte.


Esta mañana  recibí la llamada telefónica  mi amigo Munter en la que me comunica que cerca de la aduana de Jaber, en la frontera jordano-siria, había sucedido un hecho espeluznante. Hasta el puesto llegó una mujer embarazada con un disparo en la cabeza- al parecer causado por un francotirador- que fue atendida por los médicos de la Media Luna Roja. En vista de que irremediablemente agonizaba tomaron la decisión de hacerle una cesárea. La operación fue todo un éxito y los médicos consiguieron salvar al bebé.


Al día siguiente me dirigí hacia el campo de refugiados de Zaatari (vertedero humanitario de 115.000 habitantes)  para pedir información sobre el « bebé milagro » y los militares jordanos me informaron que el recién nacido, como no tenía ningún pariente que se hiciera cargo de él, se encontraba en manos de los funcionarios de las UNICEF. ¡Que tristeza! Un huérfano más al que les espera un futuro plagado de penalidades y fatigas.

A los sirios nadie los quiere pues son pobres  y vienen a agravar la ya de por si  maltrecha   económía de los países de acogida.  Es un pueblo maldito y no son bienvenidos en Jordania, no son bienvenidos en el Líbano, no son bienvenidos en Turquía, ni en Egipto o Irak.

El 70% de los 150.000 muertos que se ha cobrado esta  miserable guerra pertenecen a la población civil. Nosotros nos limitamos a transcribir  lo que nos relatan los testigos de primera mano, o sea,  los supervivientes de las masacres  que nos  hablan de brutales ataques de artillería pesada, misiles Scud, lanzamientos de barriles llenos de explosivos desde helicópteros, aviones de combate que disparan proyectiles cargados con napalm, fósforo blanco, bombas de racimo, o  armas químicas. Ese es el castigo que les manda el rais supremo Bachar Al Assad por haber desafiado su autoridad. A base de miedo y de terror  escarmientan a su pueblo los tiranos y dictadores árabes en su afán por imponer  la « paz » y el « orden ».

Es difícil superar tanta degradación humana, una maldad indescriptible que nos deja anonadados.  Estamos ante una orgía irrefrenable de odio y de venganza cuyo objetivo es el  causar el máximo dolor a sus adversarios. Los heridos sin compasión se  rematan con un tiro en la sien o en la nuca, a otros se les riega con gasolina y se les quema vivos o se descuartizan con motosierras. No nos sorprende la crueldad de violencia sectaria pues desde tiempos inmemoriales se han distinguido por su ensañamiento y sadismo.

El  ejército de Bachar Al Assad a pesar de haber recibido durante el primer año de guerra duros golpes ha recuperado la iniciativa gracias a la intervención de la milicia de Hezbollah en una alianza estratégica con los Guardianes de la Revolución iraníes. Además de recibir la valiosa asistencia técnica y militar rusa y China que le proporciona  las armas y pertrechos necesarios para afrontar las vicisitudes del conflicto bélico

Ahora que los  periodistas independientes son asesinados, perseguidos o  secuestrados es difícil tener un testimonio fidedigno de lo que ocurre sobre el terreno. En todo caso la opinión pública occidental asqueada por el morbo y las atrocidades de un drama tan sangriento  prefiere mirar para otro lado. Es por ello que no existe ningún impedimento para continuar las masacres, la demolición ciudades y pueblos. Todo es válido después de que Bachar Al Assad haya decidido entregar sus arsenales químicos a los observadores de la ONU a cambio de librarse de la ofensiva militar que le tenían preparada  EEUU y Europa. Una maniobra muy bien planificada por el presidente ruso Vladimir Putin que consolida sus lazos de hermandad con la dictadura siria a cambio de controlar sus  recursos petrolíferos y la base militar de Tartus en el Mediterráneo oriental. Nos tememos que ese pavoroso crimen perpetrado por el ejército sirio en Ghouta, en las afueras de Damasco, donde murieron gaseados cientos de civiles -en el peor ataque químico del siglo XXI-  quede en la impunidad.

Un espíritu maligno ha poseído a Siria, un virus diabólico envenena el alma de los combatientes ya sean   chiitas, sunitas, alauitas, kurdos, armenios, drusos, cristianos, los Guardianes de la Revolución iraníes o los milicianos de Hezbollah, los sunitas iraquíes, los chiitas iraquíes, los yihadistas, los guerrilleros del ELS. Acontecimientos que nos demuestran la más absoluta degradación del ser humano.


Más de 20.000 voluntarios  procedentes del mundo entero han respondido la llamada a la yihad lanzada por el jeque Ayman al Zawahiri, líder de Al Qaeda. Estos  moyahidines enrolados en las diferentes  katibas o milicias están dispuestos a fundar el Califato de Levante (Siria).

El máximo placer de los yihadistas, no importa si son chiitas o sunitas, es morir como mártires, La muerte es atractiva, y hasta romántica. Caer en primera línea de fuego  bañados en sangre e iniciar el viaje al paraíso donde les espera la fiesta con las huríes. Después de lavar al muerto, amortajarlo, perfumarlo  y anunciar su martirio disparando al cielo las armas entre gritos de ¡Allah akbar ! despedirlo con todos los honores para glorificar su memoria.

Nos sentimos impotentes, con las manos atadas. Los refugiados nos preguntan que cuándo se va a acabar esta pesadilla.  Y yo les digo que muy pronto, Inchallah. Aunque en el fondo todos sabemos que es mentira, que no hay ninguna esperanza, Yo no sé cómo explicarles que han sido condenados, abandonados por la comunidad internacional ¿dónde está la ONU, la Unión Europea, EEUU o la Liga Árabe?   Nadie se atreve a intervenir y salvarlos del exterminio como ha acontecido tantas veces en la historia con otros pueblos: Bosnia, Zaire, Ruanda, Kosovo. Al fin y al cabo las guerras son un gran negocio para la industria armamentística y los contrabandistas de armas. Así se mueven los intereses del mundo capitalista. Unos ganan y otros pierden.       

Los francotiradores sin que les tiemble el pulso desde sus madrigueras disparan con precisión matemática a quien se atraviese en su camino. No importa que sean  niños, mujeres o ancianos pues el objetivo es multiplicar el sufrimiento y el dolor. Aniquilar, matar, eliminar, exterminar son los únicos verbos que saben conjugar a la perfección.

A una madre embarazada le han volado la tapa sesos, una mujer que podría ser sunita, chiita, cristiana, drusa o kurda, sea cual sea su grupo su étnico o confesional ni siquiera se le dedica un renglón en las noticias de la prensa diaria. ¡Que más da! es un muerto más entre los miles que se pudren en los cementerios, un ser anónimo, un cadáver anónimo ¿un animal o un ser humano?  A los animales muchas veces se les trata con mayor respeto y cariño.

Las noticias no pueden ser más dramáticas: UNICEF reclama urgentemente 610 millones de euros de ayuda humanitaria a los países donantes porque deben garantizar la supervivencia de 5 millones de niños sirios y los cuatro millones de desplazados. Las agencias de la ONU y las ONGs también exigen una partida extra para atender a la población más vulnerable. Porque en Siria hay desnutrición crónica, la gente muere de hambre sin que sepamos a ciencia cierta la cifra exacta. En las zonas rebeldes se han perdido las cosechas, los mercados están desabastecidos. Por ejemplo,  el pan ha subido el 500% desde que se inició la guerra civil, un kilo de arroz cuesta 49 euros,  un litro de leche 20 euros, las epidemias como la polio o la tuberculosis se recrudecen,  se necesita urgentemente sangre para las transfusiones, suero, medicamentos para los heridos y enfermos, no hay gas, ni electricidad para enfrentar el crudo invierno, el agua está contaminada, y la mayoría de los ciudadanos se encuentran destrozados psicológicamente. Es tal la desesperación que la gente come cartón para aliviar el hambre, otros se alimentan con gatos, perros o burros (aunque el islam lo considere un pecado) Y si sigue así no faltarán los casos de canibalismo. Estamos presenciando una de las crisis humanitarias más grandes de la historia contemporánea.  A las víctimas el único consuelo que les queda es orar y  resignarse a la voluntad de Allah, el señor del mundo, el clemente y el misericordioso, que no se sabe muy bien por qué les ha condenado a este pavoroso holocausto.

 

Carlos de Urabá 2014

Zaatari-Jordania
 
 

jeudi 2 janvier 2014

Pornodictadura en el ciberespacio.


La brutal alienación a la que nos vemos sometidos por el imperio cibernético:

Como investigador en el campo del psicoanálisis de la universidad Distrital de Bogotá dediqué mi tesis doctoral a estudiar los efectos de la tecnología sobre la sexualidad humana. Estas son algunas de mis conclusiones.

Según Freud la sexualidad es un factor determinante en las conductas del homo sapiens. Sin embargo estoy seguro que él nunca imaginó que la tecnología influyera de tal manera en la psiquis de los seres humanos. Se han escrito extensos tratados sobre la zoofilia, el sadomasoquismo, el incesto, la pedofilia y demás perversiones, pero, ¿es posible tener sexo con una máquina? y no es ciencia ficción. Sin lugar a dudas que sí porque la máquina trasmite impulsos eléctricos que en nuestro cerebro se convierten en estímulos. Una persona enchufada al computador es capaz de creerse el protagonista de un romance virtual, acostarse con su amada e incluso alcanzar orgasmos.

Definitivamente los órganos sexuales se han trasladado de la zona genital al cerebro. Nuestra animalidad ha sido castrada por la lógica y las matemáticas aunque el Eros y el Tánatos aún dominan nuestros instintos básicos.

En el campo científico no existen dogmas de fe, de ahí que haya que demostrar las teorías con hechos constantes y sonantes.

-Si el hombre desciende del mono, la máquina desciende del hombre.

Sin las máquinas la civilización occidental jamás hubiera podido alcanzar tan altos niveles de desarrollo. Por lo tanto la dependencia tecnológica es indiscutible y no se limita al mero aspecto material sino que la dependencia afectiva es todavía mayor. El homo sapiens como todo primate es esencialmente gremial aunque la modernidad nos haya trasformado en unos individuos sin tribu, sedentarios y atrofiados. Lo paradójico del caso es que los millones de ciudadanos que habitan en las grandes urbes, se sienten solos. La soledad es un monstruo que hay que aplacar porque de lo contrario te devora el alma. Y si la soledad va acompañada del aburrimiento, la catástrofe es devastadora Este es un verdadero drama pues muchos homínidos no conocen ni al vecino de enfrente.

Ajenos a la naturaleza no nos queda otra que adaptarnos a un medio artificial donde nuestras raíces son los cables y enchufes sembrados al cemento y el asfalto. ¿Cómo llenar ese inmenso vacío que nos acongoja? La esquizofrenia y las enfermedades mentales nos amenazan y necesitamos embucharnos de píldoras y barbitúricos para soportar ese entorno tan opresivo. Hemos perdido el gusto por la vida y la rutina diaria es tan insoportable que muchos eligen autoeliminarse como único camino de salvación.

Por supuesto, que la tecnología nos alivia esa falta de amor y de cariño. Apretamos un botón y de repente suena una musiquita celestial y emocionados nos da un vuelco el corazón. ¡Tenemos un mensaje, alguien nos corresponde! Gracias a los computadores, teléfonos, televisores, radios, iPod, iPad, iPhone, Wasap, Twitter, estamos comunicados y en armonía con el universo. Este es el verdadero opio del pueblo o el fuego fatuo de una realidad virtual que nos engatusa con sus cantos de sirena.

En resumen pasamos junto a las máquinas la mayor parte de nuestra existencia, pasamos mucho más tiempo con esos inventos tecnológicos que con nuestra mujer, nuestros hijos, nuestros padres o amistades. Horas y horas tecleando un computador, horas y horas conversando a través del teléfono móvil, horas y horas frente al televisor o cautivos de los benditos videojuegos. Tenemos una relación directa piel con piel o, mejor dicho, piel con plástico con todos estos artilugios que son capaces de consolar nuestro desasosiego. Sin duda los computadores se han convertido en nuestros inseparables compañeros, yo juraría que están vivos y hasta tienen alma aunque en el fondo no sean más que discos duros, memorias y procesadores informáticos o diminutos microchips. La inteligencia artificial es una extensión más de nuestro cerebro y necesitamos procesar la mayor información posible. Inmersos en una sociedad tan competitiva el engranaje productivo no puede detenerse. Como la globalización cruel y asesina no tolera la disidencia todos aquellos que nos se integren en el sistema, serán condenados a las mazmorras del olvido.

No me fue muy difícil conseguir algunas cobayas de homo sapiens para confirmar mis teorías. Sin ir más lejos en la sala de computación de la universidad retozaban varios ejemplares típicos de este síndrome de técnofilia.

A mi diestra un muchacho que no pasa de los veinte años se encuentra concentrado frente al computador. Ni siquiera parpadea y mantiene la mirada fija en la pantalla. Cualquiera pensaría que prepara su examen de fin de curso o estudia alguna materia propia de su carrera. Pero, ¡oh sorpresa! ni lo uno ni lo otro, el joven bucea en las profundidades del ciberespacio explorando el Planeta Eros, una página porno de las mas visitadas en la red. Gracias a esa autopista de la información que construyó tío Billy Gates el joven contempla a una pícara mulata que se baja lentamente las bragas provocándolo. Excitado pasa la página y aparece una trigueña despampanante que se acaricia sus partes íntimas, ¡tremendo! hace click y en la página web destellan por doquier las ofertas sexuales más apetitosas hasta que por fin el joven pincha la ventana donde un efebo negro penetra a una rubia platino que aúlla como una loba en celo.

Los ojos del muchacho parecen salirse de las órbitas, se pone lívido como una de esas estampitas de santa Teresa de Jesús, en un vivo sin vivir en mí, y lanza un suspiro de éxtasis. A bordo de esa muñeca hinchable en que se ha convertido su ordenador se pasa las horas, los días, las semanas o los años sediento de imágenes eróticas que le produzcan placer. Porque vivimos en una civilización del placer, del vicio y la ausencia de dolor.

El joven vuelve a teclear una nueva dirección en el buscador, mueve con agilidad el ratón y click acaricia el clítoris de su amante y por arte de magia descorre un tupido velo donde una preciosa ninfómana se magrea con un pura sangre. Y sigue masturbándose y masturbándose, necesita una vagina virtual donde descargar su libido; se sonroja, se encuentra caliente, calientísimo y por fin se desata el orgasmo cósmico.

A mi siniestra una atractiva universitaria chatea en su computador. Son diálogos en un lenguaje cifrado prácticamente incomprensible. EScribe frases inconexas, saltan los renglones y las preguntas y respuestas se suceden a un ritmo frenético. Se alisa el pelo y desenfunda su teléfono móvil. Toma en su mano ese pene cibernético al que masturba con delicadeza tecleando un mensaje de texto. Finaliza su misión y tras una pausa su semblante se ilumina ring, ring ¡alguien le responde!Aprieta con todas sus fuerzas el teléfono y lo lleva al borde de sus carnosos labios para hacerle una felación. El teléfono no es más que un consolador con vibrador incluido. La joven habla y habla y tras una media hora cuelga y al instante vuelve a marcar otro número mientras sigue chateando con sus amiguitos secretos. ¿No quedamos en que el don de la ubicuidad estaba sólo reservado a Dios todopoderoso?

El concepto del amor se ha tergiversado, ya no es necesario declarase frente a frente pues los defectos de los mortales son imperdonables. Es preferible tomar distancia, crear personajes ficticios, o sea, lo que uno quisiera ser pero no puede. En este juego todo es válido con tal de conquistar a la pareja virtual. Se acabaron las flores, las serenatas con violines o la cena romántica con dos velitas a la luz dela luna o el juglar que llegaba al balcón de su prometida a recitarle poemas de amor. Ahora los primates se enamoran en el Chat, a través del Internet y piden la mano de la novia o el novio por Twitter.

Vivimos una era de masturbadores, masturbadores mentales, de androides de una egolatría inconcebible, el yo ha triunfado, el mío ha triunfado. El hedonismo es el valor supremo, se rinde culto al cuerpo porque la gente necesita verse reflejada en el espejo de Narciso a ver si sus sueños se hacen realidad. Sobran las palabras, lo primordial es la imagen cuyo bombardeo diario es vital para engordar el ego de la masa y consentir sus caprichos más estrafalarios. Esclavizados por los mensajes subliminales, sin un minuto de tiempo para reflexionar hemos caído en las garras de la alienación más burda y miserable. La diversidad, que es una de las características fundamentales de la especie humana, se extingue para dar paso al pensamiento único y a la clonación planetaria.

Encerrados en nuestro cascarón, en nuestra burbuja o apartamento no necesitamos de nada ni de nadie, ni de dioses ni de redentores. Se ha sacralizado la tecnología que es el nuevo ídolo ante el cual millones de autómatas se arrodillan sumisos. El mito de Prometeo o las ansias de los mortales por poseer el poder divino, se ha cumplido.

No hay vuelta de hoja, el síndrome de tecnofilia, que se define como una atracción desmedida por la tecnología, va a marcar el recién inaugurado siglo XXI. Aunque esta atracción fatal puede llegar al enamoramiento y a nadie debe sorprender que algunos fanáticos cabalguen sobre el computador meneando la cadera a ritmo de samba para finalmente eyacular en el ciberespacio.

Internet no es más que en una “madame” o proxeneta que nos ofrece una variada oferta de prostíbulos virtuales, wiskerias, clubes y casinos que hacen su agosto a costa de una humanidad sedienta de lujuria y de pasión. Con todas las tentaciones a la carta, con todos los pecados en vivo y en directo, los cinco continentes en la pantalla del computador que es como una teta de la que maman millones de cachorros en celo. El morbo, el masoquismo y el fetichismo nos arrebatan. Ni que decir las orgías con niños tiernos y hasta un harén de vírgenes para que los violadores y pedófilos se den el festín. Un gran supermercado de hembras, burras y yeguas sodomizadas en nombre de la libertad de expresión. Sin olvidarnos del voyerismo, esa manía de mirar a través del ojo de la cerradura y ver como una lesbiana le lame la vagina a su querida o como un homosexual cabalga sobre el pene erecto de un macho cabrio y si enfocas bien la cámara web te saludo desde lo más profundo de mi bragueta.

Somos los simios domesticados de este zoológico así que ha fornicar se ha dicho cibercornudos, a navegar entre los mares y ríos de pornografía y toda suerte de páginas web donde se patrocinan las mayores aberraciones, siempre guardando el anonimato, por supuesto, y sin restricciones ni censura. Aunque primero, eso si, hay que pagar con la tarjeta de crédito una buena suma de dinero para poder disfrutar del paraíso perdido. Porque este es un negocio más del capitalismo, tal vez el más grande, con millones de clientes alrededor del mundo cuya calentura genera incalculables ganancias.

Seguramente en los próximos decenios la psicología y la psiquiatría no van a dar abasto para atender a esa creciente fauna de tecnoadictos. Es el precio que hay que pagar como consecuencia de la manipulación sistemática a la que nos han sometido.

¿Qué tratamientos aplicaremos? ¿habrá una nueva gama de fármacos milagrosos?

Seguro se desarrollarán nuevas terapias en un intento por desprogramar a esos millones de autómatas que poblarán la tierra. Lo que nos faltaba como si no tuviéramos suficiente con las adicciones a las drogas, al alcohol o a la ludopatía, ahora atrapados como mosquitas en las telarañas del Internet.

El imperio capitalista y su eterno big bang de crecimiento se alimenta de consumidores. Su gula es de tal magnitud que no tiene ningún escrúpulo en destruir pueblos, naciones, culturas o vampirizar y prostituir mentes de bebés, de niños, de jóvenes, de adultos o de viejos con tal de saciar su codicia. Para eso cuentan con un eficiente servicio de publicidad y propaganda inspirado en los principios del Nazi Goebbels (Ministro de Propaganda del III Reich)

Para la democracia burguesa la libertad de expresión es un dogma de fe. Libertad de expresión que sólo disfrutan quienes detentan el poder económico y político, claro. Porque cualquiera no puede abrir un canal de televisión, una radio o un periódico, si no tiene un capital que lo respalde. El monopolio tecnológico es un patrimonio de las grandes multinacionales y su transferencia está sujeta a factores puramente especulativos.

Son las tres de la mañana y la sala de computación de la universidad sigue abarrotada. Abstraídos en sus "pajas mentales", el redil continúa rumiando sus fantasías frente a las pantallas de los computadores. Se nota que los primates están bien alimentados con el pienso cibernético Parece mentira que el cerebro humano sea tan manipulable y se deje embaucar por esas lucecitas de colores. Y es que cualquiera le vende su alma al diablo con tal de alcanzar el nirvana.

La ciencia ha descifrado los secretos del inconsciente colectivo suplantando el lenguaje simbólico en el que se expresa la psiquis. Este es apenas el principio de la gran bacanal pues entramos en una etapa insólita de la evolución humana, la edad de los autistas, en la que el nihilismo o la doctrina de la nada dominarán la faz de la tierra.

Carlos de Urabá 2013

Amman-Jordania

mercredi 1 janvier 2014

Cáritas, el Ministerio de la Pobreza.


Administrar la pobreza es un don divino reservado a unos cuantos elegidos.

«España es la octava potencia del mundo, un país poseedor de una economía boyante y de unas perspectivas envidiables» -los políticos socialistas sacando pecho lo repetían constantemente en sus alocuciones y discursos- «somos un país de vanguardia no hay más que observar las cifras macroeconómicas. ¡Invertid en España!». Todo iba viento en popa hasta que de golpe y porrazo y, sin saber muy bien por qué, ¡patapum! estalló la burbuja inmobiliaria, las entidades financieras hicieron aguas y la recesión mundial nos pegó una puñalada trapera.

Vivíamos por encima de nuestras posibilidades, nos dejamos arrastrar por los delirios de grandeza y la época de las vacas flacas nos ha pillado por sorpresa. La clase media, los obreros y los proletarios echaron mano de la tarjeta Visa Oro y ansiosos por subir en la escala social desataron una tremenda bacanal. Nadie se conformaba con lo que tenía. la envidia, la maldita envidia empozoñó nuestros corazones. Queríamos un piso propio, un chalet en la sierra y otro en la playa. Y venga a frotar la lámpara de Aladino a ver si el director del banco nos concedía todos nuestros deseos. ¡Con esa nómina cualquiera! Aprobados los créditos felices y contentos nos dedicamos al despilfarro y al derroche. Pero había un pequeño detalle: no leímos la letra pequeña de los contratos donde se nos advertía que podríamos correr algunos riesgos imprevistos.

Ahora con todo el descaro el gobierno socialista le exige a sus ciudadanos que apechuguen y asuman el supremo sacrificio. Hijos míos, hay que apretarse el cinturón. Pero, serenidad y paciencia, que muy pronto acabará la travesía del desierto y otra vez gozaremos de la mieles del triunfo. Mirad lo que pasó con la selección española de fútbol que empezó el mundial con una derrota y luego nos coronamos campeones del mundo. Y como campeones sabremos sobreponernos a las adversidades.

En los balcones de los edificios aún cuelgan las banderitas rojas y gualdas como recuerdo de la histórica gesta deportiva. La maquinaria mediática, la radio, los periódicos, las revistas, las televisones cumplieron fielmente con la misión de levantarle la moral a la plebe. Pero poco nos duró la sobredosis pues pronto recibimos una violenta bofetada que nos devolvió a la cruel realidad: estoy en el paro y sin un duro en el bolsillo, y si abro el buzón de correspondencia no hay más que cartas de los bancos que me reclaman el pago de las letras.

Una situación tan masacrante causa graves traumas psicológicos; la angustía existencial nos corroe el alma, la autoestima y el amor propio se encuentran por los suelos. No es de extrañarse, entonces, que a muchos se les despierten los instintos suicidas. El sentirse inútiles, el haber pasado del cielo al infierno en un santiamén es algo que nos hunde en la más profunda depresión. Todavía los jóvenes pueden capear el temporal pero, en cambio, los que hemos cumplido los cuarenta años, apaga y vámonos pues ya estamos para el arrastre.

Y lo peor es ver como pasan los días, uno tras otro sin que se vislumbre una lucesita de esperanza. Ni una llamada, ni una carta de respuesta a las solucitudes enviadas por correo a las empresas y compañías de media España. Los curriculums redactados con estilo impecable, las cartas de presentación adormadas con membretes de oro. ¿Cuáles son las cualidades de tu perfil profesional? ¿de qué manera tu experiencia laboral acumulada pueden beneficiarnos? Y disciplinados venga a rellenar los formularios para que luego nos respondan: lo sentimos mucho pero ante las mala situación financiera nos vemos impedidos de realizar más contrataciones. Y mascullando la derrota empezamos a autoinculparnos: soy un fracasado, un don nadie ¡qué desgracia! y venga a cebarnos de pildoritas de amitriptilina, trazodona o prosac para atenuar la carga de las preocupaciones. Muchos se pasan semanas enteras sin dormir y no es para menos: ¿cómo pagar la hipoteca? has engrosado la lista de morosos y los acreedores en el momento menos pensado te echan el guante.

Nos levantamos con el corazón en un puño, suena el móvil, descolgamos y al otro lado de la línea una voz bronca nos espeta: ¡Hola! Llamo de la caja de ahorros donde tiene usted contratada su hipoteca... El gerente del banco te comunica que si no cumples con lo estipulado en el contrato con todo el dolor del alma iniciará un juicio embargo.

El gobierno español ante las presiones de Alemania y EEUU no ha tenido más remedio que aplicar medidas de choque en un vano intento por rebajar el maldito déficit público y privado. Empezando, como no, por los recortes en políticas sociales. Después de un período de bonanza y prosperidad y el PIB se derrumba y la recesión nos tiene asfixiados. No se tomaron las medidas preventivas a tiempo y ahora las consecuencias son imprevisibles. Los organismos estatales, los Ayuntamientos y las Comunidades Autónomas están endeudados hasta el cuello y carecen de solvencia y liquidez. El déficit español supera ya los 100.000 millones de euros.

Y por otro lado en las filas del PP o PSOE se multiplican los casos de  prevaricación, cohecho fraude fiscal y malversación de fondos. Los políticos corruptos sin ningún escrúpulo y, a pesar de que estamos en números rojos, se están forrando a cuenta de los contribuyentes. Ellos son unos expertos en cobrar comisiones por adjudicación de obras, negociar un tanto por ciento por los contratos y licitaciones y dominan a la perfección las artes del pucherazo, el pelotazo o del tráfico de influencias. Se calcula que en los últimos diez años se han sustraído unos 4.500 millones de euros del erario público. Eso sin contar los viajecitos, los vestiditos y modelitos, las joyitas, los coches oficiales, las dietas y mil y un privilegios ¡Luego nos exigen austeridad! Ya lo creo. La familia real dedicada a la dolce vita; los Reyes, el Príncipe y doña Leticia, las infantas, todos gozando de lo lindo en sus palacios de verano o de invierno. El Presidente del gobierno y su camarilla de ministros y consejeros cobrando unos sueldazos millonarios y nosotros a verlas venir deshojando la margarita.

Por paradójico que parezca la banca ha multiplicado por diez sus ganancias en el último quinquenio, los usureros y especuladores amasan grandes fortunas y las ponen a buen recaudo en los paraísos fiscales. Emilio Botín y el Banco de Santander se embolsaron 8.181 millones de euros en el 2010, Amancio Ortega, presidente del grupo INDITEX, cobrará un dividendo record de 600 millones de euros, el BBVA ha superado todas las previsiones ganando 2.527 millones en el 2010.

La cosa está que arde y menos mal que existe la solidaridad familiar pues papá o mamá siempre están dispuestos a echarte un cable. La opción más sensata es emanciparse a los 40 o 50 años. En casa se vive muy a gusto; mamá prepara la comida mientras papi deja caer de vez en cuando una sustanciosa propina.

Existe más de un millón y medio de personas que no cobran el paro, carecen por completo de ayudas estatales y tampoco cotizan a la seguridad social. Sin olvidarnos los parados de larga duración que en silencio mascullan su desasosiego o los viejos que devengan unas escuálidas pensiones. ¿y los gastos familiares? mantener una familia supone un esfuerzo titánico que a veces pasa desapercibido. Sólo los guerreros más valientes pueden afrontar tamaño desafio. No queda más que resignarse a la ración de guerra y llevar una vida espartana ahorrando hasta el último céntimo de euro. Lo único que nos levanta la moral es cuando nos comparamos con esos indigentes que duermen en las calles metidos en ataúdes de cartón.

Esta crisis tan devastadora tiene unos perdedores y, por supuesto, también unos ganadores. La santa madre iglesia aparece en la escena igual que el séptimo de caballería de las películas del oeste. Ellos vienen a socorrernos y administrar «desinteresadamente» la pobreza. Los curas y monjitas y los voluntarios seglares son los nuevos superhéroes solidarios. Los cooperantes de las Ongs y los organismos de ayuda humanitaria ya no tienen que irse a África o Suramérica a salvar negritos o indiecitos, pues a la vuelta de la esquina sobran españolitos a puñados que suplican de rodillas una limosnita.

La «acción caritativa y social de la iglesia española» más conocida como «Cáritas» es una compleja organización que cuenta con 65.000 voluntarios, 5.000 delegaciones y 68 «Cáritas diocesana» repartidas a lo largo y ancho del estado. Esta ONG católica es una exitosa multinacional que tiene presencia activa en más de noventa países del mundo entero. El amor al prójimo mueven un capital de aproximadamente 800 millones de euros anuales.

La emergencia social es aún más acuciante en las regiones históricamente deprimidas como Andalucía, Extremadura, Murcia o Castilla la Mancha. A los hijos de la octava potencia mundial no les queda más remedio que tocar la puerta de las parroquias y conventos.

Cáritas es una organización cuyo objetivo no es erradicar la pobreza ni encontrar una solución integral a la lacra del desempleo y la marginalidad. Ellos vienen a poner pañitos de agua tibia sobre la herida.

Esta visto que la pobreza es una filón inagotable del que se obtienen grandes beneficios. La fórmula es muy simple: entre más pobres hayan, más clientela para las parroquias y mayores posibilidades de captar las subvenciones del estado, la empresa privada o de la Comunidad Europea. La clave es mantener el yugo de la dependencia y el asistencialismo para que los menesterosos se acostumbren a beber de la manita de sus benefactores.

La Conferencia Episcopal sostiene que: «la solidaridad es el valor que prevalece ante los rigores de la crisis» «Cáritas se pone al lado de quienes más sufren y trabaja a destajo, día y noche por subsanar los efectos de la miseria, la exclusión, la marginalidad, la violencia intrafamiliar. el alcoholismo, la drogadicción, la niñez desamparada o cualquier situación límite».

Es increíble que un estado, supuestamente laico, con todo el descaro delegue sus responsabilidades en la iglesia católica. ¡Esto es aberrante! Cáritas se ha convertido en una especie de «Ministerio de la Pobreza» que incluso ha firmado un convenio con el gobierno socialista para atender la avalancha de nuevos pobres.

Pero, hijos míos, todo esto no os va a salir de balde. Si queréis la sopa boba la catequesis y la formación del espíritu cristiano es una obligación ineludible para que el maná siga cayendo del cielo.

Las colas en las oficinas del INEM son kilométricas, la marabunta de parados con cara de viernes santo y muecas de resignación vienen a cumplimentar el papeleo de rigor. De antemano ya saben lo que les espera: Firma aquí, vuelve mañana, pasado mañana o la próxima semana a ver si hay suerte. Y ante la falta de oportunidades: ¡adiós mi España querida! y a buscarse la vida en Alemania, Inglaterra o en Francia como un día hicieran nuestros abuelos.

Los políticos socialistas, en un intento por recuperar el electorado perdido, pronuncian apasionados discursos plagados de quimeras y fantasías. Utilizan todo tipo de artimañas para rebajar las cifras del paro, borrar los ceros y cuadrar las estadísticas a su acomodo. Normal, se acercan las elecciones municipales y autonómicas, y el próximo año las presidenciales, y las encuestas les auguran una hecatombe. El partido gobernante no quiere reconocer su derrota y lanza mensajes esperanzadores a sus incondicionales: la actual crisis es producto de un desajuste coyuntural, este ciclo lo estamos superando y dentro de muy poco comenzaremos a remontar el vuelo. Olvidaos de los contratos basura y la inestabilidad laboral. Crearemos 800.000 puestos de trabajo y reactivaremos la productividad y la competitividad.

Los curitas se frotan las manos y lanzan las campanas al vuelo ¡aleluya! Este es el escenario perfecto jamás soñado: semanalmente el manso redil se acerca hasta la parroquia del barrio a reclamar la cesta de los aguinaldos. Los ángeles de la guarda van repartiendo los mercados de caridad a los menesterosos: tres paquetes de arroz, un kilo de lentejas, uno de garbanzos, dos de galletas, uno de café, un bote de Colacao, seis tetra brik de leche, dos botellas del aceite, cuatro natillas Danone, un paquete de azúcar, los espaguettis, una cajita de quesitos la Vaca que ríe, una lata de tomate frito Orlando, en fin, ¡bienaventurados los pobres porque vuestro es el reino de Dios! Tanto se lava el dinero como se lavan la conciencias.

Esto ya es el colmo pues las parroquias se han convertido en oficinas de empleo e inserción laboral. Allí llegan los inmigrantes, los refugiados, los españolitos de tercera y cuarta categoría a ver si les resuelven la papeleta. Los curitas ejercen de intermediarios ante las familias de prestancia que demandan: sirvientas, niñeras,cocineros, chóferes, cuidadores de ancianos, trabajadores del campo, jardineros, porteros o conserjes.

Nuestros políticos juraban y perjuraban que nos íbamos a poner a al altura de las naciones más industrializadas del planeta, que el estado del bienestar iba a reinar por los siglos de los siglos. Y nosotros cual inocentes tortolitos nos dejamos llevar por el delirium tremens y empezamos a tirar la casa por la ventana. Venga a consumir y cosumir, comprar pisos y chalets, coches último modelo, teléfonos móviles, computadoras, joyas, vacaciones en el Caribe y mil y un caprichitos.

Y ahora que estamos en quiebra y la aconomía mundial se hunde lo único que puede redimirnos es un golpe de suerte. Así que a jugar al bingo, a las tragaperras, a apostar a las quinielas, a la lotería primitiva y los cupones de la ONCE o la lotería de Navidad.

La iglesia que ya se veían cerrando el kiosko ante la caída de las vocaciones y el anticlericalismo rampante, renace con renovado ímpetu. Los feligreses vuelven a las parroquias, los comedores sociales de Cáritas no dan abasto, los roperos, los centros de día, el dispensario médico, los orfanatos, auspicios, escuelas,

Según los últimos informes en el año 2010 Cáritas brindó ayuda a más de 850.000 mil personas, el doble que en el año 2007. Esta entidad de acción caritativa cuenta con 450.000 donantes que han pagado alquileres, hipotecas, gastos médicos, alimentación, higiene, el recibo de la luz o el agua y hasta entierros de caridad, 4 de cada diez hogares tienen problemas para llegar a fin de mes, hay 1.400.000 hogares españoles en los que nadie trabaja, ocho millones de ciudadanos malviven por debajo del umbral de la pobreza, el desempleo afecta al 50% de los jóvenes, dos de cada cinco parados viven en un hogar con todos los miembros sin empleo, uno de cada cuatro niños es pobre, más de 200.000 familias no pueden seguir pagando la hipoteca de su casa, 600 personas duermen a la intemperie en Barcelona y 1.200 en Madrid, los refugios de transeúntes no dan abasto y las hordas de indigentes se pelean por los alimentos caducados que desechan las grandes superficies en los contenedores de basura.

Los recursos totales invertidos por Cáritas el año pasado superaron los 230 millones de euros. La Conferencia Episcopal astutamente se sacan un as de la manga y mueven sus activos del pon la x en los impuestos, de los fondos privados o de los públicos y sin ningún reparo los utilizan para hacerse propaganda y sublimar su imagen. Su altruismo no admite ningún reparo y para demostrarlo han empeñado su inmenso patrimonio para tratar de reactivar la economía española.

Pero no es solamente Cáritas la única organización dedicada a estos menesteres pues la Cruz Roja y el Banco de Alimentos también entregan ayudas a casi 1.500.000 de personas. La crisis es tan intensa que ya afecta a un 20% de la población. Casi 17 millones de personas ganan menos de 13.400 euros anuales, lo que representa una cantidad inferior a 1.100 euros al mes. Con estos ingresos deben hacer frente a sus principales gastos: alimentación, vivienda, transporte, vestuario, facturas domésticas, etc. Algo que los coloca entre la espada y la pared pues no se corresponde con el altísimo costo de la vida. Además, tienen limitado el acceso a las principales vías de financiación bancarias, a excepción de préstamos cortos y de elevados intereses.

Vamos camino de los cinco millones de parados y la destrucción de la mitad de las empresas del sector público y privado. Y lo más lamentable es que no existe un plan serio de inserción laboral ni de creación de empleo estable.

Las millonadas de parados pronto se les agotarán las prestaciones sociales y el subsidio de desempleo. No queda otra posibilidad que trabajar en negro, hacer alguna que otra chapucilla o seguir dando el pego en los cursos del INEM. Sin contar los cinco millones de inmigrantes se han convertido en una onerosa carga para el estado. Claro, después de explotarlos hasta la extenuación ahora se les deshecha como si fueran latas o botellas. Y encima los han convertido en los chivos expiatorios. El racismo y la xenofobia se disparan hasta cotas inimaginables porque siempre alguien tiene que pagar los platos rotos.

Algunos ingenuos proponen organizar una intifada al estilo de Túnez o Egipto, es decir, que salgamos todos a la calle a reclamar por nuestros derechos. Es triste reconocerlo, pero el individualismo ha castrado el espíritu colectivo que en otras épocas caracterizaba las luchas sociales. No hay más que ver a los sindicatos vendidos al partido de gobierno y el aburguesamiento de la clase trabajadora que ha traicionado por completo la utopía revolucionaria.

Según la constitución somos un estado social y democrático de derecho. Permitid que me sonría nuestro estado se rige por las leyes del libre mercado la oferta y la demanda, la competitividad, es decir, la esencia pura del capitalismo que patrocina el consumo más desaforado y voraz.

Hemos reprobado la calificación de Moodys. La deuda pública y privada alcanza la cifra record de 3,07 billones de euros, eso sumado al agujero negro de nuestra banca nos coloca en una posición comprometedora, el impago de los créditos, la quiebra de las constructoras, los especuladores que nos dan gato por liebre, los inversionistas que pierden la confianza y venden sus acciones, la fuga de capitales, Lehman Brothers exige que se reconstruya el sistema financiero, el Euribor se ha incrementado peligrosamente, el FMI lanza un llamado para que se hagan reformas urgentes y decisivas. Y como si fuera poco, el capitán del barco, Rodríguez Zapatero, abandona el puesto de mando. Todo ha sido una mera ilusión, el fuego fatuo de una farsa bufonesca.

Mirad lo que pasó con Islandia, Grecia, Irlanda y ahora Portugal. No podemos ir en contra de los hados del destino. ¡Qué Dios nos coja confesados! Porque hasta se habla del rescate de la economía española por parte de sus socios europeos. Queridos, estáis con la soga al cuello y os dedicáis a tocar la lira como Nerón mientras Roma arde pasto de las llamas.

Carlos de Urabá 2011.

mercredi 25 décembre 2013

Belén de rodillas ante su amo Israel.


Otra humillante y carcelaria navidad.

El nacimiento de Jesucristo marca una de las fechas más trascendentales en el calendario de la civilización occidental. La navidad es una fiesta religiosa que hace parte del  arquetipo colectivo que está grabado en nuestras raíces y tradiciones ancestrales. Desde la más tierna infancia asumimos inconscientemente esos patrones de comportamiento -adquiridos en la educación o en el hogar-  .
Allá en Colombia se acostumbra colocar en la sala de la casa el pesebre o el belén  con las figuritas de los personajes bíblicos: José, María, el niño dios, los reyes magos, camellos, burritos y ovejas incluidos.  Al lado del mismo se levanta  el clásico arbolito lleno de adornos, bombillas, guirnaldas o bolas de colores. En esa especie de altar celebramos la novena de aguinaldos en la que se interpretan los clásicos villancicos.  El 24 de diciembre es el día supremo, tal vez, el más importante del año,  pues se reúne toda la familia en la cena de Noche Buena. Justo al terminar la misma los más beatos se dirigen a la iglesia a oír la Misa del Gallo. Y al otro día como por arte de magia aparecían los regalos al pie del pesebre para regocijo de los más pequeños.  


Según narra la biblia  José  junto a María -que estaba embarazada- viajaron a lomos de un burro  desde Nazaret a Belén de Judea a cumplir con el edicto del emperador romano Cesar Augusto que obligaba al empadronamiento de la población. Como llegaron muy tarde a Belén  agotados golpearon las puertas de las casas pidiendo asilo. Pero  nadie quiso acogerlos y solo un humilde pastor se compadeció de ellos brindándoles su establo para que pasaran la noche. Allí tendida entre la paja y rodeada por una mula y un buey  María dio a luz  a Jesucristo, el hijo de Dios. Este a grandes rasgos es el mito fundacional del cristianismo y sobre el cual se ha edificado toda su teología.
No sé bien por qué motivo me propuse peregrinar hasta al portal de Belén. Quizás fuera para rememorar mis recuerdos infantiles o descubrir otra dimensión fuera de los circuitos turísticos. Pero como es lógico en este año 2013 de la era cristiana la historia ha cambiado radicalmente pues los que antes eran oprimidos por el imperio romano, ahora son los opresores del pueblo palestino. 2000 años después Israel es el amo y señor de Tierra Santa.

Con mi mochila al hombro me dirigí al sector árabe de Jerusalén oriental donde está situado el check point de Al- Zeitim (al-Tur) que es una especie de cuadra gigantesca  plagada de barrotes de hierro igual a las que se usan en las ferias de ganado. La diferencia es que aquí no hay  ganado sino palestinos.  Esta es una de las tantas  la puertas de entrada y de salida a Jerusalén y en la que se erige imponente el muro del apartheid  de nueve metros de altura construido a base de placas de hormigón. En las garitas de control es obligatorio enseñar  la documentación a los carceleros o soldados del Tzáhal  Ellos por lo general te miran con soberbia y te hacen a un lado si no les gusta tu cara. Así que sólo pasan aquellos palestinos que posean un permiso  expedido por las autoridades israelíes.    Cuando me llegó el turno los soldados al darse cuenta que mi pasaporte era colombiano sonrientes me saludaron con unos “buenos días” en español.  Y es que el gobierno colombiano es el principal aliado de Israel en América Latina y eso quiera que no cuenta mucho.  


Ya del otro lado del muro  se localizan los pueblos de Eizariya y Abu Dis en el que se distingue un desordenado urbanismo fruto de la falta de medios y la pésima  planificación urbana.  
Me siento un poco incómodo pues la gente me observa con curiosidad. Seguro se preguntarán  ¿a dónde irá este loco o mashnun? - Un caminante o un vagabundo  no tiene ningún sentido y menos si es en un extranjero que se supone maneja dólares o euros. Por puro placer salir de excursión a observar la naturaleza es simplemente una  pérdida de tiempo. Con lo fácil que es pasear sentados en la sala de la casa viendo el mundo a través del  Discovery Channel. Los palestinos tienen otras prioridades más urgentes como, por ejemplo, la de garantizar su propia supervivencia y la de sus familias. Los tiempos que corren no están hechos ni para el romanticismo ni para la poesía.

En la guerra de 1967 o la Naksa el ejército israelí ocupó Cisjordania y comenzó para los palestinos uno de los capítulos más dramáticos de la historia.  Desde esa fatídica fecha las cosas van de mal en peor. Agobiados por la precaria situación económica,  el  desempleo, la falta de oportunidades y la carestía de la vida han perdido cualquier esperanza en el futuro. Israel continúa el proceso de colonización, o sea, el robo de sus tierras, la construcción de asentamientos ilegales y la represión militar. Esta es una realidad muy amarga: enjaulados por el muro, víctimas del más ruin castigo colectivo y en estado de sitio permanente. Encima millones de refugiados condenados al destierro más humillante sin que haya la más mínima esperanza del retorno. No es de extrañar que hasta los campos de olivos o almendros languidezcan entristecidos. La naturaleza de alguna u otra manera refleja las penalidades del ser humano.   


Si hubiésemos venido aquí hace unos cincuenta años nos habríamos encontrado otro panorama: los campesinos en plena actividad arando la tierra con sus bestias, sembrando el trigo o la cebada o regando los huertos y sementeras,  las recuas de burros cargadas de productos para venderlos en los mercados de Jerusalén o de Ramala.  Todo eso irremediablemente ha desaparecido. Los colonos judíos en su ambición expansionista no dudan en  talar los olivos o árboles frutales, envenenar los cultivos, quemarlos o  echarles sal con tal de arrebatarles las tierras. Definitivamente el campo es un sitio hostil y peligroso pues  los colonos ultraortodoxos- sin contemplaciones- desde sus autos o desde los mismos asentamientos disparan sus armas sobre los palestinos para amedrentarlos.

Los vecinos me saludan al verme pasar y se les marca en su rostro una sonrisa.  Alguien me pregunta que adónde voy  y yo le digo que a Belén. -Eso está lejísimos. Le faltan más de 20 kilómetros.  Lo mejor es que tome uno de esos  taxis colectivos que por 10 por shekels te llevan en menos de media hora,  me aconseja. No comprenden que yo lo que quiero es caminar, peregrinar al estilo Ibn Battuta, aquel  viajero andalusí del siglo XIV que le dio la vuelta al mundo y que cualquier árabe reconoce pues es uno de sus héroes míticos. Voy a Belén donde nació Isa al -Masih (Jesucristo) –para los musulmanes simplemente un  profeta.  Belén es la Meca de mi  hajj (peregrinación) particular. Siempre hay que justificarse religiosamente pues aquí no valen los  argumentos ateos o agnósticos. Estamos en Tierra Santa donde la autoridad de Dios, Yahvé o Allah prevalece infalible.

La ruta discurre por una geografía de  barrancos y cañones desérticos que se pierden en las estribaciones del  Mar Muerto. Voy cruzando pueblos como  Asawahera al- Sharqiya, Jub al Rum, Ubeidiya cuya  arquitectura moderna y vulgar los despoja de cualquier atractivo. Aquí lo que prima es lo práctico, es decir, lo más barato: ladrillos y cemento, un techo y cuatro paredes sin que se preocupen por el estilo artístico o la estética.   Las casitas antiguas tradicionales dotadas de gran belleza  apenas se mantienen en pie medio derruidas, irremediablemente se caen a pedazos abandonadas por sus dueños que se vieron obligados exiliarse en Jordania tras la Naksa.


El muro del apartheid  jalona toda nuestra andadura y al salir de las zonas urbanas  se transforma en una cerca eléctrica reforzada con espirales de alambre de púas.  Los barrancos áridos y pelados no son más que sucias escombreras o botaderos de basura.  La dejadez y la desidia reinan por doquier pues de que vale la belleza en medio de tantas tragedias. 

En el  check point de Jub Al Rum los militares del Tzáhal al  verme venir se colocan en posición de ataque. Nerviosos cargan sus armas y sin dejar de apuntarme –como está escrito en los manuales antiterroristas: un hombre caminando con una mochila es un elemento altamente sospechoso-  uno de ellos, al parecer de mayor rango, me hacen señas para que levante las manos y me acerque. Al darse se cuenta que soy un extranjero y no un árabe se van relajando y cuando le enseño mi pasaporte colombiano me da una palmada en el hombro y me dice ¡very good Uribe! y de inmediato me ofrecen una coca cola y galletas. ¿A dónde va usted? - Me interroga   -a   Belén –le respondo- (siempre hay que tener una coartada, claro) Ahora me advierte  que por medidas de seguridad está prohibido caminar en la carretera y por lo tanto debo continuar en algún  vehículo.   Yo insisto en  que vengo de muy lejos y tengo que cumplir mi promesa de ir a pie hasta el lugar donde nació Jesucristo. Ante mi insistencia me dan vía libre pero antes debo firmar un papel en el que asumo toda la responsabilidad de lo que pueda pasarme.

El hecho es crear miedo y desconfianza para ejercer un mejor control en la zona donde al parecer existe un kibutz.  La carretera que conduce a Belén ahora se precipita a lo profundo de un wadi.    Los autos pasan apresurados y no pueden detenerse porque también está prohibido. En medio de tanta desolación me vienen a la memoria las canciones navideñas que hablan de valles floridos, bosques nevados, ríos cristalinos, camellos, ovejitas o trineos de papá Noel. Imágenes de un lugar paradisiaco que solo existe en nuestra imaginación. “El camino que lleva a Belén baja hasta el valle que la nieve cubrió …” todo es un cuento idealizado, nada más que una fantasía de Walt Disney.  “Pero mira como beben los  peces en el rio, pero miran como beben por ver a Dios nacido…”  ni ríos, ni peces apenas pasa por ahí un riachuelo ponzoñoso o, mejor dicho, una  fétida letrina que arrastra cadáveres de latas y plástico.


De repente, a la altura de Wadi al’Arais, aparece un pastorcillo arreando un redil de ovejas. Seguro busca yerbajos para darles de comer pero no hay  más que un pedregal estéril donde revolotean los cuervos. Por culpa de la valla electrificada y el Muro del Apartheid los ecosistemas naturales y humanos han colapsado.
Ahora comienza una empinada subida en dirección a Beit Sahour. Al ganar altura contemplamos a la distancia con claridad el monstruoso asentamiento de Har Homa – uno de los más grandes de Cisjordania- construido sobre el monte Abu Ghneim -donde un día hubo un bosque de pinares- perteneciente a los pueblos de Beit Sahour, Um Tubami y Sur Baher. Cuando entramos en el núcleo urbano de Belén  el tráfico se hace cada vez más denso pues la carretera se ha quedado pequeña y no queda espacio ni para los peatones.  Belén es una ciudad moderna de unos 30.000 habitantes que  se reparten al 50% entre de árabes cristianos y musulmanes. La mayor parte de los ingresos económicos proceden del turismo religioso pues aquí se encuentra el centro de peregrinación cristiano por excelencia.  En la Basílica de la Natividad, situada en la plaza del Manger, se forman  largas colas de fieles  ansiosos por visitar la Capilla del Pesebre y la Gruta del Nacimiento. Su máximo anhelo es arrodillarse  y besar la estrella de plata que marca el sitio exacto donde se supone que  María dio a luz a Jesucristo. Además de tomarse una foto para eternizar ese momento de gloria.

La soberanía de Belén fue transferida, tras los Acuerdos de Oslo en el año de 1995 firmados por Rabin y Arafat, a la ANP.  Aunque esa no es más que una victoria moral  pues  la ciudad como muchas otras de Cisjordania se halla cercada desde el año 2002 por el Muro del Apartheid. El 30% de los pobladores de Belén son refugiados de la Nakba 1948 y muchos de ellos todavía residen en los campos de Aida,  Azza y  Dheisheh. Por la falta de recursos económicos la situación social es muy deprimente: la tasa de desempleo es del 45% y la pobreza crónica de un 40%.   No hay Nochebuena que valga, ni noche de paz ni noche de amor, ni Reyes Magos ni estrella de Belén que resuelva tantas injusticias y arbitrariedades.  

He desistido de visitar la Gruta del Nacimiento pues es tal la aglomeración de devotos que prefiero abstenerme. El turismo religioso  se ha convertido en un tremendo negocio que reporta jugosos beneficios, sobre todo, a la iglesia católica y a  las agencias de viajes –cuyos propietarios son mayoritariamente judíos- 
Es increíble que este santuario haya sido profanado impunemente por los mercaderes del templo.

La vía de salida a Jerusalén se llama check point 300 donde desde tempranas horas de la mañana se forman largas colas de palestinos con permiso de trabajo israelí que ellos denominan de carácter “humanitario”.  La mayor parte de éstos se dedican al ramo de la construcción o a los servicios varios, sin que tampoco falten las sirvientas que son muy apreciadas en los hogares judíos. Es una bendición ganar unos 50 shekels diarios (11 euros) pues al menos les ofrecen la posibilidad de mantener a sus familias “dignamente”. En este check point  se repite el mismo escenario del Al-Zeitim: una jaula de largos y estrechos pasillos nos conduce hasta esa  gran cuadra de barrotes de hierro donde la gente se amontona cual ganado a la espera de cumplimentar  los trámites aduaneros (suelen tardar más de una hora) Cuando suena un pitido y el semáforo se pone en verde entonces podemos  ingresar a través de los torniquetes a las garitas blindadas -no sin antes pasar las pertenencias por el scanner- donde tenemos que enseñar la documentación en regla.  Presento mi pasaporte a los guardianes que, en esta ocasión son un par de atractivas muchachas.  Lo ojean un poco y una de ellas levanta la mano y hace girar el pulgar hacia arriba en un claro gesto de aprobación. Se escucha por un parlante una voz sensual que dice “Welcome” y sin mayores  sobresaltos ingreso nuevamente en la “tierra prometida”.

Carlos de Urabá 2013
Amman-Jordania